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La sangre manda

Lo de los universos cinematográficos de los superhéroes es un no parar. Jared Leto fue el Joker de DC en Escuadrón suicida y ahora el Morbius de Marvel. Michael Keaton fue el Batman de Tim Burton y ahora lo tenemos traspasado a los universos Marvel encarnando a Buitre, uno de los enemigos de Spider-man, aunque su aparición en Morbius es tardía. Tanto sirves para un superhéroe como para un supervillano, aunque Morbius no sea exactamente eso y se parezca mucho a Blade, personaje negro mitad vampiro mitad humano de DC.

Michael Morbius es un bioquímico que busca la curación a sus problemas físicos a través de la fusión entre ADN humano y ADN de murciélagos, con los resultados acostumbrados en estos casos. Pero la película realizada por Daniel Espinosa, un director que ha hecho de todo sin destacar en nada, se sitúa en un territorio bien distinto al del habitual del ecosistema superhéroes: es más una cinta de ciencia ficción que un producto Marvel tradicional, un relato de vampiros lejos de los axiomas de esta variante genérica. Se había dicho que eran tan mala –las redes tienen estas cosas–, que sorprende más que gratamente. No es la mejor de Marvel, por supuesto, pero es de largo un filme interesante repleto de buenísimas ideas.

Por ejemplo, la concepción del héroe –o antihéroe–, de configuración muy atávica, y la del villano. Y también la secuencia del asesinato de una enfermera en el pasillo de un hospital cuyas luces se encienden y apagan convirtiendo la amenaza en algo aún más inquietante. Aquí la sangre es vida y muerte. Y está bien contado.

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