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Adam Zagajewski | Poeta, premio "Princesa" de las Letras

"Estoy en contra del nacionalismo, un incendio forestal que puede descontrolarse"

"'Asturias' es una palabra muy bonita que está en el imaginario europeo; todo el mundo la ha oído, sin conocer esta tierra"

Adam Zagajewski, ayer, tras la entrevista. LUISMA MURIAS

Adam Zagajewski (Lwow, perteneciente hoy a Ucrania, 1945) es uno de los grandes poetas europeos vivos. Quizás, por eso, al premio "Princesa de Asturias" de las Letras no le son ajenas las tensiones nacionalistas y populistas que vive Europa. Tampoco las de Cataluña: "El nacionalismo es como un incendio forestal que puede descontrolarse, por eso estoy en contra, aunque no quiero herir a mis amigos catalanes; puedo entender sus emociones, pero rechazo la separación. ". Continuador de la gran tradición lírica polaca (de Herbert a los Nobel Milosz y Szymbosrka), ayer apostó por el proyecto de la Unión Europea (UE). "No soy político", dijo, "pero hay que continuar la unión política con la diversidad cultural". "Viví con el comunismo y, entonces, mirábamos con respeto y envidia hacia la Europa unida; nuestro sueño era formar parte de eso, y ahora se ha cumplido", señaló.

-Usted ha escrito: "Pobre del escritor que antepone la belleza a la verdad". ¿No son lo mismo, según el célebre dictamen de Keats?

-Admiro a Keats, pero me cuesta admitir que belleza y verdad sean equivalentes. Un poema no es un tratado de filosofía, más bien refleja esa tensión entre belleza y verdad.

-En su juventud escribió una poesía de tipo social. A partir de su exilio en Paris, en 1982, eso cambió. ¿Qué sucedió?

-Cambió incluso antes, nada tuvo que ver la geografía. Fue consecuencia de cierto cansancio con la jerga de aquella poesía social. Keats, precisamente, fue uno de los que me abrió los ojos hacia la complejidad de la poesía. Tampoco quería olvidarme de las calamidades, así que he intentado mantener un equilibrio entre belleza y verdad.

-Usted entiende la poesía como reflexión y búsqueda personal, pero también como espacio de fraternidad. ¿Cómo conjuga esos dos espacios?

-Supongo que hay una parte empírica. De hecho, encuentro a lectores que se acercan y me dicen que han encontrado alivio con mis poemas. La poesía nace de la soledad, pero de una soledad compartida. Y el diálogo es parte integral de la poesía.

-¿Por qué cree, sin embargo, que hay tanta gente ilustrada, culta, que da la espalda a la poesía?

-En parte es culpa de la misma poesía. Hay muchos poetas a quienes lo que más les interesa son las aproximaciones técnicas. Pasa, por ejemplo, con buena parte de la poesía francesa. Se ha convertido en algo hermético.

-¿El fervor, del que usted ha hablado, ha sido sustituido en las sociedades posmodernas e hipercapitalistas por la ironía destructiva?

-En cierta medida, sí. Se piensa que la ironía de motivación filosófica sería la respuesta más sencilla a los difíciles problemas que nos encontramos. Yo, en cambio, me río de quienes insisten en decir que no hay respuestas.

-Ha subrayado en alguna ocasión la necesidad de tener una vida privada frente a la Historia. ¿Por qué es necesaria?

-Me gusta una reflexión del filósofo Charles M. Taylor: en el mundo moderno vivimos una situación extraña, al estar gobernado por normas de la Ilustración que se combinan con situaciones propias del Romanticismo. La poesía tiene más que ver, claro, con esa otra parte romántica, pero los gobiernos no deberían ser románticos.

-No sé si sucede también en Polonia, pero veo como si se levantara una gran barrera entre los poetas que ahora triunfan en las redes sociales y los que vienen de una sólida tradición...

-Es algo que no sigo muy de cerca, pero es cierto que hay una generación de poetas que ya trabaja tan sólo con internet; opinan que es una mejor manera de socializar. Yo no estoy presente en las redes sociales y poco en televisión; tengo lectores. Supongo que no es una brecha tan profunda entre unos poetas y otros; algunos de esos autores lo que quieren, en realidad, es tener un libro bien editado. Y es que la idea de libro no ha desaparecido. Esa tensión de la que se habla se irá aligerando.

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