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Un huerto en el centro de Oviedo

Dos biólogos abren un “laboratorio vegetal” en Ciudad Naranco para llevar sus cultivos a la mesa

Arriba, Teresa Portillo y Javier Espina, junto a las estanterías en las que cultivan los brotes. En el centro, Javier Espina muestra uno de los brotes. Debajo, Teresa Portillo cortando otra de las variedades que cultivan. | C. L.

En tres estanterías iluminadas por luces led crecen las plantas. Hojas de guisante o girasol, lechuga, mostazas, berro, cilantro, capuchina, shiso, salvia... Son los primeros brotes verdes tras la pandemia. El proyecto de dos biólogos ovetenses, Javier Espina y Teresa Portillo, es empresa a la par que experimento. “Esto es un laboratorio de plantas”, explica ella. Las plantas crecen en pequeños cajones sobre fibra de coco, un sustrato inerte que ellos llenan de agua y nutrientes medidos al milímetro. Pequeños ventiladores incorporados al armazón de metal convertido en huerto mantienen el aire en movimiento y los tubos led, de distintos colores, le dan a los pequeños vegetales la luz necesaria. No utilizan herbicidas ni pesticidas, cuidan sus brotes “como si fuesen bebés”.

Un huerto en el centro de Oviedo

“Queremos ser el huerto urbano de los hosteleros”, sentencia Javier Espina. “Creemos que somos los únicos en Oviedo que hacemos esto”. Su idea, que quieren llevar ahora al mercado, es servir a los restaurantes con un producto singular y de kilómetro cero. Esos brotes, explican, son muy difíciles de mantener al tiempo que concentran el sabor y los nutrientes de la planta. “Digamos que, al nacer, la planta ya tienen todos los nutrientes necesarios para desarrollarse”, explica Portillo. Esto convierte estas variedades en un bien muy preciado para la alta restauración.

Un huerto en el centro de Oviedo

Su empresa, sin embargo, quiere ir un poco más allá. Buscan fórmulas para que todo el mundo pueda cultivar en casa sus hierbas aromáticas, especias o vegetales. “Se necesita muy poco espacio y menos agua que en un cultivo normal”, explican. Los biólogos ovetenses registraron su empresa, Cantábrica, en julio. Tras pasar por un programa de Oviedo Emprende, la pareja se instaló en Ciudad Naranco y ya tiene sus primeros cultivos. “Ahora estamos centrados en los brotes”, explica Espina, porque son “lo más rápido”. Actualmente están preparando las muestras para sacarlas al mercado. “Creemos que aportamos un valor que es difícilmente igualable, sobre todo en calidad del producto”, sentencia Espina. “Como podemos mimar el producto, todas las plantas son homogéneas, todas tienen el mismo tamaño, la misma textura... eso es algo que se agradece”, añade Portillo.

En el futuro quieren probar con plantas más grandes, para lo que ya tienen una de sus estanterías habilitadas. Las luces y las estanterías llaman la atención de los vecinos del barrio, especialmente cuando anochece. Las plantas no descansan y la iluminación de los leds blancos y rosas saliendo de un local de Monte Gamonal sorprende a los que pasan por delante, que no pueden resistirse a echar un vistazo a lo que está ocurriendo dentro. La idea de Cantábrica surgió durante el confinamiento. Entre cuatro paredes, a causa de la pandemia, a dos biólogos ovetenses les dio por hacer un huerto de interior y, además de estudiar lo que ocurre con cada hoja, darle una vuelta comercial al producto y poder llevar esas plantas a la mesa o sus estanterías a las cocinas.

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