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Ovidio, el cazador de la fábrica de Ciriaco

Debutó en 1991 contra el Madrid y el cambio de técnico la temporada siguiente le dejó sin oportunidades: “No pude demostrar mi potencial”

Ovidio Blanco, delante de El Molinón. | Ángel González

Ovidio Blanco, delante de El Molinón. | Ángel González

A Carlos Ovidio Blanco, nacido en Gijón, criado en Ambás (Carreño) y formado futbolísticamente en el Colegio Francisco Hernández de Cancienes (Corvera) le tocó como a otros muchos jóvenes de los noventa debutar con Ciriaco Cano. Y lo hizo además ante un gran hueso: el Real Madrid. Perdió el Sporting 1-4 en aquel el 6 de octubre de 1991, pero a Ovidio le quedó un gran recuerdo. “Tenía muchos nervios, pero una gran satisfacción porque cumplía mi sueño desde crío, recordé todos esos momentos de sacrifico para llegar hasta ahí”, destaca.

Esa temporada, con el Sporting jugando también en Europa, Ciriaco Cano le dio la oportunidad a muchos futbolistas para dosificar. “Menos de centrocampista defensivo jugué de todo, por la izquierda, la derecha y de mediapunta”, cuenta. Entre Liga y Copa participó en once partidos, pero al año siguiente, la marcha de Ciriaco, y la llegada de Jacobs, le perjudicó. “Ciriaco fue una pieza fundamental en mi carrera deportiva y profesional, Fue uno de los mejores entrenadores de los últimos 30 años en el Sporting, y una excelente persona”, señala Ovidio.

El curso 1992-1993, a la mitad, con solo un partido jugado, decidió hacer las maletas para jugar cedido en el Figueres dos temporadas. A su vuelta, sin opciones, decidió tomar la difícil decisión de dejar el club de su vida, al que había llegado en alevines. “No entraba en los planes del entrenador, no me salió algo que me ilusionaba. Fue muy duro, porque seguía entrenando, pero era un episodio complicado que veía que se estancaba y no se solucionaba. Fue duro porque no encontré la manera de poder demostrar mi potencial y me tuve que ir”, cuenta.

En 1995 dejó el Sporting y pasó a jugar en el Avilés y el Marino de Luanco. Después empezó a trabajar en una empresa de metal en Cancienes, donde ya lleva 21 años, aunque tardó todavía en desvincularse del fútbol, al apurar sus últimos días de competición en el Ribadesella y el Gijón Industrial.

Ahora sigue pendiente del conjunto rojiblanco, una pasión que compagina en su tiempo con la caza con perros, una afición que le viene de familia. “No voy todo lo que me gustaría porque no tengo tiempo, pero es algo que me apasiona, desde la parte del adiestramiento de los perros”, resalta Ovidio.

Y como canterano se alegra de ver una generación, “la quinta del cole”, que ha dado el salto y enganchado a todos los sportinguistas. “El club tiene que seguir esa política, no vale de nada traer jugadores de fuera si aquí tenemos una base sólida, pero hay que atreverse a darle la opción a estos jugadores con calidad suficiente para afrontar el reto. De fuera solo tiene que venir alguien que marque la diferencia”, apunta antes de lanzar un guiño a su generación: “Me gusta lo que veo ahora, pero hay que darles tiempo. Pero es verdad que de la casa antes había más calidad. De mi época estaban Luis Enrique, Abelardo, Manjarín o Juanele, jugadores de una calidad que ahora no la hay. Pero la idea es esta, alguien que apueste, como Ciriaco, por gente de la casa, y que si se necesita puntualizar alguna posición sea para mejorar lo que sale de Mareo”.

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