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Vida nueva

La basura y el póker

La basura y el póker

La basura y el póker

Anoche me tocó bajar a dejar la bolsa de basura. El contenedor estaba lleno, así que tuve que buscar alternativa. Una aventura, oiga. Allí estaba yo, recorriendo doscientos metros (¡o más!) hasta el punto de reciclaje más próximo. Noche cerrada, ni el tato en la calle, paseando con la bolsina de tetra-briks en la mano, y con la misma excitada sensación con la que abordaría un safari fotográfico o una excursión de senderismo por el Himalaya.

Es de las pocas cosas buenas que tiene este confinamiento. En cierto modo nos volvemos niños, seres capaces de alcanzar la felicidad jugando con una caja de zapatos (sin zapatos). En el desierto nocturno urbano se me vino a la cabeza aquel absurdo chiste de Eugenio: "A mí me gusta jugar al póker y perder". Y el amigo le pregunta: "¿Y jugar al póker y ganar?". "Bueno -le contesta el jugador- eso debe de ser ya la hostia".

Moraleja: disfrutar de la vida es recordar las cosas buenas del pasado, valorar los pequeños detalles del presente y soñar con los grandes proyectos del futuro.

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