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Santiago, el pediatra ovetense que se convierte en Spider-Man: “Para un niño, el hospital es un sitio inhóspito y agresivo; algo de fantasía le beneficia”

“Que un superhéroe visite a un crío no va a hacer que cambie el pronóstico de su enfermedad, pero sí hará que al menos esté a gusto durante el tiempo que permanezca ingresado”

Así es Spiderman, el superhéroe del HUCA que rompe la rutina de los niños ingresados Amor Domínguez

Santiago Jiménez Treviño (Oviedo, 1976) tiene una identidad secreta. Durante su jornada laboral es pediatra en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Pero, al acabar el turno, cambia su bata blanca por el traje azul y rojo de Spider-Man, un atuendo con el que se dedica a animar a los niños enfermos que acuden al centro hospitalario. Apasionado de los cómics y del cosplay, Jiménez Treviño empezó hace ocho años a vestirse de Spider-Man para animar a los niños hospitalizados. El paso del tiempo no ha minorado su pasión ni su poder de atracción: durante la entrevista, frente al HUCA, un paseante se acercó al pediatra-superhéroe y conectó mediante videollamada con su hijo, para que pudiese conocer al hombre araña.

-¿Cómo empezó a vestirse de Spider-Man?

-Mi hermano, Luis, entró en la “Legión 501”, una asociación de gente que se caracteriza como personajes de “Star Wars” y que también viene al hospital a visitar a los niños. Al verle, me entraron ganas a mí también, y de hecho acabé ingresando en la “Legión 501”, donde hago de “Stormtrooper”. Pero pasaba además que yo compro cómics de Spider-Man desde hace más de treinta años, y me dije: “Yo quiero ser Spider-Man”. Así que busqué un traje chulo para que los niños se lo creyeran, y empecé con las visitas. Es cierto que colectivos como la “Legión 501” también hacen visitas hospitalarias, pero yo estoy aquí todos los días, llevo el traje en la mochila y es fácil de poner y quitar. Así que, cuando tengo guardia, lo normal es que al día siguiente libre, y es cuando aprovecho un poco para hacer de Spider-Man.

-¿Cómo reaccionan los niños cuando le ven entrar por la puerta, ataviado como un superhéroe?

-Esa es la historia. Al principio, lo tomaba un poco como un juego. Pero cuando ves que los niños se lo creen y que realmente piensan que están hablando con Spider-Man, es cuando te das cuenta de que les estás aportando algo diferente. Eso es lo que trato de hacer. Y es algo que me sigue sorprendiendo. Por ejemplo, la edad ideal para mí sería entre los 3 y los 8 años, que es la edad de más magia y más fantasía. Pero me pasó con una niña oncológica, con 13 años, que me dijo que era superfan de Marvel, y cuando fui a verla se emocionó muchísimo.

-Este refuerzo positivo ¿hasta qué punto puede beneficiar a los niños?

-En el fondo, el hospital es un sitio inhóspito, agresivo, en el que hay pinchazos, pruebas médicas, medicamentos que nos sientan mal... El hecho de que haya algo positivo, algo que les lleve aunque sea un minuto a un mundo de ilusión y fantasía, yo creo que les aporta bastante. Y, ojo, que yo soy muy científico: no quiero decir que esto vaya a hacer que los niños se curen ni que vaya a cambiar el pronóstico de la enfermedad, pero sí pienso, y llevo casi veinte años trabajando de pediatra, que el ambiente positivo hace que el niño, al menos, esté a gusto en el hospital.

-¿Y los compañeros qué le dicen?

–Hay de todo (risas.) Al final, ya llevo en torno a ocho haciéndolo, y la mayoría de los compañeros ya están acostumbrados a que de vez en cuando pase por allí Spider-Man. Los nuevos sí que alucinan cuando me encuentran. En general, me toleran y colaboran con la historia. Pero, sobre todo, las que más me ayudan son las enfermeras y auxiliares: ellas son las que me “chivan”_si hay un niño con cómics o muñecos de Spider-Man, para que pase a visitarle.

-¿Mantiene la relación con las familias una vez que termina el tratamiento?

-Sí, claro. Conoces a los niños y te acabas implicando mucho con ellos y con sus familias. Es lo bonito, cuando las cosas van bien, pero también lo malo cuando van mal. Porque te lo llevas todo a casa, y a veces es duro. Pero creo que de verdad es positivo para ellos: me lo decía esa chica de 13 años: “Fantasía, esto es fantasía”. Así lo definió.

-Da la sensación de que en el mundo anglosajón tienen más testados este tipo de refuerzos lúdicos.

-Sí. Yo estuve unos meses rotando en Inglaterra, cuando era residente, y me llamó la atención que tenían un “play specialist”, un especialista en juegos. Eran parte del sistema sanitario, y aquí lo hacen los voluntarios. Pero es que en España no tenemos ni dietistas en el sistema hospitalario. Con todo, hay que decir que en los últimos años ha surgido un movimiento de humanización de los hospitales que creo que es fundamental. Hay que pensar que hace diez años no se permitía la presencia de los padres en las UCI pediátricas, y ahora sí. Ese es el camino

-Todas estas iniciativas se han frenado con el covid, ¿no?

-Sí, y es lógico. En el HUCA, por ejemplo, solo se permite la presencia de un familiar. ¿Cómo explicas que solo pueda venir el padre o la madre, y luego estén por allí los voluntarios? Es algo complicado de manejar, aunque yo he de decir que echo de menos que vengan los voluntarios, sobre todo porque sé que a los niños les viene muy bien. En todo caso, creo que poco a poco vamos aprendiendo del covid y mejoran las cosas, también en relación con la presencia de los familiares en el hospital.

-Desde su experiencia como pediatra, ¿cree que está mejorando la situación en relación con el covid?

-En pediatría hemos tenido muy poco, porque los niños se afectan menos:_se infectan menos, contagian menos y los que lo tienen pasan la enfermedad con más levedad. En una perspectiva más general, en Asturias creo que no tuvimos primera ola, porque el confinamiento hizo que no tuviéramos apenas casos. Nuestra segunda ola, a partir de octubre, fue, en realidad, la primera, y fue dramática. Y después hemos empezado a tener algo de inmunidad de grupo, con lo que los contagios son menos brutales. Tengo compañeros del Hospital de la Paz que me decían que estaban con las UCI al 70%, pero no subían ni bajaban de ese porcentaje, lo que permite que el sistema no colapse. Que fue lo que pasó en Madrid en la primera ola o a nosotros en la segunda, que estuvimos a punto del colapso total.

-¿Aquella teoría de que los niños son “supercontagiadores” la descartamos ya?

-Yo fui, desde el principio, un gran defensor de que los niños no son para nada supercontagiadores. En todo caso, lo será el adolescente y el adulto joven, como pasa con muchos otros virus: gente asintomática y con mucha vida social. Los niños se infectan, pero mucho menos que los adultos. No hay más que mirar a los colegios, que, por cierto, lo están haciendo muy bien: yo pensaba que en dos o tres semanas, tras empezar el curso, estaríamos en “telecole”, pero hemos aguantado el primer trimestre entero sin muchos confinamientos. Y hay otro beneficio: en pediatría nos han desaparecido el resto de virus. La semana pasada teníamos en la planta de pediatría a uno o dos niños, cuando por estas mismas fechas, el año pasado, había treinta y pico, la mayoría por problemas respiratorios, como la bronquiolitis. Hemos pasado de ver a 150 críos en urgencias a entre 30 y 40. Medidas como el lavado de manos, el distanciamiento o la mascarilla hacen que no haya transmisión de los otros virus.

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