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Eva Vallines

Crítica / Teatro

Eva Vallines

Odi et amo

“Calibán Teatro” recupera con acierto a Strindberg, con una escena sencilla y un reparto convincente

En su famoso poema “Odi et amo” Catulo resumió como nadie los sentimientos encontrados del amor y la tortura del enamorado, tópico literario del que Strindberg fue seguidor tanto en su vida como en su obra. El escritor sueco, uno de los grandes dramaturgos revolucionarios de los siglos XIX y

“Acreedores” pertenece a la etapa naturalista del autor con rasgos ya expresionistas. En cada uno de sus tres actos asistimos a un duelo psicológico entre dos personajes. En el primer cuadro el joven artista Adolf dialoga con un desconocido Gustaf acerca de su tortuosa relación con Tekla. A medida que avanza la acción vemos cómo Gustaf, que aquí bien podría ser un pseudoterapeuta argentino, va vampirizando a Adolf hasta convertirlo en un ser inseguro. La llegada de Tekla en el segundo acto produce el efecto deseado por el manipulador y la relación salta por los aires. Por último, Gustaf se nos revela como el exmarido de Tekla y un ser infernal y maquiavélico (que lleve un ejemplar de “El Príncipe” en las manos es una redundancia innecesaria).

Elda García, la actriz que da vida a Tekla es la traductora y adaptadora del texto y alma máter del proyecto. La versión de Calibán Teatro hace un esfuerzo por trasladar a la actualidad las referencias y detalles contextuales (la pintura y la escultura dejan paso a la fotografía y el videoarte, los mensajes de whatsapp y las referencias al poliamor, etc.) con el pertinente y necesario recorte de texto, pero sin apenas alterar el estilo discursivo del original. Y no estoy segura de que el desplazamiento y reasignación de claves de contexto ayuden a mostrar la pieza en su plenitud. Quizá en una propuesta ambientada en su época disfrutaríamos mejor de toda su belleza y subversión.

La escenografía es muy sencilla, recrea un espacio de coworking de un hotel, con una mesa de tijera, un sofá, un biombo y un cortinaje, todo en blanco aséptico. Como queriendo dar el máximo protagonismo a los actores y al duelo de ideas. Puro teatro psicológico, que se convierte en teatro de diván. La interpretación trata de ser lo más naturalista posible. Chema Coloma nos convence como amante inseguro y celoso, aunque quizá en exceso torturado. José Emilio Vera encarna a un Gustaf que alterna los toques de humor que recuerdan por momentos al pescadero mayorista Recio, con rasgos demoníacos de manipulador abyecto y un toque fantasmagórico en el parlamento final en el proscenio. La Tekla de Elda García tiene fuerza como mujer engatusadora y liberada, que transita con acierto a víctima de maltrato. Las mujeres en Strindberg son siempre inteligentes y brillantes, pero al mismo tiempo constituyen una fuente de peligro. El dramaturgo prefirió, tanto en la realidad como en la ficción, relaciones de Pigmalión en las que sentirse más seguro.

Es digna de valorar la apuesta de Calibán por recuperar a un autor de la importancia de Strindberg y el teatro discursivo y psicológico, más en tiempos en los que parece que solo triunfan otras corrientes más “líquidas”, así como su esfuerzo por actualizarlo.

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