Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Los adolescentes ponen voz al feminismo: “Es curioso, conocemos a tías acosadas, pero a ningún acosador”

Un grupo de alumnos del Instituto de La Fresneda analiza la pervivencia de las conductas machistas entre la gente de su edad, el aumento del negacionismo de la violencia de género y el impacto de las nuevas tecnologías para potenciar el acoso sexual

“Es curioso porque conocemos a tías que han sido acosadas, pero no conocemos a ningún acosador. Igual son cuatro, pero también se generaliza”, afirma Juncal Blanco. Es una alumna de primero de Bachiller del Instituto de La Fresneda, en Siero, y charla, en vísperas del 8M, con varios de sus compañeros sobre su visión del feminismo, del machismo, de las relaciones de pareja y los ciberdelitos en la gente de su edad. Conforman un grupo de ocho estudiantes, formado por seis chicas y dos chicos, reunidos en el despacho de dirección del centro, Tienen todos ellos entre 16 y 17 años. “A nosotros la violencia de género nos preocupa porque no nos ha pasado nada todavía”, dice Adriana García. Ahora, opina que, aunque sea un problema que “ha existido siempre”, como se “ha visibilizado más” está más controlado y hay más ayudas. “De todos modos, seguirá existiendo eso de salir a la calle de noche y tener miedo”, apunta Deva Insausti.

En el último barómetro sobre juventud y género de la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción, que se publicó en abril del año pasado, se reflejaba que uno de cada cinco hombres jóvenes no cree que exista la violencia de género. Piensan que es un “invento ideológico”. Es una cifra que se ha duplicado en los últimos cuatro años. Los jóvenes del Instituto de La Fresneda, que sí que están convencidos de que la violencia de género es una realidad muy sangrante, le dan una explicación a estos resultados de la encuesta: “Yo creo que hay muchos chicos que no son conscientes, que hacen comentarios pero que realmente no piensan que sean moralmente superiores”, indica Gloria Morán. Sobre lo que ellos conocen, piensan que no hay maldad en los comentarios, solo desconocimiento: “No creo que lo piensen, lo dicen sin más. No se dan cuenta. Es una broma, pero les preguntas y obviamente no piensan eso”, añade Morán.

Su compañera, Juncal Blanco, completa sus palabras: “Yo creo que todo el mundo tiene actitudes machistas. También las tengo yo”, admite. Gloria Morán no está de acuerdo con lo que opina su amiga. Piensa que ella no las tiene y le pide que le diga una. “Sí, yo las tengo y me pongo la primera en la manifestación. Porque te has criado con esos roles. Tú no lo harás directamente, pero yo muchas veces lo pienso y me digo: ‘Tía, relájate un poco’ ”, le explica su amiga. “Entiendo lo que dices, pero creo que no es el caso”. Son comentarios como: “No, tú no, por mujer”, “A fregar”, “Vete para la cocina”. O preguntas como: “¿Por qué no se celebra el Día del Hombre?”. O aprovechar la huelga por los derechos de las mujeres para hacer una actividad que no tiene nada que ver.

“La pregunta es: ¿hasta qué punto ellos lo dicen de broma?”, se cuestiona Adriana García. Lo que está claro es que los comentarios de sus compañeros son molestos y preferían que no los hiciesen. Pero tampoco tienen una respuesta a por qué los siguen haciendo. “Yo creo que no se dan cuenta de que pueden ofender a otra persona. Tiene más que ver con una cuestión de respeto”, afirma.

La duda de García está justificada. La negación de la violencia de género entre los varones jóvenes crece año tras año. En el año 2017 había un 10% y en 2021 el porcentaje de “negacionistas” de la violencia machista ya alcanzaba el 20%. Aunque, progresivamente, hay una mayor concienciación, también esto tiene un sesgo de género: un 74,2% de mujeres piensan que sí tenemos un grave problema con la violencia machista, frente al 50,4% de los hombres. En 2019, este último porcentaje era de un 54,2%.

Relaciones

Ese mismo estudio determina que la percepción de haber presenciado situaciones de violencia de género también es mucho más habitual entre mujeres que entre hombres. Entre esas situaciones violentas la más común es revisar el móvil de la pareja, controlar lo que hace la otra persona y decirle con quién puede hablar o salir. Lo menos habitual tiene que ver con insultar o humillar e intentar aislarla de sus amistades.

El alumnado de La Fresneda, en este punto, lo tiene claro: no está bien revisar el móvil. “Yo creo que eso no tiene que ver con machismo, porque he conocido tanto a chicas como a chicos que lo hacen”, afirma Lucía Prieto. Y coinciden todos ellos que “no es una cosa normal”. “Tiene que ver con la desconfianza, no tiene que ver con el género”, asegura Morán, y todos están de acuerdo. “Es que el móvil es la puerta a la verdad”, sentencia Blanco. Tiene que ver con el “derecho de privacidad de la persona”, como apunta Julia Bobes. No importa quién lo haga, él o ella; es señal de que algo no funciona bien.

