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De guapo subido |16 | Besullo (Cangas del Narcea)

Las joyas que hay detrás de la belleza

Besullo, cuna del dramaturgo Alejandro Casona, atesora un pasado de ferreiros y de vínculos con el protestantismo

El mazu d’abaxu, en funcionamiento durante una visita. | D. Álvarez

Los de Besullo reconocen que pueblos guapos hay muchos, pero ellos presumen de que el suyo es mucho más que eso. El visitante lo puede descubrir perdiéndose por las calles de la localidad, donde a poco que se fije comienza a percibir la ebullición cultural, educativa y de progreso y modernización que se vivió a principios del siglo XX. El estallido de la Guerra Civil frenó la efervescencia de este pueblo de Cangas del Narcea, conocido por ser el lugar donde nació el dramaturgo Alejandro Casona. Ahora sus vecinos intentan reavivarlo mirando a ese pasado glorioso que consigue atraer cada año a más turistas.

Tino García con su hija Mari Carmen, en su fragua. | D. Á.

El centro de recepción de visitantes Alejandro Casona, equipamiento municipal situado en lo que fue la escuela, da la bienvenida. Allí, desde hace un año, abre las puertas Julio Rozas, vecino de la parroquia, quien participó en la encuesta que LA NUEVA ESPAÑA realizó a cien personas a principios de junio para encontrar los 20 pueblos más guapos de la región. Como no podía ser de otra manera, escogió a Besullo como su primera opción, que consiguió entrar en el ranking en el número 16.

“Todos los pueblos son guapos, pero Besullo ha contado con el acierto de que sus vecinos han ido rehabilitando sus casas de manera adecuada al entorno que lo rodea, pero, sin duda, el asombro se produce cuando se empieza a entender lo que pasó aquí hasta la Guerra Civil”, explica el guía turístico de la localidad.

Vecinos en el la terraza del bar Casa Manón, en el centro de Besullo.  | D. Á.

Vecinos en el la terraza del bar Casa Manón, en el centro de Besullo. | D. Á.

Sus visitas guiadas comienzan siempre situando a quien le escucha en el contexto histórico que explica por qué Besullo siempre fue una localidad de referencia del concejo y a día de hoy es uno de los lugares de Cangas más visitados por los turistas. Rozas lo hace hablando de lo que él considera los tres pilares del desarrollo del pueblo: los ferreiros, la comunidad protestante y la familia de Alejandro Casona.

El punto de partida es la existencia de una industria del hierro en el pueblo entre mediados del siglo XVIII y los años setenta del siglo XX, cuando el conocido como “mazu d’abaxu” dejó de funcionar profesionalmente. La construcción se mantiene y se puede visitar y ver en funcionamiento, siendo uno de los principales atractivos de Besullo, tanto por su singularidad como por su ubicación en un rincón mágico rodeado de bosque y al lado del río El Pomar. Los profesionales del hierro, que en 1872 fundaron una sociedad industrial, viajaban para vender sus productos. Eso “les convirtió en personas cultas y con inquietud intelectual”, destaca Julio Rozas. Precisamente, en esos viajes es donde conocen a pastores protestantes y se convierten a su religión, fundando una comunidad evangélica en Besullo, la primera de Asturias.

Luis Miguel Rodríguez y Julio Rozas ante la casa natal de Alejandro Casona. Demelsa ÁLVAREZ

“La comunidad protestante es el pilar más importante, porque se da cuenta de que hay carencias educativas importantísimas y se pone en marcha marcando el sendero de la educación, la cultura y el progreso social”, enfatiza el guía.

Joaquín Fernández, en la panadería Besullo. Demelsa ÁLVAREZ

A principios del siglo XX fue la familia de Alejandro Casona la que dejó huella en Besullo. Aunque el escritor solo vivió hasta los cinco años en el pueblo de su padre, siempre mantuvo el arraigo y como él, el resto de su familia, todos maestros. “Cuando se establece la República en 1931, lo primero que hacen son las misiones pedagógicas para llevar la cultura a todos los rincones; Alejandro Casona las trajo aquí y en ellas participaba toda su familia, como su hermana Matutina, que además era pediatra y daba charlas sobre higiene”, rememora Julio Rozas.

Por la izquierda, Julio Rozas, David Mancebo, Alberto Rodríguez, Félix Llano, Marcos González y Javier Marcos, en la terraza del bar Casa Manón. | D. Á.

