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“Resignación, aceptación y tranquilidad”

Asturianos residentes en Francia y en Alemania se toman con paciencia las restricciones y, sobre todo, agradecen que los niños puedan ir al colegio

Un grupo de jóvenes, ayer, junto a la torre Eiffel, fotografiándose sin guardar la distancia social y sin mascarilla. | Reuters

Un grupo de jóvenes, ayer, junto a la torre Eiffel, fotografiándose sin guardar la distancia social y sin mascarilla. | Reuters

De la “libertad, igualdad y fraternidad” la Francia confinada ha pasado a la “resignación, aceptación y tranquilidad”. Es como resume la ovetense Pilar Vigil, residente en Toulouse desde hace diecinueve años, la sensación ante el nuevo confinamiento decretado por el presidente francés, Emmanuel Macron, que se hizo efectivo a las

Vigil, técnica de gestión de fondos y proyectos europeos, reconoce que el anuncio “cayó como una bomba”, pero, pasado el primer impacto y tras un análisis inicial, ella se siente un punto privilegiada porque tiene un buen trabajo y sabe que “hay familias que lo están pasando muy mal”.

En este nuevo confinamiento los colegios siguen abiertos, “lo que supone un gran alivio”. Todos los comercios que no sean esenciales (bares, restaurantes, cines, teatros, gimnasios...) permanecerán cerrados, y el teletrabajo se impone como norma general. Para salir a la calle es necesario un justificante. Eso sí, se puede pasear libremente una hora al día cerca de casa. “En fin...”, resume la ovetense, que explica con cierta esperanza que “dentro de quince días se hará una revisión para ver si se pueden ir abriendo algunas cosas” . Aún mantiene el objetivo de poder viajar a Oviedo en Navidad para ver a sus familiares “y arrancar el nuevo año 2021 con buen pie”, asegura.

Eso fue también lo primero que se le pasó por la cabeza a la abogada ovetense Laura Valero, residente en Francia como Pilar Vigil. Cuando conoció las nuevas medidas de Macron pensó en “coger a los niños, meterlos en el coche e irnos a España antes de que nos confinasen”. No lo hizo por responsabilidades laborales y familiares, y ahora se enfrenta al confinamiento en el país en el que lleva viviendo desde hace casi veinte años. Le agradece al presidente de la República “el sentido común” de dejar abiertos los colegios y permitir salir de casa una hora al día, “porque es fundamental para la salud”. Ella puede teletrabajar, pero con los niños en casa se hace complicado, así que ahora lo tendrá más fácil. Eso sí: es autónoma, y si no hay trabajo no hay ingresos, por lo que entiende las medidas sanitarias, pero también defiende que se mantenga en lo posible la actividad económica.

Quien no puede teletrabajar es el dibujante Alfonso Zapico, Premio Nacional de Cómic y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA. El de Blimea ejerce de profesor de español, aunque no tiene muy claro cómo lo hará a partir del lunes. “Estamos todos un poco perdidos, y me da la sensación de que el Ministerio de Educación está igual”, dice. Les han dicho que los grupos de alumnos serán reducidos y que habrá que ventilar, “pero cuando estemos a tres grados, ¿qué?”.

Los niños regresan el lunes a las aulas, después de dos semanas de vacaciones. Así lo harán las dos hijas de la pintora castrillonense Chechu Álava, quien no tiene muy claro “cuánto durarán en el cole”. Ayer, mientras caminaba por París, pintaba un panorama complicado: “Aquí todos tenemos cerca a alguien que tiene el virus, está muy extendido”, por lo que considera que las nuevas restricciones “se han tomado porque no quedaba otro remedio”. “Los hospitales están supersaturados y no se pueden mandar pacientes a otras provincias como se hizo en la primer ola”, explica. Así que no queda otra que “tirar de la experiencia del primer confinamiento”.

En Alemania las restricciones no son tan duras. Angela Merkel ha pedido a los ciudadanos que se autoconfinen, pero no les obliga. Se pueden reunir grupos de diez, aunque se ha cerrado todo el ocio (bares, restaurantes, cines, teatros...) y a partir del lunes será obligatoria la mascarilla. José Ignacio Colino es de Avilés y trabaja en la factoría de Mercedes-Benz en Stuttgart. Vive la nueva situación “con resignación” y si dirige la vista hacia España piensa que “aquí no estamos tan mal”. Colino señala una ventaja en relación con España: “Los negocios de menos de 50 trabajadores que tengan que cerrar reciben una ayuda estatal que es el 75 por ciento de lo que facturaron el mismo mes del año pasado”. Y también destaca la importancia de que los colegios sigan abiertos: “Lo malo será los fines de semana, cuando los niños no puedan reunirse con sus amigos”, lamenta.

La ovetense Almudena González quemaba ayer los últimos cartuchos cenando con sus amigos en un mexicano en Hannover (Alemania). Trabaja en la Volkswagen y califica de “mazazo” las recientes medidas de Merkel, que son “el último intento para salvar la Navidad”. “Hasta hace quince días estábamos tomando copas y ahora tenemos que llevar mascarillas a todas horas. En España ya estáis acostumbrados, pero aquí no, aunque los alemanes son muy disciplinados y sus grupos de amigos muy reducidos. No les costará mucho”, concluye.

