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Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Las Pelayas

El destacado papel en la ciudad de las monjas benedictinas

No estoy seguro de la opinión de loable hermano de los Bustillo, acerca de propiedad de la Vega sin Usucapión. Me valen informes de Ricardo Caballero, gran funcionario, y colegas sobre pacífica prescripción extintiva.

Propietarias o no, presta protagonismo de estas ovetenses féminas. Resistentes a los siglos, no serán ajenas, sin embargo, a las crisis de futura modernidad. De mi parte no olvido la gratísima visita que les hice como Alcalde, acompañado por Luis Arce, colaborador eficacísimo con que deberían contar todos los políticos para evitar tan frecuentes mal metidas patitas. Nunca marginará tampoco mi magín el saludo que me hicieron, unos metros detrás del Papa Juan Pablo II, ante la puerta de su convento. Renovada emoción en Solesmes, Francia, donde pasé inolvidables vísperas, cena y noche conventuales y maitines, que los monjes del puro gregoriano del siglo XI me hablaran del único Coro femenino que yo conocía de oficios en San Pelayo/San Blas.

Desde luego, de ser dueñas no habrían cometido el absurdo preacuerdo de La Vega, papel blanqueado por magníficas plumas.

Otra cosa, cosita señala divertido anuncio, aún más preocupante es el expediente sancionador, o rectificador, de la Unesco sobre Jerusalén y San Juan.

Como soy muy viajado conozco ambas joyas histórico/arquitectónicas y en Oviedo deberíamos cuidar nuestro Patrimonio de la Humanidad sin rondita ni torrecita, empeños contra Prerrománico y Catedral.

¡Vale ya de Cagatrava, rondita y torrecita!

¡Vivan las Pelayas! Y la huella de su Historia, en la Vega o en la muralla de Oviedo.

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