Los hermanos “Casona” también crearon el Círculo de cultura y recreo de Besullo, que dotaron de una gran biblioteca que tuvo sus ramificaciones en los seis pueblos de la parroquia, que contaron con escuela. Este centro cultural surgió en una casa de arquitectura tradicional que aún se conserva en medio del pueblo, totalmente restaurada.

De estos tres pilares llega a la actualidad la tradición herrera, no solo por la conservación del mazo, sino también de la mano de Tino García, que a sus 84 años continúa yendo a su cuidada fragua para hacer navajas, clavos y herramientas, siendo así el guardián de una cultura que heredó de sus progenitores. “Mis padres eran ferreiros y en su época aún quedaban siete, pero en los años sesenta fue a menos y yo tuve que dedicarme a la construcción”, explica. Circunstancia que no le hizo olvidar su oficio familiar, el cual ha enseñado por ferias de toda Asturias, aunque lamenta que detrás de él no haya relevo para seguir encendiendo su fragua.

También llega hasta la actualidad el legado de Alejandro Casona, a través de sus libros y de su sobrino Luis Miguel Rodríguez, propietario de la casa familiar (Casa’l Churro), una de las paradas obligas en la visita a Besullo. Él se encargó de rehabilitarla y la enseña a los visitantes, aunque no ahora, por causa de la pandemia. Como alternativa ha decidido colocar un código QR en su fachada desde el que se puede acceder a información detallada de la familia y fotografías.

“Por toda su historia, Besullo es un microcosmos; ofrece al visitante no solo el laberinto de sus callejuelas, sino la Casona, la rama protestante, la casa natal de Alejandro Casona o el mazo”, apunta Luis Miguel Rodríguez, que destaca también el arraigo que las familias vinculadas a la localidad sienten por su pueblo, lo que hace que la población en verano, especialmente en agosto, llegue a triplicarse, pasando de los 70 habitantes cotidianos a más de doscientos.

De la comunidad protestante queda en el pueblo un pequeño cementerio evangélico y una casa en ruinas (Casa Xuacón), ya que su última habitante, Dina Rodríguez, descendiente de los primeros pastores evangélicos, falleció en 2014.

Otra casa que atrae todas las miradas es la Casona, cuyo principal atractivo es haber servido de inspiración al dramaturgo, al que también le dio el apellido por el que sería recordado. Para lo que queda de la casa noble, que fue el lugar donde se ubicó el colegio y donde impartieron clase los padres de Alejandro Casona, Rozas ve posibilidades. Cree que podría consolidarse como ruina y acondicionar su interior para poder utilizarlo como espacio para desarrollar actividades. Además, lo que queda de la edificación se complementa con dos paneras y una capilla, en cuyo interior se conserva un retablo de madera.

En cuanto a edificios religiosos, Besullo también está bien dotado con la iglesia parroquial de San Martín en medio del núcleo y dos capillas: la de la Virgen de las Veigas, un edificio singular del siglo XVIII que es una réplica exacta de la románica del siglo XI que le precedió, y la ermita de la Magdalena, ubicada en la cumbre de una escarpada montaña desde donde vigila todo el pueblo.

Si después de la visita aprieta el hambre o la sed, el pueblo tiene un bar y un restaurante. Y cuenta con una panadería de pan artesanal tradicional de horno de leña que lleva el nombre de la localidad.

LOS DATOS

Cómo llegar

Desde la villa canguesa, al pasar por la conocida como Carretera Nueva, un desvío indica que a 17 kilómetros está Besullo, siguiendo la vía CN-1. Precisamente, la carretera es tema de conversación diario en Besullo, donde llevan años reclamando su arreglo integral sin ver por ahora ningún avance, lo que indigna tanto a lugareños como a visitantes.

No perderse

Para conocer mejor Besullo es imprescindible aprovechar la visita guiada que realiza Julio Rozas desde el centro de recepción de visitantes. Tampoco puede faltar un paseo hasta las ermitas de Las Veigas y la Magdalena, y realizar la ruta al Pomar (PR.AS-168).

Qué dicen

Los vecinos se sorprenden de la cantidad de visitantes que llegan al pueblo desde el año pasado. Siempre fueron un atractivo para Cangas del Narcea, pero ahora, aseguran, se está viendo una creciente actividad turística. En el centro de recepción calculan que en el último año se quintuplicó el número de visitantes. Por ello, creen que Besullo necesita contar de nuevo con algún alojamiento rural.

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