29 de mayo de 2011
29.05.2011

Ensidesa, poesía en la fábrica-ciudad

l Arcelor, en Avilés, guarda prodigios de la arquitectura industrial en España
l La historia, a través de sus naves, de una factoría que cambió a la región

29.05.2011 | 02:00
Vista general de una de las zonas industriales del complejo avilesino.

Avilés, Eduardo GARCÍA


Un día nos dijeron que Ensidesa era Arcelor. Pero para la historia de Asturias es preciso matizar: Arcelor es Ensidesa, la empresa que colonizó a mediados del pasado siglo una zona de marismas a la derecha de la ría de Avilés y protagonizó el mayor terremoto demográfico en la historia industrial española: de 21.000 habitantes en 1950 a justamente el doble ocho años más tarde, y de ahí para arriba. Las instalaciones de Ensidesa en Avilés son una de las ocho joyas del patrimonio industrial asturiano elegidas recientemente entre las cien mejores de España por el Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio, organismo de la UNESCO.


Ensidesa creció en Avilés al lado del mar y se ha hecho grande tierra adentro, fábrica compañera de autopista que esconde paradójicamente el secreto de sus dimensiones reales. Nada que ver con las que deja traslucir a pie de carretera, el monstruo sólo enseña su verdadero tamaño cuando el visitante se adentra en sus tripas y acaba engullido sin remedio en ellas.


Parque de Bomberos, torre de control. Cuatro pisos desde donde Avilés tan sólo se perfila. A la derecha, el mamotreto bicolor de la acería LD3, el penúltimo grito en técnica de acero. Al otro lado, la Ensidesa histórica, la planta de sinterización, las baterías de coque, los hornos altos, las chimeneas de fosa que apuntan al cielo con un aire de geometría clásica... Ensidesa Avilés ha variado con el tiempo y con el desarrollo de la técnica. Estamos en lo que fue la mayor fábrica de España, cuatro millones de metros cuadrados de talleres, hornos, viales, líneas ferroviarias, naves y poblados anexos. Llaranes, el más conocido; pero también La Estrella, La Luz, Garajes o La Marzaniella.


Ensidesa fue levantada con vocación de ciudad y con ánimo diligente. El decreto de creación en 1950; el inicio de las obras, pocos meses más tarde; en apenas cuatro años se construye el complejo avilesino y la primera producción sale de los hornos en 1956. Y todo sobre un terreno que hubo que allanar y desecar.


La historia social de Ensidesa discurre paralela: inmigración, arraigo, modificación del paisaje urbano, de las costumbres y los rostros de la calle. Pero ésa es otra historia. Adentrarse en la fábrica de Avilés, perteneciente a la única siderurgia integral que queda en España, con una producción de más de cinco millones de toneladas de acero líquido al año, es aceptar el juego del laberinto. Para no perderse, al menos en teoría, sirve una amplia maqueta que es preciso actualizar, instalada en los bajos de las oficinas generales, uno de los primeros edificios construidos a principios de los cincuenta.


Hay poesía en algunas de las naves. Más por dentro que por fuera. Lo que vemos desde el exterior suelen ser construcciones sólidas de hormigón prefabricado que nos recuerdan los viejos tiempos de autarquía franquista. Pero por dentro las cosas cambian, la luz lo envuelve todo, el vidrio gana la batalla y los espacios se agigantan. Entrar en la nave abovedada del taller de calderería sugiere lo etéreo que puede llegar a parecer el hormigón. La nave de laminación es también un espectáculo en sí misma, un inmenso taller a tres niveles de altura que tiene porte de catedral con un sistema de acceso de luz que, según la hora del día, permite sensaciones sugerentes y diferentes.


Ambas instalaciones, calderería y laminación, llevan firma ilustre, la del riojano Carlos Fernández Casado. Un portento que conjugaba técnica y humanismo. Ingeniero de caminos, ingeniero de telecomunicaciones y licenciado en Filosofía y Letras, por citar tres apuntes de un currículum sin desperdicio. Casado (1905-1988) trabajó intensamente en Asturias, aunque su obra más simbólica está en la frontera, el puente sobre el embalse de Barrios de Luna, en la autopista del Huerna, ya pasado el túnel del Negrón.


La Ensidesa que vieron nacer los avilesinos hace casi sesenta años ha modificado sus perfiles a lo largo de las décadas, pero también sus usos y funciones. Quedan ocho de las diez baterías de coque, no hace mucho que desapareció -desgraciadamente- el edificio de la central térmica, una de las dos plantas de sinterización fue desmontada y trasladada a la factoría de Gijón en los noventa, y unos años antes se dio por concluida la vida de la antigua acería LD2.


En el corazón mismo de Ensidesa, una parte de la nave de los antiguos hornos y laminación en caliente es utilizada actualmente como almacén para la expedición de productos acabados. Se trata de una nave inmensa, que mide casi un kilómetro de longitud y ocupa una superficie aproximada de 170.000 metros cuadrados.

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