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Carson convoca al lector a una travesía que le deje "concebir sus propias ideas"

La poetisa canadiense defiende durante un encuentro virtual desde Islandia "atajar la verbosidad y crear una estética lo más frugal posible"

Anne Carson, durante su intervención ayer desde Islandia ante el público de la Fábrica de La Vega. CAROLINA DÍAZ

Flotaba ayer una admiración expectante en la antigua Fábrica de Armas de La Vega para escuchar las palabras de Anne Carson, premio "Princesa de Asturias" de las Letras Desde Islandia, la autora canadiense participó de modo virtual en la programación de la Semana de Premios con un recital literario a partir de su último libro "Flota". Después, el crítico, escritor y traductor al español de algunas de sus obras, Jordi Doce, conversó con Carson sobre los misterios de la traducción y los enigmas de la creación poética. Todo ello con erudición, pasión y leve humor. Cuando le preguntaron al final si había disfrutado del encuentro con sus seguidores españoles (prometió visitar España "siempre que haya una piscina"), la autora de "Variaciones sobre el derecho a permanecer en silencio" respondió: "Un 17 por ciento".

Quien está convencida de que "la lectura puede ser una caída libre" y se presenta como una mujer que "nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo" demostró por qué le gusta tanto dar conferencias, en las que puede conectar las ideas. En "Casandra flotar puede" Carson confiesa: "A veces me parece que me paso la vida reescribiendo la misma página". Porque al traducir, Anne Carson se deja poseer por "una sensación de velos que se levantan".

Y lo llama "Casandra" porque la primera vez que la notó fue un día en el colegio leyendo un pasaje del "Agamenón" de Esquilo, en el que Casandra -profeta de la antigüedad clásica, hija de Hécuba y Príamo, reyes de Troya, y sacerdotisa del dios griego Apolo- grita "Otototoi popoida!" ¿Cómo traducir ese grito cuando rompe su silencio y lamenta su destino?

La intención de Carson, en especial en su faceta de profesora universitaria, es alejarse de la tentación de dictar los pensamientos a los demás. Prefiere intentar que sus lectores realicen una travesía que les permita "concebir sus propias ideas". De ahí que no pretenda explicar sino ilustrar, "quitar velos" a las cuestiones que le (nos) importan buscando una visibilidad con perfiles pedagógicos.

Carson, férrea guardiana de su vida privada, reconoció que no le gustan las entrevistas: "Me quedo en blanco, por lo que puede que me invente cosas. No se sabe si es verdad o mentira. Lo siento". Verdad y/o ironía, Carson se mostró defensora a ultranza de "atajar la verbosidad para crear una estética que sea lo más frugal posible". Una frugalidad que encuentra, por ejemplo, en Antonio Machado, a quien destacó como uno de sus poetas favoritos en lengua española junto al "inagotable" Pablo Neruda o García Lorca, aunque su verdadera pasión sea la poesía griega clásica por su muy asombrosa calidad. Y es que cuando vuelve a los poetas griegos "no encuentro que las palabras que utilizan puedan terminar. No tienen límites, por lo menos yo no los he alcanzado. Por lo cual creo que hay un cierto enigma".

Carson, que se permitió un saludo de afectuoso calado poético "a las sombras" que asistían al otro lado de la pantalla a su presencia virtual en Oviedo, recordó con gratitud a quien le enseñó a sentir devoción por el griego, y al mismo tiempo "un estilo de vida, no solo una manera de estudiar". Una conexión con el pasado en la que se cimenta su desvelo por explicar las cosas, "quizás en exceso. Por eso mi poesía se vuelve didáctica. Así soy yo".

Así es una creadora capaz de incorporar el mito de Marilyn Monroe a un discurso contemporáneo de raigambre clásica, que es feliz escribiendo por encargo (es como hacer los deberes de clase: "me encantaba") y que asume su "falta de musicalidad dentro de mi propia lengua". Para ella sigue siendo válida la noción de gratitud en el arte, aunque los nuevos tiempos no tengan nada que ver con el mundo clásico. Y es que "no existe obra de arte sin el público".

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