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Crisis del coronavirus

La pelea sin cuartel de tres médicos asturianos en Madrid: "Vamos mejor, con cautela, esto sigue"

Alejandro Zuazua, contagiado, cuenta las horas para volver a trabajar al Hospital de Vallecas l "Al principio fue brutal", dice Carmen Ruiz, en La Paz

Carmen Ruiz, Alejandro Zuazua y Carlos Piquero.

Los tres médicos son de Oviedo. De 1994. Dos otorrinos, Alejandro Zuazua y Carmen Ruiz, y un neurólogo, Carlos Piquero. Aunque la especialidad médica ya no importa mucho. En realidad, ya no importa nada. "Todos estamos para el coronavirus. Los tres, residentes de primer año en Madrid, dijeron adiós a Asturias el pasado mayo tras sacar adelante el MIR y ahora luchan contra el virus en la primera línea de batalla, donde más daño ha hecho. "Si nos dicen que nos toca esto hace cuatro meses, ni nos lo creemos", coinciden los tres, que trabajan en tres hospitales diferentes. Para alivio general, no es en lo único en lo que coinciden. También recalcan que la situación general empieza a ser mejor que hace semanas. Motivo de orgullo, pero también de cautela. "Lo peor ha pasado, pero esto sigue, no para".

Para Alejandro Zuazua, que cuenta su experiencia en el Hospital Infanta Leonor de Vallecas, de momento, la batalla sigue desde casa. Es uno más del sinfín de sanitarios infectados por el virus, un drama para el sistema. "No se lo dije ni a mi madre, la voy a llamar ahora antes de que salga en el periódico", indicaba ayer con sorna, aislado en su domicilio desde hace más de diez días. Su recuperación va bien y, si hoy da negativo, volverá a reincorporarse a las urgencias del hospital. "El 11 de marzo cambió todo, mi jefe me llamó y me dijo que a partir de ahora todas mis guardias serían en urgencias". Zuazua no resta ni un ápice a la gravedad vivida en el Infanta Leonor por el coronavirus. "Nuestro hospital tenía una capacidad para unos 300 afectados y asumimos 750 pacientes. Más del doble. No es lo que se desea ni lo habitual, y tuvimos que estirar los recursos como chicle. Trabajamos al doscientos por cien, desde el último auxiliar al primer médico. Hubo traumatólogos que incluso buscaron material llamando al Decathlon", recalca el ovetense, al que le tocó trabajar cuando la pandemia golpeaba más duro. Y lo sufrió en su propia carne cuando se contagió.

"El 20 de marzo empecé a tener algún síntoma y me quedé en casa. Me encontré algo peor y pasé un día ingresado, pero desde el 25 estoy aislado y cada vez mejor. Mañana (por hoy), me hacen otra vez el test. Si doy negativo vuelvo ya, estoy fastidiado por no poder aportar", recalca. "Los primeros días infectado pasas un poco de miedo. La gente joven lo suele pasar sin pena ni gloria, pero cuando trabajas en un hospital ves al resto de gente que no lo pasa. Lo peor, de todos modos, ya lo he pasado", asevera. Respecto a la situación general, Zuazua lo tiene claro. "Hablo constantemente con mis compañeros y mi jefe y me lo dicen: la situación está mucho mejor. Pero no cabe relajación". Atrás, hace quince días, ya queda lo peor. "Lo más duro era recibir a pacientes con coronavirus que ya habían perdido a algún familiar por lo mismo. Se vienen abajo y es difícil animarlos. Ante eso, te quedas desnudo. La parte humana del hospital ha sido intachable, buscando medios por todos los lados, cartas anónimas, tablets, móviles?para que los pacientes pudiesen comunicarse con sus familias. Vallecas, que es un sitio muy humilde, se ha volcado. La asociación de peñas del Rayo Vallecano consiguió 45.000 euros para comprar material. Es un orgullo", incide.

En el centro de Madrid está Carmen Ruiz, otorrino. Dando el do de pecho en el Hospital de la Paz. Desde el estallido de la crisis, su función está en una de las plantas de coronavirus. "Vamos viendo la evolución de los enfermos y valoramos lo que necesitan. Ahora, todos trabajamos con los coronavirus", explica durante uno de los pocos días de merecido descanso. "Estamos mejor que los primeros días. Poco a poco, los servicios de urgencias mejoran y se aprecia que surten efecto las medidas adoptadas. Aquí, en La Paz, todo el mundo ha arrimado el hombro", recalca. ¿Lo más duro? Ruiz no pestañea: "El cambio de relación con los pacientes y sus familias. Se hace una ronda telefónica, pero es difícil y angustioso por no ver a la gente que sufre en persona. Los primeros días del virus fueron brutales, de repente aparecieron muchos casos, no había medidas de contención y tampoco teníamos el apoyo actual de otros hospitales o de Ifema", explica. Ruiz, como sus compañeros, ha pasado en pocos meses de ser estudiante de MIR a enfrentarse cara a cara con los efectos de una terrible pandemia. "Si me lo cuentan hace tres semanas no me lo creo, es surrealista. De ánimo, personalmente, lo llevo mal. Te llevas a casa los casos que ves en el hospital y es un sentimiento difícil de digerir. En La Paz han activado un sistema de atención psicológica para pacientes y profesionales y a mí me viene bien", finaliza la ovetense.

Carlos Piquero, neurólogo ovetense en el Hospital Universitario de Getafe, sigue en su área, aunque le toca también hacer guardias en Urgencias. "En las primeras semanas los ingresados con el virus eran constantes, pero ahora notamos cierto bajón, aunque hay que tomarlo todo con cautela", indica. "Lo peor, sin duda, ha sucedido en las UCIS. Somos residentes de primer año y nos hemos visto obligados a asumir mucha responsabilidad profesional. En lo emocional, nos hemos enfrentado a situaciones para las que nadie está preparado", concluye.

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