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Beatriz Domínguez-Gil | Directora de la Organización Nacional de Trasplantes

Beatriz Domínguez-Gil: “El xenotrasplante es una posibilidad real, los próximos años veremos grandes avances”

“En plena pandemia, en España había unos niveles de trasplantes que superaban con creces los de otros países antes del covid”

Beatriz Domínguez-Gil, ayer, en el Hotel de la Reconquista. | Miki López

Beatriz Domínguez-Gil (Santiago de Compostela, 1971) dirige, desde 2017, la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). De ascendencia asturiana, la reputada nefróloga está en Oviedo como miembro del jurado del premio “Princesa de Asturias” de Cooperación Internacional.

–¿Cómo estamos en niveles de trasplantes?

–En 2019 alcanzamos nuestro máximo histórico en donación y trasplantes en España, y con niveles incomparables en otro país del mundo. En 2020 se produjo un descenso importante en la actividad como consecuencia de la covid, algo que ocurrió en la gran mayoría de países.

–Un parón general en la medicina, ¿no?

–Sí, claro. El impacto fue importante, a pesar de lo cual terminamos con unos niveles de actividad que superaban con creces los de cualquier país de nuestro entorno en época prepandémica. Es decir, que aunque se produjo un descenso importante en 2020 el programa dio muestras de su capacidad de adaptación y de resistencia, porque consiguió unos niveles de actividad que habrían sido envidiables para cualquier país incluso en época normal. En 2021 experimentamos un crecimiento y en lo que llevamos de 2022 se ha producido un incremento de aproximadamente un 10-11% en estos cinco primeros meses del año en comparación con los del año anterior.

–¿Cuáles son las razones que explican que estemos tan bien en relación a los países del entorno?

–Son tres pilares los que justifican el éxito de España en donación y en trasplante. En primer lugar, somos un pueblo muy solidario pero también es cierto que no somos necesariamente más solidarios que países vecinos. O sea, es una población evidentemente solidaria, pero si nosotros no somos capaces de canalizar esa solidaridad y de organizar el proceso de donación por mucho que las personas quieran, esa donación no se produce. Un segundo elemento importante es nuestro Sistema Nacional de Salud, público y de carácter universal, lo que permite que cualquier persona que necesite un tratamiento tan sofisticado como es el trasplante puede acceder a ello sin ningún tipo de discriminación. Y el tercer elemento, el que nos hace realmente ejemplares a nivel internacional, en realidad es un modelo organizativo y de gestión, que se conoce internacionalmente como el Modelo Español de Donación y Trasplante. Básicamente hemos organizado un proceso de alta complejidad que es el proceso de donación a partir de una persona que fallece, teniendo en cuenta que hay muy pocas personas que fallezcan en condiciones de ser donante.

–¿Cuáles son esas condiciones?

–Para ser donante hay que fallecer en una Unidad de Cuidados Intensivos y conectado a ventilación mecánica, y no tener por supuesto contraindicaciones a la donación. Solo entre un uno y un dos por ciento de las personas que fallecen en un hospital lo hacen en condiciones de ser donantes. Luego, si el modelo no está concebido para identificar esas condiciones excepcionales de fallecimiento de forma sistemática, por mucho que las personas quieran donar, la donación no ocurre. Nosotros lo que hemos hecho es crear unidades de coordinación de trasplantes dentro de los hospitales donde hay una presencia muy importante de los intensivistas (porque es en las UCI donde van a aparecer los potenciales donantes), a los que dotamos de formación con una evaluación continuada de resultados y un soporte por parte de las Comunidades Autónomas y de la ONT que es lo que hace que el modelo funcione adecuadamente. Junto, en los últimos años, con una gran capacidad de innovación.

–¿Innovación en qué sentido?

