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KAREN ARMSTRONG | Pensadora

"Lo que necesita el ser humano de hoy es silencio e incertidumbre"

"El mejor modo de eliminar el velo musulmán es dejarlo estar, porque cuanto más se ataque más van a usarlo las mujeres como seña de identidad"

Armstrong, ayer, en el Reconquista. J. RUS

Karen Armstrong (Wildmoor, Reino Unido, 1944) fue monja católica en su juventud y ahora se define como una "autodidacta" en disciplinas tan diversas como historia, literatura y ciencias religiosas. Está considerada una referencia internacional en el estudio comparativo del islamismo, el judaísmo y el cristianismo. En 1983 tras la experiencia de su viaje a Jerusalén para realizar el documental sobre San Pablo, se dedicó por completo a la investigación y el estudio de las religiones, en especial las monoteístas. Karen Armstrong preconiza que la compasión está en la médula de todas estas doctrinas. Desde 2005, forma parte del Grupo de Alto Nivel de la Alianza de las Civilizaciones, iniciativa de la ONU. Pasado mañana, viernes, recibirá de manos del Rey el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.

- Teóloga, filóloga, historiadora? ¿Es usted una intelectual del Renacimiento?

-No. Me veo como muy amateur, soy autodidacta, no me veo como estudiosa. Mi trabajo consiste en examinar lo que dicen los estudiosos y llevarlo al público general.

- ¿Le extraña que mucha gente esté interesada en lo que usted dice o escribe?

-Sí (risas). En mi país, Reino Unido, nadie tiene ningún interés en lo que digo ni en lo que escribo. Es uno de los peores mercados para mis libros. Es un país muy secular, que desdeña la religión. Sin embargo, en otros lugares, como Estados Unidos, despierta mucho interés. Y en el mundo musulmán me invitan a dar conferencias acerca de su propia religión. En Pakistán, por ejemplo, acuden en multitudes, y me dicen: "No seas educada".

- ¿El nivel de popularidad de Dios crece o mengua?

-Depende de lo que se refiera al hablar de Dios. Tiene gran popularidad una versión de Dios que yo llamaría idolatría, porque la gente proyecta sobre ese Dios sus propias esperanzas y sueños, y lo que está bien y lo que está mal. Sin embargo, Dios no es un ser, no es una personalidad. Personas como Maimónides o Tomás de Aquino han dicho que Dios no existe porque nuestra idea de existencia es demasiado limitada para abarcar a Dios. Únicamente conocemos a Dios como el mismo ser. Así que esa clase de Dios no goza de gran popularidad, porque desde la Ilustración hemos perdido ese sentido de la inefabilidad divina.

- El auge de las redes sociales y de las tecnologías de la comunicación, ¿acercan a Dios o alejan de él?

-Alejan a las personas entre sí. Gran parte de los terroristas se radicalizan no en una mezquita, sino en internet. A menudo la gente prefiere hablar por internet que reunirse con los amigos vis a vis. La religión tiene mucho que ver con el silencio, con darte cuenta de que has llegado más allá de lo que pueden decir las palabras y los pensamientos; que has llegado a la trascendencia.

- ¿Es posible pensar en Dios con un ruido permanente de mensajes, fotos y música?

-Es muy difícil. Lo que necesitamos es silencio e incertidumbre. Tenemos que sacrificar nuestras certezas porque son ídolos. Las doctrinas religiosas también pueden serlo. Son de fabricación humana, ideas humanas de lo que es Dios. Lo ideal es inclinarnos a un sentido de maravilla que trasciende la certeza. Y eso significa que uno sea agnóstico respecto de las personas, y no sólo respecto de Dios. Es decir, que no digas "todos los musulmanes son así", o "el Islam es así", o "los judíos son así", o "los catalanes son así"... Cada ser humano es un misterio.

- ¿La compasión es escuchar más y hablar menos?

