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Lara, el centrocampista que jugaba de lateral en el Sporting y ahora es policía nacional

“Prefiero 20 años en Segunda con los de casa, que uno en Primera con gente sin compromiso”, dice el exrojiblanco

Lara posa con la camiseta que  lució en su debut con el Sporting ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán. | Ángel González

Lara posa con la camiseta que lució en su debut con el Sporting ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán. | Ángel González

Una frase pronunciada por Javier Vidales cambió su vida: “Pon a este tío, no es lateral, pero te va a cumplir”. A su lado estaba Pedro Braojos, entrenador del Sporting, quien en aquella primera semana de abril de 1999 se había quedado sin Sánchez Jara y Salva, lesionados. El

“En la cantera solía jugar en varias posiciones, pero la mía estaba en el centro del campo. Fue la única espinita que me quedó, no probar ahí”, reconoce Lara sobre el tema de la posición. Hoy es padre de Daniel y Hugo, “proyectos de futbolistas”, como bromea el exrojiblanco, de 11 y 7 años. Ellos siguen sus pasos en el Llano 2000, aunque “huyen de las batallitas que les cuento”. Da igual, no tiene duda. “Podrá sonar a tópico, pero no hay guaje en Gijón que al acostarse no sueñe con jugar algún día en El Molinón”, apunta. Él lo cumplió y todavía se siente “un privilegiado por ello”.

Todo empezó cuando José Fernández “El Negro” le reclutó con apenas 9 años, tras verle en el equipo de Las Clotas. “El entrenador era mi padre, José, que con 7 años ya había hecho trampa con las fichas para que compitiera con niños mayores que yo”, recuerda. Había madera. Lara pasó “un mes a prueba” en la pista de La Laboral antes de vestir de rojiblanco. “Entonces no existía la de Mareo y entrenábamos allí”, detalla quien fuera campeón de Asturias disputando “partidos inolvidables ante el Xeitosa de Jonathan Rey y Calleja. Eran muy buenos”, dice sobre el ahora secretario técnico del Sporting.

Otro nombre surge rápido al hablar de gente importante en sus inicios. Al de su padre se une el del exrojiblanco Jesús Uribe. “No me entrenó, pero me marcó en lo personal. Buen paisano”, subraya antes de citar otros dos que serían claves en su progresión: Ismael Díaz Galán y Vidales. “Con el primero me tomé en serio el fútbol y el segundo fue el que más apostó por mí”, sentencia. Tras su breve paso por el primer equipo se fue cedido al Nàstic en el 2000. Ya no volvió. Allí subió a Segunda y jugó unos octavos de Copa ante el Madrid de Zidane, Figo, Roberto Carlos y Raúl. “Les muestro fotos de aquello a mis hijos y no le dan importancia. Con los años se darán cuenta”, comenta, entre picado y resignado. Palamós, Compostela y Sabadell, donde le dirigió Rubi, en una de las primeras experiencias en los banquillos del exrojiblanco, precedieron su vuelta a Asturias, al Marino.

Veo ahora este Sporting con siete gijoneses y me siento orgulloso. Prefiero veinte años en Segunda con gente de la casa, que uno en Primera con refuerzos foráneos que no estén comprometidos. Así se disfruta más”, resume sobre el equipo de la quinta del colegio de La Asunción. “La esencia del Sporting es esa. Para mí era lo máximo entrenarme en Mareo de crío y ver pasar a Luis Enrique o Abelardo, con el que coincidí años después en la clínica del doctor Cugat en Barcelona. Él no me conocía, y cuando le dije que había jugado en el Sporting me dio su número de teléfono, me ayudó para moverme por Barcelona y hasta me regaló entradas para su partido de despedida en el Camp Nou”, recuerda.

Lara colgó las botas en 2007, tras aprobar una oposición para acceder a la Policía Nacional, donde ahora cumple servicio. Antes tuvo que superar otro pulso, el vivido en Miramar cuando Quirós volvió a situarle en el lateral derecho, puesto que no había ocupado en toda su carrera desde que salió del Sporting. “Oye, pero al final el lateralucu consiguió despedirse del fútbol en el centro del campo, mi puesto”, concluye, satisfecho, Sergio Lara.

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