–En los últimos años se ha producido un descenso de la mortalidad por tráfico, se han reducido también los fallecimientos por patologías neurocríticas, y nuestros potenciales donantes son de edad más avanzada. Luego, para seguir aumentando la actividad de trasplantes hemos tenido que poner en marcha líneas innovadoras como por ejemplo el trasplante de órganos de personas de edad avanzada o muy avanzada, o con diferentes patologías ahora que tenemos tratamientos. Por ejemplo, donantes con hepatitis C. Ahora estamos trasplantando también órganos de donantes covid porque ya hemos visto que la posibilidad de que esto se transmita a través de un trasplante que no sea de pulmón es remota. Luego está la colaboración con los servicios de urgencia: lo que se llama la “donación en asistolia”, se ha disparado en los últimos años, y ya representa el 35% de nuestros donantes.

–¿Qué es?

–Es la donación a partir de personas que fallecen tras una parada cardiorrespiratoria irreversible; donantes de los que hemos conseguido trasplantar todo tipo de órganos gracias a terapias o técnicas de preservación muy sofisticadas que nos han permitido trasplantar incluso en los dos últimos años corazones de personas fallecidas tras una parada cardiorrespiratoria. Hablamos, por tanto, una serie de innovaciones que a pesar de que tenemos cada vez menos potenciales donantes y de edad más avanzada, nos han permitido seguir creciendo en donaciones y seguir dando oportunidades de trasplante a nuestros pacientes.

–La posibilidad de usar órganos de animales en humanos. ¿Como ve esta técnica?

–El xenotrasplante, el trasplante entre especies, que ahora se centra en el trasplante de órganos de cerdos modificados a humanos, si me preguntan hace tiempo lo veía como algo todavía difícil de alcanzar, pese a que se trabaja en ello desde hace décadas. Pero en los últimos meses se ha producido un salto cualitativo muy importante gracias a esa modificación genética que permite que esos órganos se hagan más tolerables para el ser humano, que se hagan más invisibles para el sistema inmune del ser humano. Se han modificado para eliminar proteínas que no sintetiza el ser humano y que siempre las reconoce como extrañas, lo que antes generaba, en intentos previos de xenotrasplante, lo que se denominaba el rechazo hiperagudo, que llevaba a la destrucción inmediata del órgano. También se han modificado genéticamente esos cerdos para que de alguna forma “se humanicen” y reducir el riesgo no solo del rechazo hiperagudo sino del rechazo agudo, y alguna otra modificación genética como por ejemplo para evitar el crecimiento excesivo de ese órgano una vez trasplantado.

–Habla de avances en los últimos meses.

–Se han hecho dos procedimientos en personas en muerte encefálica donde se ha visto que esa modificación genética evitaba el rechazo hiperagudo, y esos órganos eran capaces de funcionar durante horas. Pero la prueba de concepto ha venido por el trasplante de un corazón de cerdo a humano, el que se efectuó en Maryland. Desgraciadamente, el receptor falleció dos meses después, por algo que creo que puede ser evitable en el futuro, que es una infección causada por un citomegalovirus porcino, pero lo cierto es que se ha dado un salto cualitativo importante que nos hace vislumbrar el xenotrasplante como una posibilidad real.

–Ya no es ciencia-ficción.

–No. Yo creo que vamos a asistir realmente a una progresión en el ámbito del xenotrasplante en la próxima década seguro. Es cierto que hacen falta estudios bien diseñados que demuestren la eficacia y la seguridad de estas terapias y que no solo funcionen a corto plazo, sino también a medio y largo plazo. Pero creo que sí vamos a ver grandes avances en los próximos años.

–¿Y en lo relativo a los órganos bioartificiales?

–Es un ámbito muy atractivo porque no solamente permite generar de alguna forma órganos a la carta, y por lo tanto solventan el problema de la escasez de órganos para cubrir la demanda, sino que además se desarrollarían esos órganos utilizando células del propio receptor, por lo que teóricamente podría llegarse a un trasplante sin inmunosupresión. Pero yo creo que esto todavía vamos a tardar un poco más en verlo, el xenotrasplante sí que es más real y más cercano.

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