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José Ramón Castañón, Pochi

Pavo real Celaá

Sobre los cambios en el sistema educativo

Esta vez lanzo a bocajarro el asunto que ha de ocuparme porque ¿para qué andarnos entre alas cuando podemos coger pescuezos? Aquí va: el Gobierno ha aprobado la ley que elimina los exámenes de recuperación y permite graduarse con suspensos. Ya ven que el titular, como viene siendo costumbre, me obliga a revolcarme en asuntos educativos, ya sea por gajes del oficio o porque simplemente sé reconocer que todo lo que atañe a la enseñanza impregna el futuro de una sociedad.

Recuerden, porque ya les conté en una ocasión, que aspiro a ser un estoico y que por tanto el 100% de las barrabasadas que se les ocurren a los minglanillas del poder han de importarme un huevo. Aclaro que esto no quiere decir que me cierre en banda a opinar sobre el amplio espectro de cuestiones humanas sino que simplemente he de procurar hacerlo con el mismo sosiego, regusto y jocosidad con que algunos chiquillos y chiquillas están celebrando su buena suerte desde el momento mismo que supieron de la nueva dicha.

Me pongo la radio de fondo mientras preparo, ironías de la vida, exámenes para mis alumnos. Suena El Puma con aquello del Pavo Real y sin darme cuenta transfiguro la letra en otra más cercana a esta realidad. Atrévanse y póngale música.

“Numerao’, numerao’ ¡Viva la numeración!

¿Quién ha visto aprobado sin hincar el codo un rato?”

Vaya pero ¡si hasta José Luis lo sabe! Los números, las estadísticas es lo que importa porque… admítanlo: qué feo queda decir que las tasas de abandono escolar en España se sitúan en el 16% y qué bonito solucionar el trance tomando la salida más fácil, a la vez que estúpida. Cualquiera que tenga dos dedos de frente y un cerebro mayor que el de un garbanzo sabe que sentar bases de actuación en materia educativa, ya no digo exitosas sino válidas, requiere análisis de múltiples realidades en las que hay mucha pana que cortar, muchos matices a abordar y mucha inconsistencia por solucionar… Con el bolígrafo de micrófono sigo con mi particular Pavo-Celaá, o Pilar:

“Y a mis padres hoy les digo que ya no voy a estudiar.

Que ya no voy a estudiar porque ahora mismo me ofrecen

futuro sin trabajar”

Que poco afable es la política de la razón y cuanta gracia tiene la del sentimentalismo así que… ¡utilicémosla también ante jóvenes quejumbrosos por naturaleza, salvo cuando se trata de guardar su ociosa felicidad! Sigamos devaluando como lo estamos haciendo, el esfuerzo, la iniciativa, el sacrificio, la disciplina o la entrega, porque el camino al empobrecimiento moral e intelectual está marcado y solo hace falta rellenarlo con amplias dosis de mediocridad. La excelencia (cuidadín con este último vocablo no vaya a confundirse con elitismo) habrá que ir a buscarla fuera.

María Montessori decía refiriéndose al pequeño niño que empieza a descubrir el mundo: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”.

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