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En el futuro las ventanas generarán electricidad, augura Amador Menéndez

El investigador asegura en una charla que una hora de luz solar cubriría un año del consumo energético de la población de todo el planeta

Amador Menéndez, con uno de los concentradores solares luminiscentes. | Valentina Ciuca

En un futuro no muy lejano las ventanas serán capaces de absorber los rayos del sol y transformarlos en energía con los que alimentar una vivienda. En eso trabaja desde hace unos años Amador Menéndez, investigador del centro tecnológico Idonial, y sus indagaciones en este campo comienzan a ver la luz. Sus hallazgos los explicó durante el conocido como “El club de la ciencia”, unas jornadas de divulgación, con tintes de humor, en el que investigadores de diferentes campos explican, a través de un monólogo, su trabajo cotidiano. El evento está organizado por el CSIC, la Fecyt, la Universidad Popular Ovetense, el Ministerio de Ciencia e Innovación y el Ayuntamiento de Oviedo y tuvo lugar ayer en el teatro Filarmónica.

Menéndez fue el encargado de abrir el fuego. Lo hizo con una demostración de cómo los concentradores solares luminiscentes atrapan la luz y se encargan de hacer todo el trabajo. “Una hora de luz cubriría un año del consumo energético de toda la población del planeta”, aseguró. El sistema avanza, aunque Amador Menéndez, colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, reconoció que aún le quedan por superar algunos obstáculos. Entre ellos, uno no menor. “Debemos conseguir mejorar su eficiencia y que no se pierda energía”, señaló unos minutos después de poner al público a aplaudir al unísono y de manera sincronizada y antes de señalar que una de las conferencias científicas más visionarias del siglo XX había sido la que pronunció el geofísico King Hubbert, que pronosticó que las reservas de petróleo de Estados Unidos iban a tocar techo en 1970. Acertó. También dijo que las mundiales iban a ir agotándose entrado este siglo. También acertó. “Ahora estamos viendo las repercusiones del colapso de una sociedad muy dependiente del petróleo”, aseguró.

Judith González Lavín, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (Incar) –con sede en La Corredoria–, pronunció una conferencia titulada “Yo me llevo un microondas a una isla desierta”. Lavín explicó cómo crea unos materiales con una estructura nueva para mejorar el almacenamiento energético con la única ayuda de los microondas que tiene en el Incar. Tanto uso les da que, señaló, hay veces que el final es inevitable. “Algunos acaban explotando y tienen que pasar por el taller”, bromeó.

Otro de los monologuistas científicos fue David González Álvarez, del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit), quien planteó ¿para qué sirve un castro en la actualidad? Contestó él mismo: “Nos dan mucha información de cómo era la vida hace muchos años, sobre cómo eran nuestros antepasados, y sirven para hacer fiestas”. Según sus cuentas, en la zona noroeste del país hay unos 5.000 castros, pero la mayoría están bajo tierra –enterrados–, solo unos cien yacen a la intemperie.

Cristina Romera Castillo, investigadora en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, criticó que “como especie hemos cometido muchos errores medioambientales, pero se pueden rectificar. Podemos cambiar nuestra dieta o hacer que las empresas sean más respetuosas, como consumidores tenemos más poder del que pensamos”. Mientras que Agustín Fernández, investigador del Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnología (CINN), resaltó que el negocio de la clonación de mascotas está creciendo con fuerza en China. Pero con una peculiaridad, en el caso de los gatos la copia no se parece al original. “Eso es porque el color del pelo depende no solo de los genes, también de factores ambientales”, dijo. La ronda de monólogos la cerró Sara Cazzoli, del Instituto de Astrofísica, que llamó a acabar con los estereotipos contra los agujeros negros. “El tamaño importa, los pequeños son los peores”, resaltó.

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