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Bastón tenía la pólvora: victoria del Oviedo 1-2 en Avilés

El Oviedo, algo romo en la primera parte, mejora con los cambios y se reencuentra con el gol gracias a su ariete y a Sangalli en el triunfo azul en el Suárez Puerta

Bastón celebra su tanto Real Oviedo

Dos minutos tardó Borja Bastón en demostrar que hay cosas que, aprendidas, no se olvidan. Como montar en bicicleta. Como eliminar porteros rivales. Dos minutos tardó el nueve en borrar cualquier fantasma de falta de gol en el Oviedo. Acomodó el cuerpo, fijó al portero y batió la meta. Como tantas veces ha hecho. Volvió Bastón y, con él, la pólvora. Gustó el Oviedo, de menos a más, en Avilés en un amistoso que sirve para saborear la primera victoria (1-2) de la temporada. 

Intentó el Oviedo crecer en torno a la pelota, con una apuesta con jugadores con buen pie. Es algo que se le presupone al equipo de Bolo. Con Borja Sánchez ubicado en la izquierda y Marcelo Flores por detrás del punta, el equipo parecía sonreír cuando los dos entraban en juego. Hizo otra vez Hugo Rama de pivote, esta vez con Jimmy. Se aplaude la propuesta de Bolo, en busca de organizadores de perfil más creativo, pero al gallego aún le chirrían algunos conceptos. Uno, básico: no arriesgar cerca del área.

El Avilés estuvo siempre bien puesto sobre el campo. Sorprendentemente bien puesto para los pocos entrenamientos que llevaba acumulados. Cerró junto y salió eléctrico en cuanto robó la pelota. 

Marcelo Flores fue el primero en pisar área rival, pero su centro no encontró rematador. Una volea del mexicano cerró una sugerente puesta en escena de los azules. Pero el Avilés, que tampoco es que sufriera, dio primero, minuto 18. Fue en un saque de esquina, en su continuación concretamente. La puso con mimo Juan López al corazón del área, allí emergió Morcillo para cabecear a la red, ante las dudas entre Braat y la zaga. 

Dio otro paso al frente el Oviedo, más por orgullo, estar perdiendo con un rival dos categorías por debajo, que convicción. Tocó y tocó el equipo de Bolo sin encontrar los espacios. Fue dominado, y feliz, el Avilés, en un ejercicio defensivo notable a estas alturas.

Al descanso, cambio radical en los nombres. Y el regreso de la pólvora. El autor, sencillo de adivinar: el que atesora kilos de pólvora en sus botas, Borja Bastón. Bretones vio el desmarque, la puso al espacio y Bastón hizo una de esas acciones que ya repite como rutina: golpeo con el interior al palo más alejado. El regreso del gol tenía que llevar su sello.

Estuvo cerca el doblete, en otro balón al espacio, el ariete picó con maestría pero la pelota salió pegada al poste.

El Oviedo tenía una marcha más tras el descanso, tras los múltiples cambios y, cosa lógica, por la escasa preparación del Avilés. Por eso el partido se inclinó del lado azul. Bretones pudo hacer el segundo, tras una genial dejada de Bastón, siempre él, pero respondió seguro Saldaña.

El 1-2 llegó otra vez desde la izquierda. Bretones volvió a interpretar el papel de asistente, con un magnífico servicio que Sangalli aprovechó para enviar a la red.

La lesión de Miguelón, que tuvo que abandonar el campo, condicionó el último tramo. Boolo ubicó a Jorge Mier en el lateral y el Oviedo se quedó con un jugador menos. Braat salvó el empate ante un intento de Jorge y el triunfo se fue a la capital del Principado.

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