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La fórmula de Ziganda, diálogo y entrenamiento mental

El técnico estudia al detalle a los suyos y a los rivales: el fútbol es su obsesión

Ziganda y Bingen Arostegi, en El Requexón. REAL OVIEDO

En su segunda intervención ante los medios, tras perder el Oviedo en Lugo y quedarse a 4 puntos de la salvación, José Ángel Ziganda expresó de forma descriptiva cuál sería su objetivo de la semana: "Hay que sacar basura de la cabeza". Más que una meta inmediata era una pista sobre su método. El Cuco ha incidido desde el primer día en el aspecto mental. Ha aplicado su formación en coaching y su carácter, sosegado y proclive al diálogo, a un grupo con dudas que afrontaba la etapa decisiva de la competición con miedos en la mochila. En La Romareda, al fin, el equipo se deshizo del lastre para mostrar su mejor versión, golear y dejar la salvación a tiro. La de Ziganda es la victoria mental.

Y eso que, de primeras, algunos de sus métodos chocaron. Una de las últimas charlas del confinamiento, que se realizó de forma telemática, se extendió por más de hora y media. Demasiado tiempo para lo que está acostumbrado un futbolista, hombre de acción. La situación lo requería. La sensación entre los que conocen a Ziganda es que el parón por el covid, a pesar de la inquietud general que provocó, le ha ayudado a integrar su trabajo.

Ese espacio extra para llegar al futbolista le ha permitido afianzar un sistema que va más allá de lo meramente futbolístico. "Tratamos de integrar 2 o 3 conceptos, no más", señaló en diversas ocasiones el Cuco sobre las novedades en las sesiones. Lo que no explicó es que la mayor parte de las novedades se centrarían en el aspecto mental.

Su interés por el coaching tiene como protagonista a Imanol Ibarrondo, actual responsable de la "unidad de emoción y rendimiento de la Real Sociedad" y que ha desempeñado su labor en otros ambientes deportivos como los Juegos Olímpicos de Río (con, entre otros, la golfista Carlota Ziganda, sobrina del técnico del Oviedo) y la selección mexicana de fútbol. Él es su nexo con este mundo (también se han formado con él otros entrenadores como Luis Milla o Garitano) aunque, dicen los que le conocen de cerca, la propia personalidad del Cuco ya lleva al diálogo. "Es una persona cercana, siempre lo ha sido. Con el futbolista es exactamente igual", dicen desde su entorno.

El coaching forma parte de su guía como entrenador, al igual que lo hace su estudio de los rivales. Porque el análisis de los partidos es otro de los puntos que señalan los que conocen su trabajo. "Es un obseso del fútbol", señalan de él.

Los meses que precedieron al Oviedo suponen un buen ejemplo. A pesar de que se habló del interés del Leganés por ficharle y que llegó a reunirse con el Watford inglés, Ziganda y su agente, Egoitz Basurto, entendían que el mercado que mejor se adaptaba a su momento era el de Segunda. El navarro se pasó los meses previos a aceptar la oferta azul estudiando la categoría, diseccionando cada partido. Fue ese análisis de los equipos de Segunda el que facilitó su rápida integración en el equipo azul. Conocía el terreno que pisaba.

Saberse al dedillo la categoría da alguna ventaja, pero no soluciona la difícil papeleta a la que se ha enfrentado con el Oviedo. Con un club tocado en lo institucional, con síntomas de divorcio en lo social y que en lo deportivo se enfrentaba a una situación límite. El parón por el covid no hizo más que añadir incertidumbres en el camino. Ziganda, como el resto de entrenadores, se vio obligado a aprender sobre la marcha.

Y ha sido en ese camino lleno de obstáculos donde ha lucido la virtud del técnico más comentada por todos, su círculo íntimo y los futbolistas: su tranquilidad para afrontar cada situación. También las más difíciles.

La combinación de estas características se ha traducido en una mejora evidente del Oviedo que los números se encargan de confirmar. Con Ziganda, los azules han hecho 21 puntos en 12 jornadas. En una virtual clasificación desde su llegada, estaría en ascenso directo.

Y ha logrado esas cifras llamativas con un estilo inalterable, con el que ha repartido la fuerza entre los miembros del grupo. Las rotaciones son su marca tras el confinamiento. Una estrategia algo arriesgada, pero que ha tenido unos resultados incontestables. Tras el parón, el equipo ha vuelto con fuerza, con cuatro victorias, tres empates y dos derrotas. La permanencia, el objetivo marcado por el Oviedo en una campaña para olvidar, está a tiro. La continuidad de Ziganda iría de la mano con ella.

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