-Es una parte, es un muy buen comienzo. La compasión significa sentir junto con otra persona, o soportar con. En español creo que a menudo se traduce como misericordia. Necesitamos mucha misericordia, desde luego; el Papa Francisco tiene razón al escribir al respecto. La compasión presupone que no hay una parte superior a la otra, y que va a compadecerla. La compasión supone que ambos están al mismo nivel. Es decir, examinas tu propio corazón, descubres aquello que te causa dolor y, después, te niegas bajo cualquier circunstancia a infligir ese mismo dolor a otra persona. Es la "regla de oro": no tratar a los demás como no te gustaría que te trataran a ti. Y todas las religiones dicen que ésa es la esencia de la espiritualidad.

- Son las cinco de la tarde. ¿Ha practicado hoy la compasión en algún momento?

-Es una lucha diaria. Con la ciencia de la compasión entras en las mentes y los corazones de los demás, y te preguntas: "¿Qué haría yo en las mismas circunstancias?". Tenemos que hacerlo. Si no aplicamos la regla de oro a nivel global, de modo que los pueblos se traten unos a otros como les gustaría que les tratasen, el mundo no va a ser un lugar viable. Nadie te pide que sientas cariño por un terrorista musulmán, pero conviene pensar cómo sería yo si estuviese en su misma situación. Y recordar, y lo digo como británica, lo que puede haber hecho un país para que una persona llegue a ese punto. Tenemos que vernos como un mundo único.

- ¿Alguna vez ha percibido que por manifestarse creyente le consideren menos inteligente?

-No diría que soy creyente. Desde luego, no diría que soy católica ni cristiana. No veo que una fe sea mejor que otra. Sin embargo, percibo en todas una gran riqueza. Digamos que tengo epifanías cuando estoy estudiando. La creencia es una idea muy mala. La palabra cambió de significado a raíz de la Ilustración. Ninguno de los grandes pensadores, Jesucristo, Confucio, Buda? pedía a la gente que creyeran en ellos ni en lo que enseñaban. Buda decía: "Esto es lo que enseño, y si no te funciona, busca otra cosa". Todos hablan de la práctica, más que de las proposiciones. Desde la Ilustración ponemos el énfasis en las proposiciones, y esto ha dificultado o imposibilitado la fe.

- ¿Le preocupa el auge de los nacionalismos excluyentes?

-Por supuesto, es muy peligroso. En el siglo XX lo vimos, y ahora de nuevo este auge del partido ultraderechista de Austria, o el aumento del odio al extranjero en el Reino Unido, desde el "Brexit". Estamos volviendo a un nivel salvaje, con toda la sofisticación que se supone que tenemos.

- Pero a veces sucede que un país acoge a un grupo de refugiados y uno de ellos comete un atentado con varios muertos. ¿Cómo se debe reaccionar?

-También habría que pensar el daño que nuestro propio país puede haber causado al país de ese refugiado. Es difícil, no hay una respuesta fácil. Los hechos del pasado tienen repercusión sobre el presente. No hay más que pensar, en el apoyo que Reino Unido y Estados Unidos han dado a las atrocidades a Arabia Saudí para conseguir petróleo. O la negación de los derechos de los palestinos por parte de Estados Unidos. Hay estudios, sondeos, que demuestran que la principal causa del extremismo son los espectáculos y las noticias sobre el sufrimiento de los musulmanes, que nosotros no queremos ver. Por supuesto que acoger a la gente es un riesgo, pero también es un riesgo rechazarlos, porque entonces se pasan al Daesh.

- ¿Cómo ve la sempiterna polémica sobre la vestimenta de las mujeres musulmanas?

-Yo fui monja durante siete años. Llevaba un hábito y un rosario, y nadie me pidió que me los quitara. Desde los 17 hasta los 24 años no tuve que preocuparme de cómo llevaba el pelo, el maquillaje o la ropa. Cuando se usa un uniforme se da primacía a la comunidad frente a los privilegios. El mejor modo de eliminar el velo musulmán es dejarlo estar, porque cuanto más se lo ataque más van a usarlo las mujeres como seña de identidad. Lo que no quiero es que las mujeres lleven nada que no quieran.

- ¿Se imagina una religión más favorable a la mujer, una mujer papisa?

-No creo que yo vea una mujer Papa. Admiro mucho al Papa actual, pero creo que no se le da bien esto de la mujer. Estamos en una civilización que hasta hace muy poco ha sido patriarcal.

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