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El "niño milagro" vuelve a casa

Iñaki Blanco, que tuvo el corazón parado durante 25 minutos por un infarto, recibe el homenaje de sus vecinos de Somao tras un mes en la UCI

Iñaki Blanco y su novia, Belén Noval, junto a las enfermeras del HUCA, el día que recibió el alta médica.

Iñaki Blanco y su novia, Belén Noval, junto a las enfermeras del HUCA, el día que recibió el alta médica.

"No vi la luz, sé que la tuve al lado, pero no la vi", bromea el protagonista de esta historia en alusión a la luz que supuestamente se ve a las puertas de la muerte. "Tú apagástela", grita, de fondo, uno de sus vecinos. Iñaki Blanco tiene 35 años y no recuerda nada de lo que ocurrió el pasado 21 de junio. Su familia, amigos y vecinos de Somao (Pravia) lo saben bien. La vida se le apagó. Sufrió un infarto que detuvo su corazón durante 25 minutos. Estuvo un mes en la unidad de cuidados intensivos (UCI) del HUCA y pasó ocho veces por el quirófano. Una de ellas, para amputarle la pierna izquierda por debajo de la rodilla. Sus médicos lo bautizaron como el "niño milagro". Ayer en el pueblo celebraron su vuelta a casa e Iñaki les responde con una broma: "Desde que estoy aquí, ya me creció un poco la pierna". Así es él.

"Me picaba el pie izquierdo y cuando fui a rascarlo me di cuenta de que no lo tenía". Éste fue el duro despertar de Iñaki tras un mes "dormido". No dijo nada y esperó a que los médicos le explicasen de qué iba aquella película. Sus últimos recuerdos se remontaban a Somao, a sus días tras la barra del bar tienda que regenta junto a su pareja.

Lo que no recordaba es que la tarde del 21 de junio se encontró mal. Estaba revuelto y tenía malestar general. Cogió su coche y acudió al centro de salud más cercano, en Soto del Barco. Y logró llegar. Una vez en la consulta, apenas le dio tiempo a explicar lo que le ocurría y se desplomó. Su corazón se detuvo durante diez minutos, pero consiguieron reanimarlo. Estaba en el lugar adecuado. Lo trasladaron al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y volvió a pararse quince minutos más. Tras tantos golpes, fue necesario conectarlo a una máquina que ayudase a su corazón a bombear. El aparato que reactivó su torrente sanguíneo -conectado por el cuello y la ingle- dañó el riego de su pierna izquierda. La amputación se volvió indispensable para mantenerlo con vida. "Gracias a que le cortaron la pierna empezó a mejorar", apunta la pareja de Blanco, Belén Noval.

Mientras él explica cómo se siente, ella aporta datos al relato. Los conoce bien: siempre estuvo ahí. La familia de Blanco destaca el optimismo y la fuerza de ella en todo momento. Aunque ayer, al recordar todo lo vivido, no pudo evitar las lágrimas.

No fue la única. Más de un vecino lloró al escuchar el relato de Iñaki en una recepción improvisada en el parque.

"Pasamos de la angustia más absoluta a la admiración", apunta Carlos Suárez, vecino del pueblo. Todas las actividades programadas en los días siguientes al infarto de Iñaki, como la hoguera de San Juan, se suspendieron. "Pensamos que era lo más normal; no estábamos para fiestas", explica Pablo Martínez, uno de los miembros de la parroquia rural de Somao.

"Había días que uno no se atrevía ni a preguntar por miedo a saber y a molestar a la familia; estábamos consternados", comenta Cristina Viña. Ahora, las tornas han cambiado. "Estamos encantados de que esté aquí y ya estamos deseando que nos abra la tienda para ir a por las cebollas y el vinín blanco para los guisos; se le echó de menos en todos los sentidos", dice María Ángeles Pando.

Volver al trabajo es una de las cosas que más inquieta a Iñaki. "No sé si podré ni vender avellanas en las fiestas", bromea. Utiliza el sentido del humor como antídoto, aunque reconoce que, a veces, tiene bajones. Se siente cansado y no puedo hacer esfuerzos físicos porque su corazón aún está delicado. Le toca armarse de paciencia porque, reconoce, el cariño de los suyos no le falta.

"El pueblo me apoyó muchísimo y me dieron mucha fuerza cuando me vi allí, sin una pierna y con cables por todos los laos", explica. Sus amigos le enviaron un vídeo para animarle y reconoce haberlo visto mil veces.

Uno de sus mejores amigos, Borja Iglesias, resume así el sentimiento de todos: "Se ha convertido en el ídolo de Somao, tiene nuestra admiración; con él nos sentimos más ejemplares que nunca".

Durante la conversación, la candidatura de Somao a "Pueblo ejemplar de Asturias" sale a relucir, aunque eso parece no importar ya. Aun así, Iñaki hace gala, una vez más, de su buen humor y remata: "Si viene el Rey este año, yo voy a ser el primero en saludarlo porque los que estamos en silla de ruedas siempre nos ponemos delante".

Aún le queda un año para volver a caminar con una prótesis, según sus médicos. Pero él ya piensa en ponerse de pie antes de lo previsto. Con sus antecedentes, nada es imposible. Diego Parra y Laura García -los doctores a los que Iñaki les agradece seguir con vida- comparten la sorpresa de todos por la buena evolución de este joven que no siguió la luz, aunque la tuvo muy cerca.

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