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Qué fue de ellos

El "Colorado" baja la bandera

Killer vivió en sus tres años en el Sporting, entre 1975 y 1978, un descenso, un ascenso y la primera clasificación europea El argentino se jubiló como taxista en su Rosario natal

Colorado Killer se dispone a golpear un balón durante un partido del Sporting.

Colorado Killer se dispone a golpear un balón durante un partido del Sporting. LNE

"Mi única pena fue no quedarme más años". Mario Estanislao Killer Díaz (Rosario, Argentina, 15-8-1951) evoca con nostalgia sus tres temporadas en el Sporting, entre 1975 y 1978. El "Colorado", apodado así por su rojiza cabellera, contagia en la conversación con LA NUEVA ESPAÑA un carácter alegre y luchador que también caracterizó su fútbol como "marcador de punta o lateral" izquierdo. Gijón también fue su casa tras colgar las botas. Regentó la popular sidrería Riber y, de regreso a Argentina, acabó jubilándose como conductor en su propia empresa de taxis.

En tres años hizo un curso intensivo de historia sportinguista. Killer vivió un descenso, un ascenso y la primera clasificación para competición europea lograda por el conjunto gijonés. "Fiché por recomendación de Landucci. Él jugaba allá (en el Sporting), coincidimos en la selección, y se ve que me recomendó. Luego estuve con Enrique Casas, en el campeonato Sudamericano. A continuación yo tenía que hacer una gira con mi equipo por Indonesia, Estados Unidos y China. Ahí es cuando mi club, Rosario Central, me comunica que tengo que viajar para España", explica sobre su fichaje.

Killer, que reside en su Rosario natal, confiesa que antes de llegar a Gijón "conocía poco. Me ayudó mucho el 'Piki' Ferrero. Terminé sintiéndome un asturiano más. Dos de mis ocho hijos nacieron allá. Me costó adaptarme en lo deportivo. El fútbol en Argentina era distinto, más técnico, más de regate. Aquí era más de tocar de primeras. Recuerdo que aquel entrenador francés (Sinibaldi), al principio, me ponía en el medio (centro del campo)", comenta todavía sorprendido. Lo suyo, reconoce, era más "marcar al mejor de ellos".

El "Colorado" es uno de los pocos jugadores en la historia del fútbol argentino que defendió la camiseta de los dos equipos rosarinos por excelencia: Rosario Central, en el que se formó, y Newell´s Old Boys, su primer destino cuando volvió a Argentina, tras su paso por el Betis cuando causó baja en el Sporting. Killer, protagonista la época dorada de Rosario junto a otros grandes como Mario Alberto Kempes, con quien mantiene una gran amistad, tuvo tiempo todavía a jugar en Independiente, volver a Rosario Central y firmar por Belgrano, donde colgó las botas. Después abrió varios negocios, como el de la sidrería Riber, en Gijón. "Aquello no era lo mío", apunta. Entonces, definitivamente afincado ya en Rosario, apostó fuerte por una escuela de fútbol y una empresa de taxis.

"La escuela funcionó bien. El principal objetivo era el de sacar a los chicos de la calle, que se entretuvieran con el fútbol. Con mi hermano (Daniel, otro histórico de Rosario Central) estuve dirigiendo equipos. Sin embargo, llegó la crisis, el corralito, los padres de aquellos niños no tenían trabajo y no podían pagar. Ya no era fácil mantenerlo", explica. No se le cayeron los anillos para invertir entonces su tiempo en los taxis, siendo incluso conductor. "Ya me he jubilado, pero si venís todavía te puedo dar un paseo, ¡eh!", comenta entre risas. "Le mando todo mi afecto a la gente de Asturias y a los sportinguistas. Me emociona todavía ver vídeos de allá. Prometo volver pronto", concluye Killer.

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