11 de julio de 2020
11.07.2020
La Nueva España

El joven del crimen de Villaviciosa, culpable de asesinato según el jurado popular

"Al menos, que no vuelva a suceder", afirma la madre de Adrián Gancedo, apuñalado hace tres años

11.07.2020 | 00:27
Brayan Tuero, esta semana, durante una de las sesiones del juicio.

Brayan Tuero Cuesta, de 23 años, ha sido declarado culpable de asesinato por la muerte de Adrián Gancedo, de 32, que falleció en noviembre de 2017 tras recibir varias puñaladas a las puertas de un bar de Villaviciosa. Así lo decidió ayer el jurado popular tras unas siete horas de deliberación. Fue el punto final a un juicio que comenzó el lunes. La defensa del acusado había tratado de demostrar que la agresión se había producido en mitad de una pelea en la que ambos implicados participaron de forma activa. La ausencia de lesiones de gravedad por parte de Tuero, sin embargo, hizo que el jurado no viese clara esta interpretación y que entendiese que haberse enfrentado al fallecido con una navaja que había ocultado demuestra su intención de hacer daño a la víctima, indefensa y desarmada.

Carmen Solares, madre del fallecido, se mostró "satisfecha, dentro de lo que cabe", con la decisión: "Han sido días muy duros, muy largos y de mucho estrés". Tuero se enfrenta a entre 15 y 20 años de cárcel, aunque la defensa recurrirá. Siete de los nueve miembros del jurado lo consideran culpable de asesinato.

Para Solares, que se mantuvo serena hasta que terminó la sesión y rompió a llorar con sus allegados, la importancia de que el jurado popular se inclinase por el asesinato y no el homicidio radicaba en la duración de la condena. De haber apostado por lo segundo, la pena que solicitaba la defensa era de cinco años, y Tuero ya ha cumplido tres en preventiva, por lo que su salida de prisión sería próxima. "Por lo menos, que no vuelva a suceder, porque esto ya es irremediable", reconoció. Su abogado, Rubén de los Dolores, insistió en que "todas las peticiones de la acusación particular han sido aceptadas" al haber visto el jurado popular signos de alevosía (considera que la víctima no tenía manera de defenderse ante un ataque sorpresivo con una navaja) y ningún atenuante, porque no ve claro que el joven estuviese intoxicado ese día ni que tuviese pruebas de adicción previas. Inés Carballo, abogada de la hija y la pareja de la víctima, recalcó lo mismo: "Estábamos convencidos de que se trataba de un asesinato. Ha sido un juicio muy discutido, pero estamos de acuerdo con la decisión". Ambos piden 20 años de prisión para el joven. Fiscalía pide 17. La defensa, aunque recurrirá, aumentaría la pena solicitada a 15 si se mantiene el asesinato, al ser la condena mínima para este delito. Tuero aceptó la decisión con entereza, manteniendo la cabeza agachada, y se despidió de una familiar que acudió a la sala lanzándole un beso con las dos manos esposadas y la mascarilla puesta.

Los testigos no lograron aportar una versión completa y coherente de lo sucedido (algunas declaraciones se contradecían entre ellas y no dejaban claro ni cuánto ni qué había bebido el agresor), sí parece claro que Tuero y Gancedo no se conocían previamente y que comenzaron a discutir por un cigarrillo. También se ve claro que ambos se enzarzaron en un forcejeo en el que habían participado otras personas, aunque de forma menos directa, y que en un momento de la pelea Tuero sacó una navaja que, según él, no recuerda de dónde salió. Niega que sea suya, pero las acusaciones, y ahora el jurado, no le creen. Con esta arma agredió varias veces al fallecido y una de esas puñaladas le perforó el corazón. Fue la única herida mortal de necesidad (el cadáver presentaba otras punciones en el hígado, el pubis y los glúteos), porque le causó un shock hipovolémico.

La defensa de Tuero trató de proyectarle como un joven con una infancia complicada y adicción a las drogas, pero el jurado alegó que la prueba toxicológica de una muestra de sus cabellos afirma lo contrario. El recurso se aferrará ahora a intentar desmontar la indefensión de Gancedo por las lesiones cutáneas que presentaba el condenado.

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