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Scarlett cede el testigo

Marvel necesitaba ponerse las pilas urgentemente a la hora de dar espacio a sus heroínas dentro de su testosterónico universo. Primero fue Capitana Marvel y ahora es el turno de Viuda Negra, que sirve para ajustar las cuentas pendientes con un personaje, el de Natasha Romanoff que no siempre ha estado a la altura de las circunstancias en el resto de las películas de la franquicia.

Y eso parecía ser Viuda negra, un despliegue para el entero lucimiento de Scarlett Johansson, para que la actriz pudiera coger realmente las riendas de un personaje que la ha acompañado en los últimos diez años y brillar sin distracciones. Sin embargo, la película no le ofrece demasiadas posibilidades para imponerse como debería, sirviendo en realidad para darle el relevo a Yelena Belova, interpretada por Florence Pugh, que se convierte en la auténtica protagonista.

No es la única contradicción en la que cae una de las películas más prefabricadas y autómatas de las últimas fases marvelitas. Intenta meter humor, acción rutinaria, cine de espías, trama familiar, y ninguna de las partes termina de funcionar más allá del tándem que forman Rachel Weisz y David Harbour.

Pero quizá lo más postizo de la trama sea ese intento desesperado de introducir el MeToo a toda costa en una narración que necesitaba desesperadamente tener un discurso para cobrar algo de sentido. Lo hace a través del villano, ruso, cómo no, que encarna Ray Winstone, que se convierte, sin venir mucho a cuento, en un émulo de Harvey Weinstein que, desde su sala de control se encarga de eliminar la voluntad de las mujeres que caen en sus manos. Así surgen las viudas negras, de la dictadura del patriarcado. Y aunque la idea no sea del todo mala, su formulación resulta demasiado tosca.

La directora Cate Shortland se esfuerza como puede en dotar de entidad a la película, y lo intenta especialmente a la hora de hablar de los vínculos entre los miembros de esa familia muy disfuncional. En cuanto a las escenas de acción, son pura mecánica, bastante toscas, machaconas y aburridas.

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