Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Amanecer ante el Aramo

Los enigmas del astro rey

“En manos ocupadas no entra el diablo, / pero los ojos / tampoco ven los milagros” Astur, Manuel, “La aurora cuando surge”.

“Con un poco de bruma / por toda compañía”. Botas, Víctor, “Amanece en la playa”.

Tal pretextó Chus Neira, he cambiado Naranco por Aramo. Me despierta la delgada luz del amanecer, que poetiza Carlos Bousoño. Alejandro Duque Amusco desarrollaba en sus clases que la poesía tiene más de amanecer que de noche. Hay días neblinosos con, no obstante, minutos gloriosos en ribetes de las montañas.

Homero, del que en el bachiller tuve la suerte de enterarme de algo, poco, canta la amanecida, jamás colores vespertinos. No es lo mismo con Virgilio, del que mucho espero en cuanto a tonalidades de los estudios de Miguel Alarcos, hijo del gran Emilio, ahora de centenario, “Virgilio y su reelaboración cervantina en el Persiles. Hacia una aproximación inmanente”. García Montero, Teoría del Sur, cuenta cómo gaditanos aplauden la caída del sol con cielo desteñido en Punta Candor. La omisión homérica de la hermosa luz moribunda ha de tener explicación académica que no alcanzan mis entendederas. En la Elegía lorquiana Ignacio Sánchez Mejías sintiéndose morir “busca el amanecer” que no era; cabía en octosílabo pero no en los horarios taurinos de la plaza de Manzanares.

Ángel González debió perder mañanas dormitando wiskis. Si en Alburquerque la nieve ardía, le creo pero siendo tarde noche, no madrugada apalache. Homero no era ciego, a lo más, tal sostiene Fernando Morán, sufriría desarreglos cromáticos. Disfruta estrictos amaneceres antes de la salida cotidiana aquí del sol.

En suelo, chimenea térmica traspasa emulsiones de aviones que gustan entrenamiento. Compite el vapor de baterías rasantes. Hay picos sobre esas nieblas, artificiosas o naturales, que rascan sol. Restos nevados se imagina Camus en obra asturianista. Un tío del sindicalista J.A. Alonso, aseguraba que un pintor encalaba tramos en magia nocturna. A veces el pintor solo da brochazos coronando picachos.

Bajo el lecho matorral verde no hay fauna resaltable, huida con la fiebre fabril y los humos salvajes. ”Cenizas del cielo” film de J. A. Quirós.

Mis grandes amigos los trabajadores de Tetracero escogían este paraje para despedir año.

El Papa Ratzinger deduce que en el Sermón de la Montaña soplaba brisa agradable; al otro lado de mi ventana, no logro apreciar atmósfera que interpreto grata o gratísima. Contemporáneos de Homero navegaron quizá borrando luego huellas, léase fuentes, tal los perfeccionistas de Holmes o Christie. Escribí quizá pues los griegos, de la genética indoeuropea de los primeros ovetenses, divisaron esta sierra cuando viajaron a Islandia / Thule, adelantándose a los vikingos, o lordemanos, topónimo de pedanía leonesa.

Saliendo de detrás, vuela grúa que me resucita esclavos en cuadrigas de victoriosos evocándoles memento mori. El amanecer del Aramo conduce al Paraíso, de Puerta Astur, donde espera Homero para dudas esotéricas.

Compartir el artículo

stats