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Así venció al covid una "superfamilia" asturiana: once positivos bajo el mismo techo

Guillermo Hilla, Paloma Blanc y sus nueve hijos superan el virus tras enfermar a la vez: “Fue angustioso”

Paloma Blanc, con su hija menor (Palomita) en brazos, en Luanco, rodeada por (empezando por la izquierda), Guille, Rocío, Martina, Rodrigo, Lucía (con gafas), su marido, Guillermo Hilla; Alejandra, Álvaro y Gonzalo.

Paloma Blanc, con su hija menor (Palomita) en brazos, en Luanco, rodeada por (empezando por la izquierda), Guille, Rocío, Martina, Rodrigo, Lucía (con gafas), su marido, Guillermo Hilla; Alejandra, Álvaro y Gonzalo.

Guillermo Hilla y Paloma Blanc, padres de familia numerosa, siempre estuvieron “muy concienciados” frente al covid. Sabían que, si uno caía contagiado sin saberlo, caería el resto y, en consecuencia, propagarían el virus “por muchos sitios”. Porque en casa de los Hilla Blanc son, nada menos, que once. Y, a pesar de haber tomado todas las precauciones posibles, pasó. El coronavirus no golpeó a uno ni a dos ni a tres, sino al matrimonio asturiano y a sus nueve hijos. “Nunca habíamos estado todos enfermos a la vez”, recalca Blanc desde Madrid, donde vive desde hace más de veinte años, y en medio de un gran jolgorio. Es lo que tiene ser madre de nueve niños de 18 a un año y cuatro meses: Guillermo, Gonzalo, Álvaro, Lucía, Alejandra, Rocío, Rodrigo, Martina y Paloma. Para todos ellos la cuarentena fue “un rollo y difícil”, pero, en el fondo, dicen, “pasó bastante rápido”.

El primero de los once en sentir los efectos del covid fue Guillermo padre, de 45 años y natural de Soto de Llanera, la urbanización donde siguen viviendo sus padres y donde conoció a su mujer. Fue el viernes día 5 de febrero. “Empezó a encontrarse mal, con dolor muscular. Él nunca se queja de nada, así que me pareció sospechoso. Y el sábado me levanté yo enferma”, relata Paloma Blanc, de 41 años y que hasta los 18 “bailó” por muchos sitios de Asturias, llegando a vivir en Nava, Soto de Llanera y, finalmente, en Luanco. En la capital gozoniega es donde veranea esta superfamilia. “Llamé a una amiga médica que hace pruebas de antígenos por las casas –explica volviendo a su experiencia con el coronavirus–. Siete salimos positivos y cuatro negativos, pero fueron falsos negativos, porque el lunes fuimos al centro de salud y los once dimos positivo en las PCR”.

En su cuerpo tenían cepa británica y todavía hoy desconocen cuál fue el origen del brote. “Como todos enfermamos a la vez, no sabemos quién fue el paciente cero. De forma consciente, no tuvimos contacto con ningún infectado. Así que fue en el día a día y cumpliendo con las medidas de seguridad”, afirma Paloma Blanc. Esto demuestra, agrega, que con la cepa británica ya solo vivir “tiene sus pequeños riesgos”. El matrimonio fue el que peor lo pasó: tuvo una “gripe fuerte y muy larga”. “Lo tremendo fue que los once caímos a la vez. Diez tuvimos síntomas y solo uno (Rodrigo, el séptimo) fue asintomático. Hasta el día 9 seguimos encontrándonos mal”, dice.

Los once test de antígenos realizados a la familia Hilla Blanc

Lo peor de la cuarentena, describe Blanc, fue “la angustia ante un posible empeoramiento” de sus hijos. “Los médicos que nos llamaban nos pedían que vigilásemos a los críos, porque entre el sexto y octavo día podrían sufrir un empeoramiento. Y eso fue muy angustioso”, aclara Paloma, periodista y ahora trabajadora de una empresa educativa. Guillermo Hilla, por su parte, es economista.

Lo de menos fue la organización en casa. “Los hijos mayores ayudaron bastante y establecimos turnos de recogida de la cocina. Y si uno se encontraba peor, pues descansaba. Cuando Guillermo me veía mal, me llevaba a la cama y me ponía una manta eléctrica. Y lo mismo yo con él. Fue un rollo, fue difícil, pero al final pasó bastante rápido”, admite.

"Fue un rollo, fue difícil, pero al final pasó bastante rápido”, resume la madre de familia de numerosa

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Hasta que llegó el día más esperado: el del fin del confinamiento. Fue el pasado viernes, aunque, en realidad, siete de ellos ya podían haber salido de casa el martes. “Preferimos esperar a salir todos juntos”, afirma Blanc.

–¿Y qué fue lo primero que hicieron?

–Ir al cole. Lo que más deseaban los niños era ver a sus amigos y volver a clase. Recuperar la rutina, en definitiva.

Paloma Blanc, además de periodista, es “instamamá”. Acumula 138.000 seguidores en su cuenta @7paresdekatiuskas, que creó cuando tenía siete hijos, y es autora de un libro con el mismo título, en el que relata “la maravillosa aventura de ser madre” de familia numerosa. Y en las redes sociales contó, por supuesto, el contagio de los once. “Aporté mi experiencia porque creo que se habla mucho de cifras, pero no de cómo se pasa el virus en tu domicilio. Ahora me escribe mucha gente, tras dar positivo, para saber cómo lo pasamos nosotros”, explica. Y es que, con once enfermos en casa, puede decirse que Blanc tiene un máster en esto de cuarentenas y el covid.

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