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Amelia Gamoneda Lanza Catedrática de Literatura Francesa de la Universidad de Salamanca, editora de la antología poética de Olvido García Valdés, «La caída de Ícaro» (2022)

"La poesía de Olvido García Valdés reúne al tiempo lo instintivo y la gran cultura"

"Es difícil usar el lenguaje de todos de manera que se pueda distinguir en él algo propio; solo lo logran algunos escritores, y ella lo logra"

Amelia Gamoneda. En el recuadro, Olvido García Valdés.

Una asturiana, en la cumbre de la literatura iberoamericana

Este miércoles, 30 de noviembre, en el Palacio Real de Madrid la escritora asturiana Olvido García Valdés recibirá uno de los grandes premios de literatura: el XXXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Un galardón convocado desde 1992 por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca que reconoce el conjunto de la obra poética de un autor vivo que constituya una aportación relevante al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España. Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, 1950) es poeta, ensayista y traductora. El jurado destacó su “sintaxis enteramente personal, con la que busca despojamiento, desnudez y esencialismo”.

Amelia Gamoneda es catedrática de Literatura Francesa en la Universidad de Salamanca y buena conocedora de la poética de la asturiana Olvido García Valdés. Ahora lo es un poco más porque ha colaborado con la escritora praviana en la edición de su antología poética, "La caída de Ícaro" (2022), una publicación que se acompaña al hecho de haber ganado, este año, el XXXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. La misma labor, el estudio del poeta ganador y la edición de la antología, la hizo también cuando su fue padre, Antonio Gamoneda, quien obtuvo el Reina Sofía en 2006.

–Le ha correspondido hacer la antología poética de Olvido García Valdés, vieja conocida suya. ¿Cómo llega a la poeta asturiana y a su poesía? ¿Lo recuerda?

–Llevo conviviendo con la poesía de Olvido desde el momento en que ella empezó a publicar, en 1986, o poco después. Sus libros andaban por la casa familiar, y también llegaban allí los poemas sueltos publicados en las revistas "Los infolios" y "El signo del Gorrión", que ella y su grupo de amigos poetas editaban en Valladolid.

–Ha dicho el jurado del Premio Reina Sofía que es la de Olvido García Valdés "una voz reconocible, y la voz de una poeta clásica". ¿Lo comparte?

–No sé si será una poeta clásica en el sentido de la pervivencia en la memoria de una cultura, espero que sí; pero no creo que Olvido García Valdés participe de una estética clásica. Es, antes bien, poco conforme a clasicismos y sutilmente rompedora. Pero estoy de acuerdo en que posee una voz reconocible. Es difícil usar el lenguaje de todos de manera que se pueda distinguir en él algo propio. Solo lo consiguen algunos escritores, algunos poetas. El lector que distingue una voz poética por escrito hace algo semejante a quien distingue de quién es una voz oída. En ambos casos estamos escuchando algo que viene del cuerpo y de la vida. Por cierto que Olvido lee sus poemas en voz alta de un modo especial, quizá reuniendo esos dos modos de voz de los que hablo.

–La poesía como ayuda vital. ¿Es una de las claves de expresión en la obra de Olvido García Valdés o la suya es más una poesía basada en la necesidad de reflexión de todo lo que es la vida, o una necesidad artística?

–La poesía no es un manual de ayuda. No es un depósito de confesiones o un paño de lágrimas o un recetario de consuelos. La poesía acompaña a la vida y forma parte de ella porque su uso del lenguaje nos ayuda a decir otro modo de pensar, sentir y conocer lo real: el que pasa por el cuerpo además de por la mente racional. La poesía se introduce así en nuestra vida, y quizá por ello sí es consolatoria, porque es experiencia y no pura idea. La poesía de Olvido trabaja intensamente en esa cercanía. Otra cosa es que además la poeta tenga formación filosófica y gran conocimiento del mundo del arte. Pero cuando escribe poesía no creo que esté haciendo un tratado de estética.

–Una antología da para revisar de lejos a una autora. ¿Cuánto diría que ha cambiado la poesía de la asturiana desde sus primeros versos a ahora? ¿Y qué voz le parece la más interesante?

