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Silvia Dalla Benetta Soprano, debuta en Oviedo el día 6 con la ópera “Nabucco”

“Yo en el escenario no interpreto un papel, lo vivo, y acabo consumida”

“El primer día que puse un pie en el escenario del Campoamor noté la fuerza de este teatro, es como una droga; ahí me salió toda la energía”

Silvia Dalla Benetta, en el salón de té del teatro Campoamor. | Irma Collín

Silvia Dalla Benetta, en el salón de té del teatro Campoamor. | Irma Collín

La soprano Silvia Dalla Benetta afronta en Oviedo uno de los roles más complicados del repertorio operístico. Será la Abigaille en la “Nabucco” de Emilio Sagi que abrirá la temporada de ópera de Oviedo el próximo 6 de septiembre.

–Acaba de recibir el premio “Abbiati” en el Teatro Regio de Parma por su Lady Macbeht.

–Sí. Ha sido muy emocionante porque fue un trabajo que me costó mucho esfuerzo. Me llamaron cinco días antes del estreno para hacer Macbeth en francés. Tuve que estudiar diez horas al día con un coach y por las noches hacías las correcciones, prácticamente no dormía. Estaba haciendo un concierto de la Novena Sinfonía de Beethoven y me llamaron para hacer “Lady Macbeth” que hacía dos años que no hacía. Fue muy difícil prepararlo en tan poco tiempo. Al principio no quería hacerlo, me parecía que era una locura pero me conocían y pensaron que yo estaba lo suficientemente loca para hacerlo.

–Cinco días intensos de aprenderse el rol de Lady Macbeth en francés después de meses de parón por la pandemia.

–Llevaba sin hacer nada desde febrero. Estaban cerrados todos los teatros y me dediqué a la agricultura, a la cocina y a la panadería. Me faltaba el entrenamiento vocal pero también el emotivo, esa tensión necesaria para estar en el escenario. Regresé a Parma para hacer ese papel; si no, lo primero que haría sería este “Nabucco” en Oviedo.

–Entonces, viene entrenada.

–El primer día que puse un pie en el escenario del Campoamor noté esa fuerza, es como una droga. Ahí salió todo.

–Ahora afronta el rol de Abigaille, bastante complicado.

–Mucho más que Lady Macbeth, que tampoco es simple pero no es agresivo, es más de belcanto. Abigaille te obliga a estar siempre en tensión, eres un tigre en el escenario. Es un rol que requiere muchísima energía, tienes el cuerpo en permanente tensión y eso crea mucha fatiga. Yo no interpreto el rol, lo vivo, y acabo consumida.

–¿Cómo se entrena para ese esfuerzo?

–No soy muy deportista pero me cuido. Camino mucho, siempre subo por las escaleras en vez del ascensor.

–¿Cómo lleva la mascarilla a la hora de cantar?

–No me arriesgo a cantar con ella. La quito justo en el momento de cantar, no puedo hacerlo con ella. Veo al coro cantar con mascarilla y me parecen bravísimos.

–En Parma tuvo cinco días para estudiar, en Oviedo tiene algo más de tiempo.

–Aquí el trabajo es más tranquilo. Es todo muy emocionante pero es más relajado.

–Es su primera vez en la ciudad.

–Sí. Gianluca Marciano, el director musical de este “Nabucco”, me había dicho que me sentiría como en casa y es verdad. Desde el primer momento me sentí muy bien acogida desde el primer momento. Un teatro como el Campoamor lo hacen las personas y aquí la energía es muy bella, eso se nota.

–¿Qué le parece la producción de Emilio Sagi?

–Es maravillosa. Muy limpia pero al mismo tiempo muy fuerte. Y Emilio es maravilloso, un hombre tranquilo, muy amable con todo el mundo. Y le aseguro que cuando trabajas en un teatro te puedes encontrar de todo.

–Hizo “Semiramide” con Simón Orfila, ¿conocía a sus compañeros de reparto?

–Con Simón trabajé en Bilbao. Lo mismo que con “Macbeth”, me llamaron para que fuese al día siguiente y tuve que estudiarme el papel. “Semiramide” no es una ópera de repertorio como “La Traviata” que te sabes el rol de memoria. Con Antonio Gandía había hecho un concierto en China. Al resto no los conocía. No sé quien ha hecho el casting pero son todos personas normales. Es que no soporto a los divos, y aquí no hay ninguno, y le aseguro que el divismo sigue existiendo en el mundo de la ópera. Enseño canto en una academia de Venecia, en la misma que yo estudié, y siempre les digo a los alumnos que lo más importante es la humildad. Si podemos ganar un sueldo cantando deberíamos estar dando gracias continuamente. Les digo que son unos afortunados, que se imaginen a la gente que tiene que ir todos los días a una fábrica.

–¿Le gusta enseñar?

–Mucho. Pero es más difícil que estar en el escenario. Cuando canto soy responsable de lo que yo hago pero cuando formo a un cantante soy responsable de su voz.

–Volviendo al principio. Decía que esta sería su primera actuación tras el confinamiento sino fuese por el “Macbeth”. ¿Qué hizo durante ese encierro?

–Recuperé mi afición por la pintura. Estudié Bellas Artes y siempre quise hacer pinturas de las obras que representaba. Así que lo hice con “Macbeth”.

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