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Los pendientes que Blanquita se dejó en Llanes

A quién no le hace pararse a meditar el inmortal soneto “Oh dulces prendas…”

El poeta toma un instante que vuelve eternidad y destino: Abriendo un cajón algo encuentra que le recuerda días mejores y más felices. Alguna nimiedad, un adorno que la amada muerta llevó . Esas “dulces prendas por mi mal halladas” le han hecho recordar que en todo acecha lo efímero y que el pasado no vuelve. Los ojos se han quedado quietos en el cajón, en la cajita… “Quien me dijera cuando en las pasadas horas en tanto bien como por vos me vía, que me habíades de ser en algún día con tan grave dolor representadas”.

Blanca Alvarez, Blanquita, desperdigaba de sí. Dejaba sus pequeñas cosas por donde pasaba. En Llanes un vez se dejó unos pendientes. Los pendientes siempre son dos, pero es difícil que haya dos pares iguales; así es la creatividad humana que, de un signo tan pequeño, logra crear casi infinito número de formas. Te paras en cualquier museo arqueológico y recibes esa impresión: decenas de pequeños adornos y cada par –si hubo suerte de que ambos se nos conservaran– distinto. Es como si la mente multiplicara el gusto y de tal suerte lo hace que alguien tiene que encontrar “los suyos”, los exactos que le gustan y convienen.

Estos de Blanca son dos pequeñas lunas plateadas que penden de una horquilla. Y, en medio de cada lunita, hay un bola minúscula de un precioso verde agua. Puestos, le lucían con cada una de su demasiadas afirmaciones y se movían a su compás. Pero allí quedaron en cualquier esquina. Los guardé, no muy segura de devolvérselos. Era impredecible que volviera aquel año. En su puesto siguen cuando, cada mucho, la cajita se abre. Si eso sucede, el recuerdo de su dueña vuelve y ocupa la imaginación. Son prendas que la evocan. Piensas en ella y cierras el minúsculo joyero. Son dulces prendas; todos guardamos bastantes. Dan, regalan un sonrisa. Las llamamos recuerdos.

Y ahora esa cósula, esa minucia de cajita azul mar se ha vuelto, sin quererlo, relicario. Porque al abrirla recordará no un rasgo, o un movimiento, o una frase… sino una vida entera que ha quedado quieta. Una que requerirá juicio. ¿Ha sido una buena vida? De algo estoy convencida: Blanca dio mas de lo que recibió.

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