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Carrère: “Muchos juicios de grandes pensadores de ayer se condenarían hoy”

“Me indigna mucho el alcance increíble de la desdicha social, la desigualdad y la miseria económica y política”

Emmanuel Carrère. | Muel de Dios Tino PERTIERRA

Muel de Dios Emmanuel Carrère.

No es Emmanuel Carrère muy efusivo en sus declaraciones, pero ayer hizo un pequeño paréntesis en su austeridad expresiva para dar un inicial barniz de entusiasmo a la madrugadora rueda de prensa telemática que ofreció desde Oviedo con motivo del premio “Princesa de Asturias” de las Letras. “¡Cuánto me alegra estar aquí! Me alegra muchísimo. Es un inmenso honor recibir este galardón”.

Un apunte a modo de prólogo: el autor de libros como “El adversario”, “El reino” o “Yoga” afirmó que nunca se ha autocensurado, pero dado el tipo de obras que hace, a medio camino entre la ficción y la realidad, no descarta que en un futuro deba hacerlo. “Muchos juicios de grandes pensadores del pasado se condenarían hoy en día”, señaló.

El autor de “Limónov”, vestido con informal sobriedad (chaqueta azul y camisa vaquera) es escueto y preciso, preciso y tajante, tajante y reflexivo como su prosa. De rostro impenetrable y mirada escrutadora. Intimida y, al mismo tiempo, invita a la confianza con una cordialidad mesurada. Abrió juego literario a una pregunta de LA NUEVA ESPAÑA: en “Yoga” recuerda su admiración por los pocos hombres que son conscientes de que vinieron a la Tierra solo para contemplar el cielo. ¿Aspira tal vez a ser uno de ellos?

“Aspiro a serlo, sí, pero existe una categoría de personas que tienen una aspiración a la unidad durante toda su vida. Yo, sin embargo, soy una persona muy dividida. Probablemente nos pasa a todos. Es el tema del libro: la manera en la que podemos aspirar a la unidad pese y también gracias a nuestras divisiones, que son el sino del ser humano”. Una división que multiplica sus posibilidades para acechar a los seres humanos y explorar sus sombras sin miedo a lo que encuentre en ellas.

“Llevo mucho tiempo sin poner ‘novela’ a mis libros, no me gusta etiquetarlos”

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¿Alguna vez se ha autocensurado un escritor tan audaz y poco dado a poner paños calientes a sus palabras? Hasta el momento, no, “en ningún momento, pero creo que cuanto más pasa el tiempo más crece el riesgo de tener que hacerlo. Es verdad que hay muchos juicios por parte de grandes escritores y grandes pensadores que hoy en día se condenarían. Yo, hasta ahora, no me he encontrado en la situación de tener cuidado, quizá por el tipo de literatura que escribo. ‘Yoga’ es un relato autobiográfico en el que aparecen algunos aspectos poco halagüeños respecto a la experiencia humana. A lo mejor hubiera debido ser más prudente. No lo he sido y es mejor así. Nunca se sabe lo que nos deparará el futuro”.

Recordemos: el escritor retiró algunos extractos de la obra al no conseguir el consentimiento de su ex esposa para ser mencionada en las páginas. El contrato firmado con ella “seguramente” no lo publicará nunca porque prefiere “pasar página”. Y punto. Asunto zanjado y mejor no darle vueltas para no ver incendiarse su sosegada mirada.

Carrère, que no podrá presentar hoy como estaba previsto en la Fábrica de Armas de Oviedo su película “En un muelle de Normandía”, dijo sentirse tan cómodo trabajando con los personajes de su obra literaria como con los actores, ya sean profesionales o, como sucede en su última cinta, cuando los hay amateur. “Los personajes de un libro obedecen sin rechistar, pero el tipo de libro que yo escribo tiene unos personajes que no suelen salir de la imaginación y, por tanto, surgen cuestiones bastante parecidas a cuando se dirige a actores”, añadió. Ha hecho dos películas, y en ambas ha tenido relaciones “amigables y de confianza”, ya sean intérpretes profesionales o no.

Preguntado por los temas que más le indigna ver en las noticias del día, el autor apeló al “alcance increíble de la desdicha social”, sobre todo la vinculada con la “desigualdad y la miseria económica y política. Eso me indigna mucho, como a cualquier ciudadano que lea la prensa. Es la diferencia entre lo que uno puede remediar y lo que no, como las enfermedades o las catástrofes naturales”.

