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Julio Bruno Directivo asturiano, publica el libro "Pasión de liderazgo"

"Jamás llamaría líder a una persona que tiene un comportamiento tóxico"

"La confianza es fundamental para un buen liderazgo, y no puede existir confianza sin respeto"

Julio Bruno.

El gijonés Julio Bruno es "español de nacimiento, americano por elección y residente británico". Desde el año 2015 hasta octubre de 2021 desempeñó su labor profesional en "Time Out Group" donde lideró la expansión internacional de los "Time Out Markets" de Nueva York a Dubái. También dirigió la transformación digital de la marca de medios "Time Out". Fue vicepresidente global de ventas de TripAdvisor, vicepresidente de Travelport para Canadá, América Latina y el Caribe y director general de Travelport para Europa Continental y América del Sur. Actualmente, preside Mercato Metropolitano, el primer mercado sostenible comunitario en Londres y ha sido nombrado director de la junta directiva de Pacha Group. Colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, ahora publica el libro "Pasión de liderazgo".

–¿El líder nace o se hace?

–Un líder se hace, absolutamente. Es cierto que nuestro carácter natural y nuestras habilidades influyen y que hay personas que parecen tener una capacidad de liderazgo nata. Pero también es verdad que tenemos la capacidad de moldear nuestro carácter y de desarrollar habilidades. Eso hace que todos tengamos la capacidad de ser líderes, si sabemos despertar ese "yo" valiente y decidido que llevamos dentro.

–¿De qué pasta está hecho un verdadero líder?

–Existen muchas formas de ser un verdadero líder, eso es lo primero que debemos tener claro. Porque el buen liderazgo nace de la autenticidad y un buen líder debe serlo sin perder su esencia y aquello que le hace único. Antes la idea del líder se identificaba con seriedad, autoritarismo, dureza, intransigencia, y en demasiadas ocasiones con el género masculino… pero eso está cambiando. El líder de hoy es motivador, empático, con las ideas claras y un propósito definido que contagia a su organización para la consecución de los objetivos acordados. Los líderes hoy son personas de cualquier género, preparadas para afrontar los retos que una líder o un líder se va a encontrar en la consecución de su trabajo y de su vida. Hemos aprendido que hay una forma mejor de ser líder y que esa nueva forma, más humana, no solo ayuda a alcanzar un éxito mayor, sino que también hace que ese éxito venga acompañado de una tremenda realización personal. La buena líder es valiente, decidida, está en constante aprendizaje y es exigente con los demás, pero aún más consigo misma. También sabe escuchar y cuida a aquellos que están a su lado. Un buen líder no ordena, sino que guía, inspira y, como muy bien dice su nombre, lidera.

–¿Cuál es el primer paso para serlo?

–El primer paso para ser un líder es conocerse a uno mismo. Detectar tus virtudes te ayuda a ver por dónde debes iniciar tu camino y qué puedes poner al servicio de la sociedad. Mientras tanto, detectar tus defectos te ayuda a mantener una base innegociable del buen líder: la humildad.

–¿La ética ayuda o perjudica a un aspirante a líder?

–La ética no solo ayuda, sino que es indispensable. Un líder sin ética no es líder, es un dictador en miniatura.

–¿El líder quiere que sus empleados le respetan o que le teman?

–Un líder quiere que sus empleados le respeten y respeta a sus empleados. La confianza es fundamental para un buen liderazgo y no puede existir confianza sin respeto. Un buen líder consigue que todo su equipo reme en la misma dirección y se sienta parte del proyecto y eso es imposible sin respeto.

–¿La imaginación es poder?

–La imaginación es una herramienta maravillosa, pero su verdadero poder reside en la forma en la que decidimos emplearla. Hay personas más imaginativas y otras que no lo son tanto. Estas últimas tienden a pensar que no pueden emprender porque no tienen ideas ingeniosas capaces de transformar el mundo. A esas personas les diría que, con dedicación, trabajo y voluntad, solo hace falta una gota de imaginación para alcanzar el éxito. Eso mismo se podría aplicar a esas personas ingeniosas, a las que no les cuesta demasiado tener una gran idea. Porque deben tener claro que esa idea hay que trabajarla para que se convierta en algo capaz de cambiar el mundo. El paradigma de pensar fuera de la caja ya no sirve, yo aconsejaría pensar como si no hubiera una caja que nos limite.

–¿Sin plan no hay camino?

–Absolutamente. Hasta el liderazgo más creativo necesita una planificación y ninguna persona que haya alcanzado el éxito lo ha hecho improvisando. El liderazgo es trabajo, esfuerzo, estrategia y mucha pasión, pero todo ello con un plan que nos lleve a ese destino.

–¿El aprender no ocupa lugar?

–Ocupa un lugar en nuestro cerebro, pero, afortunadamente, su capacidad de almacenamiento es casi infinita. Por eso un buen líder nunca deja de aprender. Leer, escuchar podcasts, consultar al equipo y aprender de todos, ver vídeos formativos, estudiar..., es tarea diaria de un buen líder y de cualquier persona que quiera ser hoy un poquito mejor que ayer. Al final todos debemos intentar ser nuestra mejor versión.

–¿La intuición es una aliada?

–La intuición es muy poderosa y es algo que debemos tener muy en cuenta porque, muchas veces, nuestro subconsciente detecta señales que nuestro cerebro consciente no ve. A la intuición hay que ejercitarla, como hacer gimnasia, para que crezca y mejore. Sin embargo, no podemos dejárselo todo a la intuición, sino que debemos coordinar intuición y razón.

–¿Cómo detectar a los líderes tóxicos?

–Un líder tóxico no escucha al equipo, no tienen en cuenta sus aportaciones y siempre necesita que las cosas se hagan como él dice. Además, puede comportarse como un tirano o jugar la baza del victimismo y hacer que los demás se sientan mal por sacar a la luz algún error suyo. También suelen ser personas que no tienden a hacer equipo, ya sea porque cambian constantemente de empleados o porque fomentan la rivalidad entre ellos, haciendo del trabajo una competencia. Muchas veces, estos líderes tóxicos faltan al respeto a sus empleados, ya sea de forma descarada (con insultos, desprecios, avergonzándolos en público...) o de una forma más velada (no respetando sus descansos, ignorando sus aportaciones...). De todas formas, yo jamás llamaría líder a una persona que tiene un comportamiento tóxico. Podemos llamarle jefe, pero no líder.

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