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Jonathan Mallada Álvarez

Crítica / Música

Jonathan Mallada Álvarez

Un trío excepcional

La clausura de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” se salda con gran éxito en un concierto marcado por la sustitución de Kissin

La tarde-noche del pasado sábado se pudo ver sobre el escenario del Auditorio Príncipe Felipe a un trío excepcional. Excepcional por el altísimo nivel exhibido durante la velada musical y por las circunstancias, igualmente excepcionales, que provocaron su unión.

Un trío excepcional

Aunque en un principio el concierto estaba pensado contando con la participación del pianista Evgeny Kissin y enfrentando un programa ciertamente atractivo, su baja motivó que la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo encontrase un sustituto en el italiano Alessio Bax. Un esfuerzo que modificó el programa pero que debemos valorar positivamente ya que lo sencillo habría sido cancelar. Pero ya se sabe que “a grandes males, grandes remedios”.

La “sonata para violín y piano n.º 32 en si bemol mayor, k. 454” de Mozart fue el punto de partida ideal, evidenciando los artistas un fraseo excepcional y un allegro luminoso gracias a la cristalina pulsación de Alessio y al sonido terso y sedoso del americano Joshua Bell. En el Andante optaron por una gran delicadeza, mimando cada nota que emanaba de sus instrumentos y siempre con un violín muy cantábile y sutil. El allegretto final, de gran volumen gracias a las dinámicas y los cambios de intensidad, perfectamente sincronizados, que puso en liza el dúo, hizo a los asistentes olvidar por completo la baja del pianista ruso.

Steven Isserlis, formando dúo de nuevo con Alessio Bax, se lució en la “Sonata para violonchelo y piano en re menor, op. 40” de Shostakóvich, un universo sonoro totalmente distinto al anterior, alejado de las diáfanas texturas mozartianas para ganar en dificultad y densidad. Isserlis, perfectamente arropado en todo momento, extrajo un sonido rotundo de su violonchelo, con unos graves profundos y plenos de armónicos que enmudecieron al auditorio.

La interpretación del tercer movimiento (Largo) resultó paradigmática, con un violonchelo de una expresividad subyugante, volumen muy cuidado en todos los registros, luciendo su timbre hermoso y atractivo. Pero los movimientos rápidos no le fueron a la zaga: con un virtuosismo bien entendido, cayendo juntos en cada acorde, explotando las posibilidades expresivas que ofrece el violonchelo (que no son pocas) y siempre muy matizado, enriqueciendo con acierto y pulcritud cada frase musical.

El concierto finalizaría con una magistral interpretación del “Trío para violín, violonchelo y piano n.º 1 en re menor, op. 49” de Félix Mendelssohn, donde el equilibrio y la precisión adquirieron un nuevo significado de la mano de los tres músicos, a quienes se veía disfrutar casi tanto como el público. Sonoridad brillante en cada uno de los instrumentos, dinámicas bien acompasadas y un sonido homogéneo y bien empastado, fueron las características de su ejecución a lo largo de los cuatro movimientos. La ligereza del Scherzo se tiñó de energía en un Allegro final muy emotivo, ágil y de gran frescura, rubricando el broche de oro a un concierto muy coral por parte de cada miembro del excepcional trío y despidiendo las Jornadas de piano hasta la próxima temporada que esperemos, sea más tranquila para todos.

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