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No sin mi hija

Sentimentalismo de garrafón, humor de saldo y acción traída por los pelos al servicio de Omar Sy

La jugada comercial es tan legítima como descarada. Productores franceses avispados vieron el potencial de la mediocre película mexicana No se aceptan devoluciones para fabricar otro traje hecho a la medida de Omar Sy, "Intocable" desde que dio el campanazo con la película del mismo nombre. Y de nuevo tenemos una comedia con brotes de drama que finalmente encuentra un rayo de esperanza. Buen rollito, solvencia técnica y un reparto consistente que tapa las vías de agua de los personajes. Sy sabe lo que tiene que hacer, Clémence Poésy está bien siempre aunque aquí le endilguen un papel que se parece al de Meryl Streep en Kramer contra Kramer, y la niña Gloria Colston parece otro de esos prodigios de naturalidad que se difuminan a corto plazo.

Hay algo de Big, mucho de Tres solteros y un biberón, toques de esos intentos de de Will Smith por mojar el pañuelo y también hay (¡ay!) un entronque con La vida es bella cuando Sy hace de Roberto Benigni inventando un mundo falso para su hija en el que todo va bien aunque falte su madre.

La fórmula está calculada al milímetro. Primero, un poco de comedia amable con paisajes luminosos. Luego, a Londres (antes del Brexit) para el intenso aprendizaje de la paternidad, la reaparición de la madre, el dramón, el juicio y... Por no faltar, no falta ni un incomprensible toque de espectacularidad con accidentes de coche, tiroteos y explosiones convirtiendo a Sy en un especialista de escenas de acción que tiene la mala costumbre de engañar a todos haciéndose el muerto. Con gags tan terribles como el de las escaleras mecánicas y un abuso del sentimentalismo más tosco en la parte final, Mañana empieza todo lo tiene todo para arrasar en taquilla.

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