Carrère reconoció que no tiene previsto por el momento volver a la ficción: “No forma parte de mis proyectos inmediatos, puede que regrese, nada es imposible pero no próximamente”.

“Un juicio es adictivo, los periodistas que lo cubren no lo cambiarían por nada”

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Insistamos en sacarle proyectos. ¿Tal vez le inspire la pandemia en el futuro? “Para mí no está a la orden del día, pero está claro que supone un reto para todos los escritores y realizadores y personas que aspiren a dar una representación realista de lo que ocurre en el mundo. Hoy por hoy, que yo sepa, aún no ha salido ninguna serie, película o libro sobre ello, pero seguramente llegará porque se trata de un acontecimiento mundial de gran calibre”.

No le desagrada que consideren su obra como una manifestación de “nuevo periodismo” (corriente periodística de los años 60 que daba gran libertad expresiva a los autores) aunque… “En Francia, y no sé si en España, bajo el título de un libro se suele poner un nombre: novela o lo que sea. Yo llevo mucho tiempo sin poner ‘novela’. Para mí toda la literatura se trata de novela, ficción, no ficción, autoficción, nuevo periodismo, pero no me gusta etiquetar, prefiero llamar a todo eso narrativa, relatos, libros...”.

Un buen ejemplo de ello sería su cobertura del juicio contra los autores de los atentados islamistas de 2015 en París, un proceso que durará un año y que el escritor está relatando para “Le Nouvel Observateur”, siguiendo así la estela del gran éxito logrado con “El adversario”, un viaje a los infiernos en compañía de Jean-Claude Romand, el hombre que asesinó a su esposa, sus hijos y sus padres, y que hizo de Carrère un privilegiado observador de la condición humana, con enorme éxito de crítica y público. Es el actual un trabajo de dedicación plena, una actividad que “probablemente dará lugar a un libro. Pero no tengo que decidirlo ahora. Ya veremos”.

“Es muy diferente el juicio de Romand. Este era un juicio penal y ahí estaban en juego unas relaciones humanas y psicológicas entre personas que se conocían. Ese vínculo fuerte e íntimo es lo que estaba detrás de esta historia tremenda. Estos atentados, en cambio, están en las antípodas de aquel, porque no hay vínculo entre los asesinos y los asesinados. No solo no se conocían, sino que los asesinados no podían imaginar la existencia de estos asesinos. Fueron asesinados de manera arbitraria, que es casi la propia definición de terrorismo. Lo que resulta aterrador es que no se puede olvidar que no existe ninguna razón que pueda explicar el crimen, y ya no digo justificar”. “Un juicio”, señaló, “ tiene una dramaturgia muy fuerte. Es incluso adictivo. Los periodistas que siguen los procesos judiciales no cambiarían su actividad por nada en el mundo. El juicio de Romand llevó os semanas, y este durará nueve meses”.

Carrère está leyendo la obra “Eichmann en Jerusalén”, de Hannah Arendt, y no es una lectura casual: “Ella desarrolla en este texto esa noción controvertida respecto al nazismo y la banalidad del mal, y claro uno tiene que hacerse esta pregunta al estar siguiendo los atentados de 2015, puesto que, cuando vemos a esos hombres acusados nos damos cuenta de que son figuras que no están a la altura del mal. Por eso cabe hacerse la pregunta de la banalidad. Y no sé muy bien qué contestar”.

¿Alguna frase del budismo le inspira? “Sí, hay una que he citado en varios libros. Dice: el hombre que se cree superior, inferior o igual a otro, no conoce la realidad. Es una frase que contiene una inmensa verdad. Es obvio que hay una jerarquía en los logros humanos, pero detrás de esa obviedad también está esa verdad”.

Hay una frase de Freud a la que Carrère recurre habitualmente: “La salud física es amar y trabajar”. ¿Lo comparte? “Sí. Es muy convincente y práctico. Hay otra frase que también comparto: la salud psíquica o el resultado satisfactorio de un análisis es pasar de la desdicha neurótica a la corriente. La corriente es algo que no podemos evitar, forma parte de la condicón humana: la muerte de seres queridos, la enfermedad, la agresión exterior.... La neurótica es lo que uno mismo se fabrica, eso es lo que en principio de forma ideal el psicoanálisis puede abordar”.

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