Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

"Daba la cara dentro y fuera del campo"

"Nos deja un poco huérfanos; a ver con quién hablamos ahora del Sporting", lamentan excompañeros y amigos de Montes

"¿Cómo definir a Miguel en lo deportivo? Nosotros decíamos que era un extremo que pegaba a los defensas. Si lo normal es que los defensas den patadas a los delanteros, en su caso sucedía al revés". La frase es de Juan Eraña, uno de los muchos amigos que el fútbol dio a Miguel Montes. Compañeros en el Sporting, ambos compartieron paseos en los últimos meses con los que el exentrenador y exjugador rojiblanco mostraba la raza y la fuerza en respuesta al cáncer que le hizo subrayar la fama de irreductible que acompañó su fútbol. "Era un jabato, un peleón. En la vida y también en la enfermedad", añade Eraña, profundamente afectado por su pérdida.

"Fue el mejor compañero que tuve en mi carrera deportiva. Daba la cara por todo el mundo. Tanto dentro del campo, como fuera. Un gran capitán", señala José Luis Lavandera. Ambos compartieron algo más que vestuario en el Sporting. "Lo tuve como entrenador cuando me retiré, en el Langreo. Me llevó para allá con él. Todo el mundo se debía mirar en Montes. Lo tenía todo", añade del que fuera también el hombre con el que compartió labores de técnico en el conjunto rojiblanco.

"Era como un hermano mayor. Entré en el Sporting como jugador cuando él era capitán y nuestra relación siguió durante 50 años. Tomábamos el café juntos todos los días. Con eso se lo digo todo", dice Carlos García Cuervo, otro de los futbolistas rojiblancos que, como Montes, hizo carrera en el banquillo gijonés. "Era una persona generosa, con un carácter indomable. No doblegaba cuando veía que tenía razón. Así ha fallecido. Creía que iba a poder con la enfermedad", detalla.

"Crecimos juntos en el barrio de El Llano. Después jugamos juntos en el Sporting y hasta fuimos socios de un negocio en Gijón. Más que un amigo, era un hermano", resume Miguel Alonso, Miluca. "Él fue el ejemplo de lo que somos los futbolistas de aquí: lo daba todo por el club. La misma filosofía aplicó como entrenador, con el que estuve un año en el Langreo. Era puro genio", destaca de su excompañero.

"Es que era una persona muy especial para todos", sentencia Joaquín Alonso, presidente de la Asociación de Veteranos del Sporting, que le concedió la insignia de oro. "Era una persona vital y agradable. Un hombre cercano, campechano y apasionado del fútbol que iba a ver siempre a los chavales de la cantera. Estaba constantemente viendo partidos", concluye Joaquín. "Diría de él que era un hombre sencillo, cariñoso y con unos valores humanos impresionantes", asegura Redondo, que fue segundo entrenador con Montes en el Industrial, el Sporting B y el Sporting. "Íbamos también juntos a pescar a Galicia. Se va un amigo entrañable y un gran sportinguista", sentencia.

Montes, al que en octubre le fue diagnosticado un cáncer de próstata, no perdonó hasta hace escasas semanas las partidas de cartas en un local cercano al muro de San Lorenzo, junto a Germán, otro histórico del Sporting, y su tertulia en la cafetería Korynto. "Nos quedamos un poco huérfanos. A ver con quién hablamos ahora del Sporting", lamentan sus muchos amigos del fútbol.

Compartir el artículo

stats