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Jonathan Mallada Álvarez

Crítica / Música

Jonathan Mallada Álvarez

Punto y seguido

Seguramente este año 115 de la Sociedad Filarmónica sea uno de los más difíciles para la institución ovetense. Marcado por la crisis económica y sanitaria, la Filarmónica ha sabido sobreponerse a las dificultades y ofrecer los conciertos previstos para este curso, dejando en su haber la simbólica cifra de 2.019 recitales a lo largo de su longeva historia. La clausura de la temporada vino de la mano de la orquesta Oviedo Filarmonía, una verdadera dinamizadora de la cultura en la ciudad, como lo demuestra el hecho de que, en un mes, haya afrontado dos complejos programas sinfónicos, una zarzuela o esta cita en el teatro Filarmónica mientras mira de reojo la gala lírica con Javier Camarena del viernes.

Abría el concierto la “Antiche danze ed arie per liuto, suite nº 3” de Respighi, donde la sección de cuerda manejó con acierto el sonido y el desarrollo de las frases musicales. En la segunda de las obras, la “Serenata op. 44 en re menor” de Dvorák, la OFIL exhibió un nivel bastante coral en líneas generales, destacando los delicados diálogos entre oboe y clarinete, bien arropados por el resto de la plantilla, manteniendo siempre una sensación de ligereza y fluidez gracias a la dirección, poco ortodoxa pero muy efectiva, de Mendoza, muy dominador de la situación sobre el pódium.

La segunda parte quedó para Mozart. La orquesta, ya con más efectivos, desplegó una articulación muy aseada sin descuidar en ningún momento el lirismo a través de unas dinámicas expresivas bien trazadas. Si bien el segundo movimiento adoleció por momentos de un tempo algo lánguido, el minuetto: allegretto dibujó una atmósfera intimista gracias al equilibrio y a unos balances sutiles. Más patético y lleno de energía estuvo el allegro assai final, donde el director donostiarra, debutante con la OFIL, insufló a la formación el carácter preciso, contagiándoles su briosa dirección y contrastando acertadamente el volumen forte y piano para una ejecución de cierto relieve.

Como el propio Arkaitz Mendoza expresó antes de ofrecer “Salut d’Amour”, están siendo unos tiempos complejos para todos, por ello es más necesario que nunca refugiarse en el “amor a la cultura y a nuestro entorno”.

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