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El Oviedo, en coma: el Cartagena le pasa por encima (1-3)

La tarde del Oviedo, es la perfecta definición de la situación en la que queda el equipo: desnortado, acobardado y sin soluciones dentro y fuera del campo

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EN IMÁGENES: Así fue la derrota del Oviedo en casa ante el Cartagena (1-3) Miki López

La bronca que siguió al pitido final, el que puso el broche a una nefasta tarde del Oviedo, es la perfecta definición de la situación en la que queda el equipo: desnortado, acobardado y sin soluciones dentro y fuera del campo. El 1-3 con el que el Cartagena asaltó el Carlos Tartiere, con una propuesta trabajada y seria, deja al equipo tocado, en una situación clasificatoria que hace semanas que tiende a la zona baja, y aún más tocado a Bolo, que había apelado en la previa a las bondades que en su opinión mostraba el equipo. Ninguna de ellas reflejadas en la tarde más aciaga del Oviedo en mucho tiempo. Un bofetón de realidad que llena el futuro inmediato de interrogantes.

Real Oviedo

Nadal (1);

Miguelón (1), Costas (0), Tarín (0), Pomares (0);

Viti (0), Luismi (0), Mier (1), Flores (1);

Enrich (0), Bastón (0).

Cambios

Montoro (1) por Flores, min. 46. Bretones (1) por Mier y Obeng (1) por Enrich, min. 55. Sangalli (1) por Viti, min. 66. Rama (1) por Miguelón, min. 75.


Cartagena

Aarón (1);

Calero (3), Alcalá (3), Olivas (2), Datkovic (2), Jairo (2);

Musto (1), Rico (2);

Borja Valle (2), Sadiku (3), De Blasis (2).


Cambios

Arribas (1) por Valle, min. 60. Sangalli (1) por De Blasis, min. 74. Jaime (s.c.) por Sadiku, Sanmartín (s.c.) por Calero y Delmás (s.c.) por Jairo.


Goles.

0-1, min. 9: Sadiku. 0-2, min. 33: Alcalá. 0-3, min. 80: Alcalá. 1-3, min. 93: Bastón.


Árbitro: López Toca (cántabro). Amonestó a los locales Miguelón y Pomares y a los visitantes Datkovic y Alcalá.


Carlos Tartiere: 13.501 espectadores.

Pretendía Bolo que su brindis semanal al optimismo fuera esta vez seguido de una imagen poderosa del equipo y, para tal misión, recuperó del armario el 4-4-2 que ya había lucido en varias ocasiones esta temporada. Nunca con victoria, por cierto. Pero no quería renunciar el técnico a la presencia constante de dos arietes merodeando el área rival. Para que en el medio no perdiera fuelle, introdujo a Marcelo Flores en la izquierda, alma de media punta reciclado en la banda.

Todo lo diseñado se fue pronto por tierra. El Cartagena, con tres centrales y carrileros largos, mandó desde el primer minuto. El equipo de Carrión, maduro y trabajado, siempre encontró la vía más recta para hacer daño a los azules. Jugó el visitante como si lo hicieran en el confortable salón de su casa. Fútbol en zapatillas. Ayudó que el resultado le sonriera desde bien pronto.

La primera gran rendija en la hasta ahora fiable coraza azul se percibió a los 9 minutos. El Cartagena montó una contra, Calero pisó territorio enemigo y centró al área. Sadiku, piernas de roble, se hizo fuerte en el duelo con Costas para rematar de primeras a una esquina. El 0-1 despertaba viejos fantasmas.

Es lo que necesitaba el tocado momento anímico de los Bolo para desmoronarse como un castillo de naipes. Había advertido el técnico que el problema se centraba en le “nerviosismo” de sus pupilos. Creyendo su tesis, un gol en casa ante un Tartiere que ya llegaba a la cita con síntomas de impaciencia parecía el empujón definitivo hacia el diván.

El Oviedo fue un manojo de nervios a partir de entonces, sí; pero también un equipo con nulas soluciones tácticas. Solo así se explica la pésima imagen azul durante el primer acto: sin carácter y sin fútbol. El Cartagena siempre fue dueño de la situación y solo Tomeu Nadal evitó en dos buenas intervenciones a disparos de Calero, lateral con imán hacia los rechaces, que la herida sangrara antes.

De los locales, poca cosa. Un chut de Mier desde la frontal. Una definición de Flores cruzada tras una buena jugada de laboratorio. No mucho más. La inquietud de la grada se tiñó de indignación a los 33. Otra vez a balón parado, otro de los campos en los que el equipo azul tiembla este curso. Alcalá se impuso casi agachado para cabecear directo a la red. De inmediato se encendieron las alarmas.

Daba la impresión de que el Oviedo había tocado fondo. Que nunca había sido tan inferior a su rival. De ahí al descanso, una agonía con sucesiones de pases errados, malas decisiones y futbolistas sin apenas pedir la pelota. Un centro peligroso de Viti fue la única respuesta de orgullo que encontró el equipo antes del descanso. Antes del intermedio, y como era de esperar, bronca del respetable.

La primera reacción de Bolo fue la de fiarle los mandos a Montoro. En teoría, para darle sentido al juego ofensivo. La cosa es que el Oviedo sí que pasó a mandar, pero en todo caso de una forma superficial. Dio la impresión de que el Cartagena estaba encantado con esa decisión, con espacios que explorar para dar la estocada.

El dominio no se traducía en llegadas y Bolo tiró de Bretones y Obeng, en busca de profundidad y kilos en el área. Poco hubo de cada cosa. Los sustos eran visitantes: uno de De Blasis, centrado, y otro de Calero, con problemas para Tomeu.

El Oviedo nunca estuvo en el partido. No lo estaba de inicio, por supuesto, superado por la situación y por el Cartagena. Tampoco tras el descanso con los cambios. Sin plan A ni B. Sin alternativas. El único hilo de esperanza terminó por romperse a diez del final. De una forma dolorosa, además: otra vez en un córner. Otra vez Alcalá. El 0-3 desató la furia del Tartiere con su equipo, convirtiendo el epílogo en un lento deambular de los azules hacia una sonora bronca, la más importante en los últimos años para un equipo que sigue a la deriva en la tabla.

Ni el tanto en el último suspiro de Bastón, que al menos sirve para romper la sequía anotadora, logró restar un ápice del enfado mayúsculo que se llevó una afición que ya desconfía abiertamente del proyecto carbayón para esta temporada.

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