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Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Renuncio a Satanás y a la babélica torre

En el parvulario recitábamos oración incólume en el magín: renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras…Ahora, se proyecta en La Vega, ¡la torre de Asturias! que, siempre ingenuo, creía era el poema en piedra de la Catedral. ¡Qué barbaridad! Atacan Oviedo por todos los frentes en trasnochado urbanismo, innecesaria, por otras soluciones mejores, Ronda Norte, Acumulación de estériles mayor que el "Oviedo Redondo" y Torre que soñaban herejes bíblicos e indianos de "La Regnta" pero jamás los ovetenses del XXI.

Arqueólogos han descubierto la batalla entre dos dinosaurios, uno herbívoro y otro carnívoro, en cuya salida a la luz se afanan diez ilusionados estudiantes aprovechando el verano vacacional. En Oviedo hay quien busca engullir a la ciudad entre las grandes fauces de la rondita norte y del colmillo mastodóntico de anacrónico rascacielos readaptando incluso la bífida lengua depredadora de la Y, ¡para provocaciones linguales prefiero la de los "Roling Stones"!, engañando con la naturaleza de ansiado desvío y comiéndose los vestigios de la Fábrica de Armas sin contemplaciones a sus valores. Al despertar, el dinosaurio seguía allí, nos dijo el gran pequeño Monterroso, visitante que fue de las consistoriales. Lástima que el mejor escritor habitual de este cotidiano haya aderezado relato fantástico del suicida preacuerdo con fajín y Rialto indignos del cafetón que fue de clarisos y puritanos, acerados críticos contra derribo Santa Clara y desorganización operística y, también, por degradada discreción castrense. Suicida aunque el crimen de sí mismo se atenúe si el grupo socialista, como creo y espero, mantiene el honor y la decencia histórica, expresándose en contra. De mi parte, al término de mi vida, manteniendo amor a los míos, a mi partido y aún más a mi ciudad, de la que fue alcalde mi padre casi seis años y yo mismo dos mandatos, renuncio al reactualizado Satanás, a sus pompas y obras, a su kitsch, finolis y cursilona torrecita, al trampantojo del desvío viario y a las planificaciones heréticas.

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