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CRÍTICA / MÚSICA

Lo que bien empieza

La orquesta Oviedo Filarmonía inaugura de forma exitosa la temporada de conciertos del Auditorio con un estreno mundial

El sábado tuvo lugar el inicio de los Conciertos del Auditorio. Dentro de lo atípico e incierto de esta temporada, debemos valorar positivamente el esfuerzo por sacar adelante este ciclo que mantiene a Oviedo como una ciudad de referencia en el panorama musical, nacional e internacional, con la programación de

"Heiligenstadt" evidenció que ni en tiempos de confinamiento cesan los estrenos en la capital del Principado. Esta obra, creada gracias al "Proyecto Beethoven", plasma la impresión que el genio de Bonn suscita en el compositor ovetense Jorge Muñiz. A pesar de algún pasaje más alegre y festivo, prevalece el dramatismo y carácter atormentado del germano, simbolizado en la cuerda grave (de gran profundidad), en la pulsación incesante de la percusión y en un discurso musical fragmentado por momentos.

Las "Cuatro últimas canciones" de R. Strauss pusieron en liza a la soprano sueca Ingela Brimberg, quien no mostró problemas para desplegar su torrente vocal y superar a una OFIL de sonoridad bastante plena. Usando casi siempre un registro de cabeza con una voz muy impostada que le confiere ese característico timbre oscurecido y velado, no exento de cierta carnosidad en los vibratos naturales, las cuatro piezas se desarrollaron con gran expresividad y compenetración gracias, en buena medida, al saber hacer de Macías y al acierto del concertino (Mijlin) y los metales.

La "Sinfonía número 8" de Dvorák suponía todo un desafío para la OFIL. Sin embargo, el director onubense, con la habitual elegancia que lo caracteriza, supo imprimir a la orquesta lo que se requería a cada instante, dotando a la agrupación de una mayor potencia en el primer movimiento y desplegando un mayor lirismo en el "Adagio", donde jugaron con el volumen sonoro y se recrearon en unas maderas muy dulces y en una cuerda bastante empastada.

El "allegro grazioso-Molto vivace" destacó por su agilidad, evocándonos la galantería de esos compases ternarios tan propios del repertorio de los conciertos de Año Nuevo, mientras que el último "allegro" devolvió una orquesta enérgica y briosa, muy concentrada y bien ensamblada que salió reforzada de una sinfonía nada sencilla.

En conclusión, una inauguración del ciclo inmejorable, con un programa heterogéneo y atractivo, una soprano de nivel contrastado y una orquesta que mantiene su progresión a nivel artístico y su consolidación como uno de los motores culturales más importantes de la ciudad.

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