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La Nueva España

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José Ramón Castañón, Pochi

Carta tardía a los Reyes

El panorama social y político

En primer lugar, pido perdón por el retraso de mi carta confiando hagáis la vista gorda y alarguéis vuestro periodo de entrega de regalos: vosotros sabéis mejor que nadie que desde pequeño me enseñaron que antes de pedir hay mucho que meditar y que más vale solicitar un regalo útil y duradero que no cinco vanos y efímeros.

Tras largas cavilaciones e irremediablemente sin poder pasar por alto los últimos escarceos de mentiras, salidas de tono, juegos de despiste, de un gobierno nutrido por políticos de medio pelo, al fin sé qué juguete deseo. Me pido un caballo de madera, pero no uno cualquiera: quiero uno troyano en el que yo y todos aquellos que no nos consideramos tontos ni comulgamos con piedras de molino, que ya no nos sirven las estratagemas de despiste ni las patrañas engañosas, podamos guarecernos en una barriga de esperanza hasta que llegue el momento preciso de irrumpir en esta cutre sociedad española para transformar la desgracia fatídica que nos amarra y atenaza nuestras libertades reales.

Sosegaos, Majestades. No os intranquilicéis, no sintáis pavor por estas atrevidas palabras, porque, a diferencia de aquellos aqueos, saldremos de la equina panza sin ánimo de entrar en contienda ni batalla y, ni mucho menos, derramando sangre asgaya. Del artilugio, que con retardo os solicito, me comprometo a aparecer derrochando loca cordura y discurso exacto frente a las señaladas bocas que únicamente vomitan encorsetadas promesas, necias bravuconadas, irresponsables tonterías e inclasificables palabras.

Los paisanos de las 17 Españas merecemos algo más que un “no pasa nada” frente a pasividades y promesas incumplidas. Exhaustos de una pandemia de gestión más que censurable, inexistente o esquiva, añadimos a nuestras amarguras las facturas de la luz, la subida de impuestos (disimulada o enmascarada), la loca inflación que pone la cesta de la compra imposible, el mayor desempleo juvenil o una desbordada deuda pública. Pero el canalla de andares majestuosos y apolíneo porte dice: no pasa nada, estamos en el camino de la recuperación, somos la cabeza, los primeros en todo.

Él, que blanquea todo aquello que debería combatir, sabe mucho de pactos vergonzosos y muy poco de reparto y gasto de fondos europeos, pero no pasa nada.

Poner en peligro la Carta Magna y por ende la convivencia es asunto baladí. O sea, no pasa nada; discutamos de filetes y carnes a la brasa, de juguetes para niños, niñas y niñes; de lenguas plurinacionales o de homenajes a asesinos; de reformas deplorables o de presupuestos mágicos; hablemos de lo que sea, la cosa es ponerse de perfil, que pase la tormenta y seguir chupando del bote, a los ciudadanos que les den por donde todos sabemos

De momento, nada más. Espero recibir pronto un sólido caballo troyano porque la paciencia se agota y hay que preparar el alunizaje nacional. Un fuerte abrazo.

Posdata: Hartos como estaréis de haber encontrado peladillas en las zapatillas, os dejo una buena botella de vino porque digerir lo que aún nos queda por escuchar y ver bien merece una recompensa.

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