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Merchandising en el Oviedo medieval: 25.000 insignias para peregrinos

Desde mediados del siglo XII se documenta la fabricación en la ciudad de emblemas para ser vendidos a los fieles que acudían a la Catedral en peregrinación

Cuesta mucho desprenderse de un pasaporte caducado, sobre todo de aquellos en cuyas páginas figuran los exóticos sellos estampados por los funcionarios de aduanas de tal o cual país. Son la versión realista y de bolsillo de aquella maleta con la que George Bailey, el honesto protagonista de “¡Qué bello es vivir!”, quería recorrer el mundo: una maleta grande y espaciosa en la que poder poner pegatinas de todos los lugares que ansía visitar. Eso siempre ha sido así: antes de la invención del turismo, los viajeros ya trataban de hacerse con algún recuerdo, alguna señal, de aquel lugar especialmente relevante que hubiesen visitado. Y como no había nada más señero que una ciudad santa en tiempo de jubileo, como sucedía en Compostela o en Oviedo con la Perdonanza, al calor de las peregrinaciones proliferaron unos pequeños emblemas, unas insignias realizadas en metales sencillos como plomo o estaño, que se producían y bendecían en el propio santuario y que los romeros se cosían a sus prendas o a sus sombreros.

La historia del Arte ha dejado diversos testimonios de estas prácticas. En la sillería del coro de la catedral francesa de Amiens, realizada a principios del siglo XVI, se talló la figura de una vendedora de estas insignias, representada en el acto de mostrar su mercancía. Por su parte, en una tabla flamenca de finales del siglo XV, conservada en el Museo de la Historia de Fráncfort, se muestra a San Joaquín y Santa Ana, con gorros de peregrino, dando limosna a los pobres. En sus tocados, se identifican enseñas de varios santuarios, incluidas conchas de Santiago.

Insignia de Oviedo con la imagen del Salvador, datada en el siglo XII y conservada en el Museo de Cluny.

Y es que en el caso de Compostela, estas insignias cobraban habitualmente la forma de la icónica vieira o de Santiago. En Oviedo, en correspondencia, la iconografía aludía al Salvador, titular del templo catedralicio, y a partir del siglo XV a la Santa Cruz, a la que se dedica el jubileo según la bula firmada en 1438 por el papa Eugenio IV.

La historiadora María Josefa Sanz ha estudiado estas insignias, poniendo de relieve su valor testimonial para entender el potencial social y económico que había detrás del jubileo. En una reciente conferencia en el Real Instituto de Estudios Asturianos, Sanz analizó algunas de las insignias vinculadas a Oviedo que se conservan. La más antiguas son del siglo XII y se custodian en el Museo de Arte Medieval de Cluny, en París. Son dos insignias lobuladas, y fragmentadas, que reproducen una imagen del Salvador.

Insignia del jubileo ovetense de 1571, hallada en Foncalada.

María Josefa Sanz logró además rastrear la fabricación de estas enseñas se puede seguir a través de los documentos de la época, que muestran cómo se extiende su producción a raíz de la concesión del jubileo. Para el año 1481, se encargó a un artesano llamado Gutierre González de Mieres que fabricase 25.000 insignias, con el emblema de la cruz, en un momento en el que la ciudad tenían alrededor de 5.000 habitantes. Con estos emblemas y otros ingresos como las limosnas, el cabildo recaudó aquel año 72.860 maravedís, una cifra aportada Javier Rodríguez Muñoz. Era una suma muy importante: en 1489, el cabildo pagó apenas 7.000 maravedís por hacer la gran reja metálica que cerraba el coro y lo separaba del resto del templo.

Detalle de una tabla flamenca del siglo XV, con San Joaquín y Santa Ana representados como peregrinos, con insignias cosidas a sus sombreros.

A mediados de la década de 1990, durante una excavación en la Foncalada, los arqueólogos Francisco Javier Chao, Rogelio Estrada y Sergio Ríos hallaron tres enseñas de peregrinos. Dos de ellas eran de santuarios foráneos, traídas seguramente por peregrinos que las tenían cosidas en sus ropas, pero la tercera era una insignia producida en Oviedo, que tal y como sucedía con aquellas reproduce la cruz, y una fecha: 1571, que fue año jubilar en Oviedo. Estas insignias se conservan en el Museo Arqueológico de Asturias.

“El apóstol Santiago” (h. 1507), de Juan de Flandes, con el apóstol ataviado con un sombrero de peregrino con una insignia cosida en el ala.

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