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Emilio Cepeda

Las crónicas de Bradomín

Emilio Cepeda

La importancia de llamarse Wences

Los dos últimos gobiernos y el nombre de las calles de Oviedo

Verán: Wenceslao Moreno Centeno (1896-1999), nacido en un pueblo de Salamanca, fue un ventrílocuo de talla mundial. Con el nombre artístico de “Señor Wences”, triunfó por todo el mundo, especialmente en Europa y EE UU, hasta bien avanzado el siglo XX; de tal manera que hasta una calle de Manhattan en NY, lleva su nombre. Discípulo de este es su sobrino, el conocido José Luis Moreno, ventrílocuo de menor entidad y en la actualidad promotor de horteras producciones de variedades en teatros y televisión (y de infausto paso por la Laboral).

En Oviedo tenemos un distinguido homónimo, en este caso dedicado a la política. El otrora regidor, hoy en día líder de la oposición, en el consistorio al frente de un inoperante tripartito, en su afán revisionista se inventan un llamado Consejo de Expertos, ad hoc, para la Memoria Histórica (un tanto afectada de alzhéimer político), como subterfugio para llevar a la práctica un lavado de cara en el nomenclátor callejero de la ciudad, y en ello puso todo empeño. Habiendo sido advertido y después de un tira y afloja, los tribunales dictan sentencia y tumban la propuesta. El recalcitrante alcalde se enroca y suelta la solemne frase: “la burocracia (léase Justicia) no puede imponerse a la democracia”. Lo ocurrido después todos lo conocemos. El regidor, acostumbrado a perder elecciones o llegar a destiempo a los cargos, sufre su más abultada derrota: 17-0. ¡Ojo! la partida no acaba así, tiene prórroga y promete ser divertida durante los próximos seis meses.

Los actuales inquilinos del Consistorio ovetense, tal como si fueran tocados por un “efecto simpatía”, no andan muy a la zaga de aquellos. De entre los múltiples proyectos que tienen en cartera, se quiere aprovechar la coyuntura para repartir reconocimientos y de pasada dar un retoque y reubicar nombres en calles o plazas. Creo recordar que hace algunos meses el Consistorio ya cambio de nombre algunos puntos del Campo San Francisco, el siguiente paso será dar nombre a una plaza a Tribuna Ciudadana en este parque, al tiempo que se faculta a este colectivo privado para que propongan tres nuevas denominaciones en el citado espacio. Un quítate tú pa ponerme yo. ¿Acaso entramos en época de subastas? Baste recordar que existen casos en esta ciudad donde uno o varios miembros de una misma familia tienen titularidad e incluso estatuario en diversos espacios públicos.

Por otra parte, no son nada nuevos los desmanes que se vienen cometiendo en este emblemático espacio de la ciudad. Lo de la estatua de Neptuno, marca un hito sainetero difícil de superar. Hagamos una breve historia. Corrían los años sesenta del pasado siglo, cuando un contratista de obras encargado por el municipio de reformar el entorno donde se encontraba ubicada la estatua del mitológico dios de las aguas, cuando en un arrebato de encantamiento mutuo, el empresario decide que el rey de los mares pase a formar parte de su jardín particular, hasta que en el año 2006 se rompe el hechizo entre ambos y el patrón decide venderlo al Museo de Bellas Artes. Sesenta y tantos años después parece que va a regresar a su espacio original sin que Consistorio ni Museo den una explicación de lo sucedido.

Posdata. El caso del Real Oviedo es preocupante, sufre una patología endémica; pero ¿alguien puede imaginarse al Club Oviedo Baloncesto jugando en el Palacio de Deportes de La Guía, en Gijón? Al tiempo.

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