–Esta antología ha sido realizada por Olvido misma, y el título –"La caída de Ícaro" –es también suyo. Yo solo he escrito el estudio introductorio y he realizado labores de edición. Así pues, la pregunta habría de contestarla más bien ella. Pero yo no creo que haya grandes evoluciones en la trayectoria de Olvido, y de hecho, en la antología, ella misma desordena cronológicamente los libros desdibujando la idea de trayecto y recorrido dentro de su obra. Aquí, por ejemplo, su libro "Lo solo del animal", de 2006-2011, abre la antología, y luego le siguen poemas de sus primeros libros publicados. Quizá porque su idea es que existen los poemas, y en segundo lugar vienen los poemarios. Y en una antología los poemas recuperan un protagonismo que se debe sobre todo a su carácter individual. Además, Olvido concibe una especie de fenómeno de capilaridad entre poemas de muy diferentes épocas suyas. Y, en todo caso, para mi estudio, mi disposición fue la de entrar en diálogo con los poemas de esa antología y no con otros, establecer un diálogo con una poesía de Olvido atemporalizada: como si la antología fuera en sí misma un libro unitario.

–¿Qué poeta ha querido que se vea en esta nueva publicación?

–La de una poeta que funda su trato con el lenguaje en el contacto con la vida en toda su extensión: con la experiencia de vivir y con una noción de lo humano que se inserta en el tejido de lo viviente, en la materia sensible y emocionable. Y que acerca lo humano a una idea de inteligencia y de conciencia más amplia que la estrictamente racional y en buena parte compartida con animales y vegetales. No es una mirada ecológica al uso, es la expresión de una pertenencia de lo humano a una comunidad de sentido básico en la que la biología nos permite acceder a un sentido más allá de los diccionarios: ese es el sentido poético del lenguaje, el que surge y se va haciendo en contacto con el mundo.

–La autora ha dicho en muchas ocasiones que la poesía es "un espacio de resistencia".

–La resistencia es precisamente la que ejerce el lenguaje poético frente al sentido convenido cuando la poeta quiere nombrar aquello que viene de la experiencia. Es una actitud comunicativa pero más allá del código establecido, y es también política porque ofrece resistencia al poder de la significación prefijada. La poesía de Olvido pone en sus versos el germen de un pensamiento no convenido, que se ofrece al lector sin decirle qué debe entender exactamente, para que el lector lo procese acudiendo a su propia sensibilidad y experiencia vivida.

–¿Hay asuntos a los que García Valdés vuelve siempre en sus poemas?

–Los estudios sobre su poesía –de Moisés Mori, de Virginia Trueba, de Vicente Luis Mora, de Marcos Canteli, de Tania Favela, de Jordi Doce, de Ariana García-González– ponen a menudo en solfa la presencia del animal. Con ello subrayan también lo sensitivo de su pensamiento –derivado de lo visual y lo auditivo–. Además, también se suele anotar la presencia del cuerpo y la enfermedad como fundamento de un modo de conocer, más allá de la sentimentalidad o el dolorimiento. Hay también reflexiones importantes sobre la presencia del arte –ese otro modo de pensar y percibir–. Y planean sobre los poemas cuestiones de orden filosófico. Todo ello hace que la poesía de Olvido reúna al mismo tiempo lo instintivo y la gran cultura. No como opuestos sino como manifestaciones íntimamente implicadas.

–¿Si le pido que elija un libro o un poema de Olvido García Valdés, se atrevería?

–Solo puedo contestar de manera emocional, no crítica. El poemario "Ella, los pájaros" (1994) me mostró un modo de estar en el mundo. "Lo solo del animal" (2012) me desveló el sentido de ese modo de estar.

–Usted es hija de Antonio Gamoneda que recibió también el premio Reina Sofía en 2006. ¿Alguna similitud?

–La de la condición de poeta: el que concibe el lenguaje como si fuera un ser vivo. Por lo demás, y desde puntos de vista estéticos y estilísticos, las diferencias me parecen enormes y a la vez poco significativas. Pienso que la comunidad profunda de las manifestaciones poéticas trasciende las particularidades de los individuos. Por eso las pinturas rupestres siguen ayudando a comprender la poesía del siglo XXI.

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