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La doble conexión española de Felipe de Edimburgo, el perfecto caballero inglés nacido Príncipe de Grecia y Dinamarca

El Duque, tío de Doña Sofia y primo lejano de Don Juan Carlos, nunca reinó pero siempre ejerció el mando en la familia

a Reina y el Duque con sus hijos, los Príncipes Andrés y Carlos, en 1972 en Balmoral.

a Reina y el Duque con sus hijos, los Príncipes Andrés y Carlos, en 1972 en Balmoral.

Le llamaban “Phil el Griego” pero no tenía una gota de sangre helena en sus venas. Felipe de Edimburgo, nacido el 10 de junio de 1921 en la cocina de Mon Repos, la casa de la familia real griega en Corfú, tan querida por su sobrina la Reina Sofía de España, nunca fue Rey sobre el papel, pero siempre mandó en su casa. Si alguien hacía callar a Isabel II, ese era él, el apuesto primo del que la joven Lilibeth se prendó a primera vista y que falleció hoy a los 99 años

Su padre, el príncipe Andrés de Grecia, era -al igual que Pablo, el padre de Doña Sofía-, hijo del rey Jorge I de Grecia, un príncipe danés que con 17 años fue elegido monarca por la Asamblea Nacional griega. Felipe pertenecía por tanto a la casa real de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg. Por parte materna era nieto de la Reina Victoria. Su madre, Alice de Battenberg, era prima hermana de Victoria Eugenia de España, abuela de Juan Carlos I, por lo que siempre mantuvo una doble vinculación con la Casa Real española. El Cuerpo de la Nobleza de Asturias manifestó sus condolencias ante el fallecimiento del Príncipe, también vinculado a la Corporación de la que la Reina Isabel es protectora. 

Felipe de Edimburgo apenas tenía nueve años cuando a la madre le diagnosticaron esquizofrenia. La princesa Alicia pasó parte de su vida en un sanatorio mental y se ordenó monja ortodoxa. Sus últimos años vivió en Londres, cerca de su hijo. El príncipe Andrés se trasladó a Montecarlo con su amante y Felipe creció al amparo de su tío Luois, Lord Mountbatten, virrey de la India y preceptor del príncipe Carlos.

Un momento esencial fue la estancia en la Escuela Gordonstoun de Escocia, fundada por Kurt Hahn, creador del internado de Gales en el que estudiará la princesa Leonor. Felipe aprendió a navegar y fue capitán de los equipos de hockey y cricket.

Isabel II se refirió a él como su "fuerza y ​​permanencia". Juntos viajaron por el mundo entero, eran el tándem perfecto: “S.M. la Reina y Su Alteza Real el Duque de Edimburgo". Compartían una fuerte ética de trabajo y encarnaban los valores del deber, el sacrificio y la lealtad grabada a fuego en esa generación de la Segunda Guerra Mundial. Dado que dos de sus hermanas se habían unido al partido nazi en la década de 1930 y un cuñado era un oficial de las SS, Felipe de Edimburgo fue ampliamente cuestionado. Los problemas se recrudecieron cuando Isabel sucedió a su padre como monarca en febrero de 1952. Los secretarios privados de la nueva reina trataron a Felipe con desdén.

Usando su iniciativa y las habilidades de liderazgo perfeccionadas en Gordonstoun y en la marina, se labró un papel, o como él mismo dijo: "Traté de encontrar algo útil que hacer". En primer lugar, se propuso reformar el Palacio de Buckingham, "arrastrando a parte del personal al siglo XX", según su propio secretario privado, Mike Parker. También ideó un programa de compromisos y deberes reales que le permitieron visitar lugares y conocer gente a la que la Reina no podía acceder. Nació griego pero murió tan inglés como el Puente de Londres.

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