De la “libertad, igualdad y fraternidad” la Francia confinada ha pasado a la “resignación, aceptación y tranquilidad”. Es como resume la ovetense Pilar Vigil, residente en Toulouse desde hace diecinueve años, la sensación ante el nuevo confinamiento decretado por el presidente francés, Emmanuel Macron, que se hizo efectivo a las 00.00 horas de hoy, viernes, y se prolongará por lo menos hasta el 1 de diciembre.

Vigil, técnica de gestión de fondos y proyectos europeos, reconoce que el anuncio “cayó como una bomba”, pero, pasado el primer impacto y tras un análisis inicial, ella se siente un punto privilegiada porque tiene un buen trabajo y sabe que “hay familias que lo están pasando muy mal”.

En este nuevo confinamiento los colegios siguen abiertos, “lo que supone un gran alivio”. Todos los comercios que no sean esenciales (bares, restaurantes, cines, teatros, gimnasios...) permanecerán cerrados, y el teletrabajo se impone como norma general. Para salir a la calle es necesario un justificante. Eso sí, se puede pasear libremente una hora al día cerca de casa. “En fin...”, resume la ovetense, que explica con cierta esperanza que “dentro de quince días se hará una revisión para ver si se pueden ir abriendo algunas cosas” . Aún mantiene el objetivo de poder viajar a Oviedo en Navidad para ver a sus familiares “y arrancar el nuevo año 2021 con buen pie”, asegura.

Eso fue también lo primero que se le pasó por la cabeza a la abogada ovetense Laura Valero, residente en Francia como Pilar Vigil. Cuando conoció las nuevas medidas de Macron pensó en “coger a los niños, meterlos en el coche e irnos a España antes de que nos confinasen”. No lo hizo por responsabilidades laborales y familiares, y ahora se enfrenta al confinamiento en el país en el que lleva viviendo desde hace casi veinte años. Le agradece al presidente de la República “el sentido común” de dejar abiertos los colegios y permitir salir de casa una hora al día, “porque es fundamental para la salud”. Ella puede teletrabajar, pero con los niños en casa se hace complicado, así que ahora lo tendrá más fácil. Eso sí: es autónoma, y si no hay trabajo no hay ingresos, por lo que entiende las medidas sanitarias, pero también defiende que se mantenga en lo posible la actividad económica.

Quien no puede teletrabajar es el dibujante Alfonso Zapico, Premio Nacional de Cómic y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA. El de Blimea ejerce de profesor de español, aunque no tiene muy claro cómo lo hará a partir del lunes. “Estamos todos un poco perdidos, y me da la sensación de que el Ministerio de Educación está igual”, dice. Les han dicho que los grupos de alumnos serán reducidos y que habrá que ventilar, “pero cuando estemos a tres grados, ¿qué?”.

Los niños regresan el lunes a las aulas, después de dos semanas de vacaciones. Así lo harán las dos hijas de la pintora castrillonense Chechu Álava, quien no tiene muy claro “cuánto durarán en el cole”. Ayer, mientras caminaba por París, pintaba un panorama complicado: “Aquí todos tenemos cerca a alguien que tiene el virus, está muy extendido”, por lo que considera que las nuevas restricciones “se han tomado porque no quedaba otro remedio”. “Los hospitales están supersaturados y no se pueden mandar pacientes a otras provincias como se hizo en la primer ola”, explica. Así que no queda otra que “tirar de la experiencia del primer confinamiento”.

En Alemania las restricciones no son tan duras. Angela Merkel ha pedido a los ciudadanos que se autoconfinen, pero no les obliga. Se pueden reunir grupos de diez, aunque se ha cerrado todo el ocio (bares, restaurantes, cines, teatros...) y a partir del lunes será obligatoria la mascarilla. José Ignacio Colino es de Avilés y trabaja en la factoría de Mercedes-Benz en Stuttgart. Vive la nueva situación “con resignación” y si dirige la vista hacia España piensa que “aquí no estamos tan mal”. Colino señala una ventaja en relación con España: “Los negocios de menos de 50 trabajadores que tengan que cerrar reciben una ayuda estatal que es el 75 por ciento de lo que facturaron el mismo mes del año pasado”. Y también destaca la importancia de que los colegios sigan abiertos: “Lo malo será los fines de semana, cuando los niños no puedan reunirse con sus amigos”, lamenta.

La ovetense Almudena González quemaba ayer los últimos cartuchos cenando con sus amigos en un mexicano en Hannover (Alemania). Trabaja en la Volkswagen y califica de “mazazo” las recientes medidas de Merkel, que son “el último intento para salvar la Navidad”. “Hasta hace quince días estábamos tomando copas y ahora tenemos que llevar mascarillas a todas horas. En España ya estáis acostumbrados, pero aquí no, aunque los alemanes son muy disciplinados y sus grupos de amigos muy reducidos. No les costará mucho”, concluye.

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