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La tormenta perfecta de la OSPA

La prórroga del contrato de Milanov, los conflictos laborales y la falta de estrategia para la orquesta, claves de la crisis desatada esta semana

Músicos de la OSPA durante el ensayo previo a la asamblea del viernes. MIKI LÓPEZ

Como todas las grandes crisis, la que ahora afecta a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) viene de muy atrás y no responde a una única causa. La prórroga al contrato del director Rossen Milanov ha sido el detonante de un enfrentamiento interno que culminó el viernes con la primera asamblea en nueve años de los trabajadores de la orquesta. Pero tras este malestar hay otros problemas y otras reinvindicaciones. Así, la plantilla ha acordado someter a votación no sólo a su director, sino también a su gerente, Ana Mateo, fruto de las reclamaciones de los que exigen un golpe de timón en la gestión de una formación que, entienden, sufre un importante declive desde hace un lustro.

El desencanto con la labor de Milanov está muy extendido dentro de la formación. Muchos recuerdan que cuando se debatió la sucesión de Max Valdés, Milanov no era el candidato con más apoyos dentro de la comisión que tomaría la decisión. Algunos apuntaban a Guillermo García Calvo. Pero Milanov era el preferido de los músicos, y eso fue determinante para que, a principios de 2012, tomase las riendas de la OSPA. Al cabo de un año, muchos instrumentistas se arrepentían.

A Milanov se le achaca, principalmente, una escasa implicación con la formación y la ausencia de un plan estratégico para acrecentar el prestigio, y también el nivel musical, de la OSPA. Para algunos músicos, la orquesta alcanzó su cénit en noviembre de 2011, siendo aún director Max Valdés, cuando actuó ante el Papa Benedicto XVI en el Vaticano. Desde entonces, sostienen, está en un lento declive. Algo que también ha notado una parte de los abonados y que se traduce en una pérdida de afluencia a los conciertos.

En paralelo, la orquesta ha sufrido diversos problemas laborales, entre ellos la sucesión de denuncias de interinos que han llevado a sentencias condenatorias contra la OSPA, tanto por el proceso de selección como por los pagos a los músicos y a la Seguridad Social.

Estos conflictos han provocado que una parte de los músicos ponga en duda la gestión de la gerente, Ana Mateo, a quien responsabilizan, también, de prorrogar a Milanov. En marzo de 2017, tal y como reveló LA NUEVA ESPAÑA, la Comisión Artística de la OSPA emitió un duro informe desaconsejando seguir con Milanov. Este documento fue desoído y el vínculo con el director búlgaro se renovó automáticamente. ¿Por qué no se hizo caso al informe? Unos culpan a Mateo y otros apuntan al responsable político directo de la orquesta: el Viceconsejero de Cultura, Vicente Domínguez.

Todos estos problemas confluyeron en un convulso fin de temporada, en el que ya era patente el malestar de parte de la orquesta. El 8 de junio, el renovado Milanov presentó el programa de la próxima temporada al Consejo Rector. Unos días después, el crítico y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Pablo Álvarez Siana anunció su renuncia al abono de la OSPA tras 27 años, por su disconformidad con la dirección y el rumbo de la orquesta. Siana recibió solidaridad y provocó más agitación. Los músicos pidieron asamblea y la gerencia trató, en primer término, de aplacar la revuelta. La víspera de esta reunión, el Consejero de Educación y Cultura, Genaro Alonso, afirmó en la Junta General del Principado que Milanov seguiría hasta 2020, pese a que su consejería tiene desde hace más de un año el informe de la Comisión Artística. Era una tormenta perfecta, cuyas consecuencias son impredecibles.

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