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Thriller y karaoke

Una ecléctica propuesta que destaca por su buen ritmo y energía para inaugurar la programación teatral de las fiestas ovetenses

Bajo las brumas de una ciudad portuaria y a ritmo del "Quisiera ser" del Dúo Dinámico arranca esta comedia negra protagonizada por unos personajes un tanto woodyallenescos y con tintes de culebrón. Amores cruzados, maletines que desaparecen, clases de foxtrot en un gimnasio, una fallida terapia matrimonial, un capo de la mafia gallega a lo Torrente, un concurso de karaoke y las enseñanzas budistas del maestro Lin-chi componen los mimbres de este disparatado thriller con canciones en directo y testimonios de los protagonistas proyectados en pantalla. Almodóvar también está presente, sobre todo en la sentida versión de los temas más kitsch de la historia musical de nuestro país.

Tres actores todoterreno componen siete personajes cuya red de relaciones, un puzzle que va encajando poco a poco, constituye el principal aliciente de la trama. Alberto Rodríguez encarna tres tipos muy distintos: Ramón, el primo mafioso enamorado en silencio de Evangelina y que sueña con triunfar en el concurso de karaoke, una magnífica y contenida interpretación en la que Alberto me recuerda al gran Miguel Ángel Solá; el terapeuta familiar, un flemático gentleman con una sorprendente relación extramatrimonial, y por último, en una clave más paródica, un amanerado monitor de baile francés seguidor del budismo zen de baratillo.

Arantxa Fernández -Premio Oh a la Mejor Actriz por este espectáculo- es la tierna e ingenua amante que se apunta a clases de foxtrot y se ve atrapada en la mafia gallega. Pero su gran personaje es Evangelina, la psicópata dislálica, hija del mafioso que hizo las delicias del público, y con razón, porque la mirada de Arantxa bajo el pelucón negro es escalofriante, y está realmente graciosa con ese habla ininteligible que combina con una certera y sanguinaria puntería. Por último, Carlos Mesa es un inocente y bonachón gánster fan del Dúo Dinámico, que se enamora perdidamente en las clases de baile y trata de escapar de las redes familiares de la mafia. Me encanta su interpretación emocionada de "Esos ojitos negros" en la elíptica del gimnasio. Pero con el personaje que triunfa es con el capo gallego, un remedo de Torrente con batín, Ray-Ban, gayumbos animal print y barriga prominente coronada de rosarios, con el que se luce. Pero si la solvencia de los intérpretes es indiscutible, el espectáculo contiene elementos variopintos que no acaban de definir con plenitud el estilo ni el tono. Hay un homenaje al thriller y al cine negro con títulos de crédito incluidos, trufado con momentos de farsa y de comedia, pistoletazos, canciones y estampaciones en blanco y negro con otras proyecciones más oníricas con innegable vocación de parodiarlo todo, pero que de decantarse por la comedia o el vodevil requeriría de un guión con más chistes o situaciones de humor. No obstante, el público respondió con entusiasmo a esta ecléctica propuesta que destaca por su buen ritmo y energía.

Con esta pieza de Escenapache comienza la programación teatral de San Mateo que se prolongará hasta el próximo 23 de septiembre y que un año más cuenta, afortunadamente, con la participación de grupos asturianos.

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