Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Rodado Rodríguez, el árbitro de la polémica en Ipurúa, habla: “No tuve la culpa de que el Sporting no ascendiera en 2004”

“Sánchez Arminio me felicitó mientras aficionados del Sporting me llamaban a casa amenazándome de muerte”, dice el balear | “No cambiaría ninguna decisión, tengo la conciencia tranquila”, afirma

Rodado Rodríguez, en una imagen reciente.

Rodado Rodríguez, en una imagen reciente. A. R. R.

Han pasado 17 años, y desde entonces su nombre se repite cada vez que al Sporting le toca ir a Ipurúa. Ángel Rodado Rodríguez (Palma de Mallorca, 25-9-1971) pasó a convertirse en una especie de enemigo público del sportinguismo tras su polémico arbitraje en la visita al Eibar en mayo de 2004. Los gijoneses llegaban con la necesidad de ganar para seguir luchando por ascender a Primera. Se encontraron con dos penaltis en contra y cinco expulsiones -tres de ellas a jugadores- que desquiciaron a equipo y afición. “No tuve la culpa de que esa campaña no ascendieran”, responde el colegiado balear, ya retirado. En la semana en la que el Sporting volverá a territorio armero, Rodado atiende a LA NUEVA ESPAÑA para analizar aquel partido y sus consecuencias. “No cambiaría ahora ninguna de mis decisiones. Tengo la conciencia muy tranquila”, adelanta.

“La puntuación del informador arbitral, un colegiado vasco que ya ha fallecido, fue muy buena y Sánchez Arminio (por entonces presidente del Comité Técnico de Árbitros de la Federación Española) incluso me felicitó por cómo lo había hecho”, señala Rodado Rodríguez. El aplauso del gremio contrastaba con la bronca vivida en el campo del Eibar, donde acabó teniendo que ser escoltado por la policía para abandonar el terreno de juego.

Lo peor, cuenta, fue cuando llegó a su casa, en Mallorca. “Me empezaron a llamar por teléfono aficionados del Sporting para amenazarme de muerte. No quise darle importancia, a mí me daba igual, pero mi familia sufrió. Puse una denuncia, pero nunca supe cómo acabó todo eso. También le digo que todavía hay gente que aprovecha las redes sociales para seguir insultándome por todo aquello”, lamenta.

El contexto de aquel partido es importante para hacerse una idea de la dimensión de todo. Faltaban cinco jornadas para el final en Segunda. El Sporting, dirigido por Marcelino García Toral, había marchado casi toda la campaña en ascenso (subían directos únicamente los tres primeros) y visitaba Ipurúa como cuarto clasificado, a un punto del segundo y del tercero, Numancia y Alavés, respectivamente, y a tres del primero, el Levante. El Eibar tenía la permanencia resuelta y en el ambiente se hablaba de maletines e incentivos para comprar voluntades de uno y otro lado. También arbitrales. Lo cierto es que lo ocurrido en Eibar fue un punto de inflexión. Los gijoneses acabaron quintos, a seis puntos del tercero.

“¿Vendido? Los vendidos fueron los aficionados del Eibar que dieron sus carnés a los del Sporting. Ese día Ipurúa parecía El Molinón. Toda la gente era del Sporting. Hasta los jugadores locales, cuando iban a sacar un córner, venían y se quejaban: ‘Me están insultando’. Les decía que la culpa de todo la tenían sus seguidores. Vender tu carné, eso sí que no se entiende”, se defiende Rodado. El balear está dispuesto a analizar cada acción polémica y rectificar. “En el deporte nos podemos equivocar todos. Fallan los que tiran los penaltis porque se atreven, y en esto es parecido”, explica antes de volver a reafirmarse en cada una de sus decisiones.

“Después de que pasara todo volví a ver en imágenes el partido. En ninguna de ellas vi algo que pudiera cambiar lo que pité en el terreno de juego. Si alguien me muestra alguna toma distinta a las que existen y se evidencia que me equivoqué, no tendré problema en admitirlo. Mientras tanto, mantengo que creo que lo hice bien”, insiste sobre los dos penaltis señalados, el primero a los tres minutos de juego, y las expulsiones a Yago, Bauzá y Christian Díaz. “Estamos hablando que hubo contacto y también hubo agresiones evidentes. Se ve”, reitera. Con tres jugadores menos, más la expulsión por protestas de Marcelino García Toral y el masajista rojiblanco Diego Lobelle, el Sporting logró sumar un punto sobre la bocina gracias a un gol de Rubén (2-2). El Éibar también se había quedado con uno menos, al haber visto la roja Sáizar. Empate y enfado rojiblanco histórico.

“Si hubiera existido VAR igual me hubiera ayudado, o no. El fútbol ha evolucionado, ha cambiado alguna norma y hay que vivir cada etapa que te toque. Estoy muy tranquilo porque todo lo que pité se ve muy claro. Volvería a hacer lo mismo. No hago las cosas por cabezonería, ni por capricho”, repite Rodado. Volvió a encontrarse con el Sporting más tarde, incluso recuerda que “fui a El Molinón y no tuve ningún problema”. Dice que le duele encontrarse “con futbolistas que por delante me acabaron dando la razón, y luego salían en la prensa diciendo lo contrario. También el tratamiento que se le dio a todo desde los medios de comunicación”.

Hace un año que se retiró definitivamente. “Acabé pitando a niños. Es donde más disfruté”, explica este empresario dedicado ahora a la jardinería y a un negocio orientado a tratamientos de osteopatía. Ya ve el fútbol desde otro óptica. “Lo sigo sobre todo por televisión”, comenta antes de que surja una pregunta imprescindible. “No, no tengo pensado ver el domingo el Eibar-Sporting”, asegura. Eso sí, se despide con buenos deseos para los rojiblancos: “Mucha suerte para el Sporting esta temporada”.

De árbitro a padre de futbolista del Barça B

Rodado Rodríguez, ante Irurzun y Gaizka Garitano, en el Eibar-Sporting de 2004. Marcos León

“Si mis hijos hubieran querido ser árbitros les hubiera apoyado”, afirma Rodado Rodríguez. No agarraron el silbato. Agarraron el balón. Tiene dos y el mayor de ellos, Ángel, de 24 años, acaba de ficharlo el Barcelona B. Formado en la cantera del Mallorca, fue el delantero centro del Ibiza que acaba de ascender a Segunda División. Incluso tuvo tiempo de debutar en la categoría de plata esta campaña antes de salir cedido al filial culé. Su padre y su hermano pequeño, que juega en el modesto La Unión de Palma de Mallorca, se han convertido en sus más fieles seguidores. Así llena ahora sus horas de fútbol Ángel Rodado Rodríguez, durante ocho campañas seguidas colegiado en Segunda División.

Compartir el artículo

stats