Y algo parecido piensan de los celos, que es normal sentirlos, pero no es normal que eso condicione la relación. “Puede ser un hecho aislado, pero no hasta el punto que sea tóxico”, afirma Blanco. Su compañera Gloria Morán explica que es una situación de control, pero que eso también lo ha vivido en las dos vertientes: “Su novio le preguntaba dónde estaba y se presentaba ahí. Pero también lo he visto al revés”.

Miedo

Aunque se haya ido avanzando mucho en la igualdad entre hombres y mujeres, los alumnos del Instituto de La Fresneda consideran que sigue existiendo una cultura del miedo. Por ejemplo, miedo a andar solas por las noches. Directamente, hay casos como el de Deva Insausti: su madre no le deja volver sola a casa; tiene que ir acompañada (y, normalmente, de un hombre). “Igual hay un caso entre mil, pero ¿qué te hace pensar que no puedes ser tú?”, se pregunta sobre una posible agresión. Sus compañeras coinciden: el miedo brota cuando ves una furgoneta o un hombre que te sigue por la calle.El miedo está ahí.

Jan Mercadal y Álvaro Tenorio, los dos chicos del grupo, dicen que ellos no tienen ese miedo, sino otro muy diferente: les da un poco de rabia que alguien pueda pensar mal de ellos por caminar simplemente de noche. “No se puede generalizar, no todos son iguales, ni todos te van a violar. Normalmente son los casos más graves”, explica Julia Bobes.

“Siempre es la misma gente”

El problema, dicen ellos, es que hay “cuatro personas” que siguen aferradas a conductas machistas y luego se generaliza. Y que no tiene ningún fin que lo hagan. Sucede con los piropos. Los obreros que construyeron el Instituto de La Fresneda, por ejemplo, eran aficionados a ellos. Y a las jóvenes les incomodaba. Pero no por ello todo el gremio tiene por qué ser igual: “Mi padre no lo hace y trabaja ahí. Generalizar puede ser una falta de respeto para él”, indica Bobes.

Estos jóvenes tienen un perfil bastante claro de quiénes hacen ese tipo de comentarios y piropos: los mismos “cuatro de siempre”: “Me pasó de ir corriendo, en una prueba de atletismo, con niñas más pequeñas y que un coche me pitase. Y yo me pregunto, ¿para qué? Eso solo te hace sentir mal”, dice una de las integrantes del grupo. Álvaro Tenorio afirma que él nunca lo haría. No es una cosa que le parezca divertida.

“Vaya puta”

Las chicas reconocen que han escuchado otro tipo de comentarios que también les han resultado muy desagradables. Por ejemplo, Lucía Prieto tiene una pandilla con siete amigos, todos son chicos. Y no es la primera vez que le hacen el comentario de que es “una puta” por andar con ellos. Otras veces ha sido por la ropa que llevan. Adriana García cuenta su experiencia: “A mí lo que me pasó es que estaba con un amigo mío, y había otra chica que llevaba un vestido corto. Y le dijo: ‘¿Adónde vas con ese vestido? Agáchate, que se te ve todo’. Y cuando se marchó, dijo: ‘Con ese vestido no sé cómo pretende que no le miren el culo’ ”.

Redes sociales

Las redes sociales son otro caldo de cultivo más para un tipo de conductas machistas o desagradables, porque, además, quien las realiza se puede ocultar tras una pantalla. En el año 2020, los delitos sexuales contra menores ocuparon la segunda posición dentro de los cometidos por internet, detrás de las pornografía infantil. Además, recientemente se han incorporado al Código Penal delitos relacionados con el “sexting” (práctica sexual a través de redes sociales, como enviar “nudes”, fotos de desnudos o en ropa interior). Cuando no hay consentimiento en el envío a un tercero de la imagen, atenta contra la intimidad y puede castigarse con una pena de prisión de tres meses a un año o una multa.

“Hay babosos que te responden a fotos, pero eso es gente rara, no creo que sea machismo”, dice Lucía Prieto. Y Gloria Morán lo reafirma. Sin embargo, sí que conocen casos de fotografías de chicas desnudas que se hicieron virales. “Ella se la pasó a su pareja, este a su mejor amigo y luego al grupo de clase. Se hizo viral”, explica Juncal Blanco. U otro caso, de una chica que había hecho “cosas” en un lugar público, la habían grabado y se había difundido. “Yo no entiendo por qué la gente tiene que hacerlo, no me parece que tenga sentido”, afirma Lucía Prieto.

Se ponen en la piel de la persona que ha tenido que vivir algo así, y ni se imaginan el sufrimiento. “Te queda un trauma para toda la vida”, continúa Prieto. “Se te tiene que caer el mundo encima”, dice Morán. Porque creen que, en palabras de Mercadal, si en el instituto ocurriera eso “la persona se sentiría humillada y desplazada”. Es que la “mala fama”, dicen, “se te queda para siempre y eso de internet “no se borra”. “Si conociera a alguien que le pasara algo así, le diría que fuera a sus padres y a la Policía”, afirma convencida Julia Bobes. Esperan no tener que vivirlo nunca.

Compartir el artículo

stats