Ladislao de Arriba, periodista
Memorias [4] 

´El economista Galbraith me dedicó un libro y lo llevé al Banco de España para presumir´

"Carrillo tenía en Gijón una tía ciega, Iluminada, que contaba cuentos a los niños mientras sus madres cocinaban"

17.11.2010 | 12:20
Ladislao de Arriba, en el «zulo» donde escribe, en su domicilio de Madrid.
Ladislao de Arriba, en el «zulo» donde escribe, en su domicilio de Madrid.

El periodista Ladislao de Arriba, nacido el 8 de abril de 1924, ingresó en el Banco de España en 1948, siguiendo la tradición familiar. No obstante, de joven hizo su primeros pinitos en el periódico «Voluntad» de Gijón, y al ser destinado a Oviedo por su entidad bancaria comenzó a colaborar con LA NUEVA ESPAÑA y Radio Oviedo. En 1972 se estableció en Madrid y compaginó su trabajo en el Banco de España con el gabinete de prensa de Obras Públicas y, después, con la secretaría de dirección de «Pueblo».

Madrid, J. MORÁN

Ladislao de Arriba, Ladis (Gijón, 1924), evoca en esa última entrega de sus «Memorias» su paso por el programa «La Clave», y las tertulias y cameos cinematográficos.

l Discursos militares. «Luis Ángel de la Viuda dejó la dirección de "Pueblo" y vino José Ramón Alonso Rodríguez de Nadales, que era de Oviedo y había estado el asedio durante la guerra. Lo llamaban José Ramón "Allons enfants de la patrie", porque había sido corresponsal en Vichy cuando Pétain. Tenía una cultura extraordinaria sobre asuntos militares y cada vez que había entrega de despachos en la Escuela Naval de Marín o donde fuera, o algún acto importante, Sabino Fernández Campo le encargaba los discursos, y en ellos recreaba episodios señalados. A Sabino lo conocía yo desde los tiempos de Oviedo, cuando él era interventor de la Fábrica de Armas y pasaba con frecuencia por el Banco de España. Había sido secretario de cinco o seis ministros y entonces ya estaba en la Casa del Rey. Sabino me llamaba: "Oye, Ladis, ¿está el discurso?", y mandaba a un comandante de paisano a recogerlo».

l Suceso en el Banco. «Estando en "Pueblo" y a la vez en el Banco de España, tuve un incidente grave. Un empleado de ventanilla metió la mano en la caja, en el "cajón del pan", como decía Melquíades Álvarez, y el suceso apareció en "Pueblo", en primera página. La gente del Banco empezó a asociar conmigo que se hubiera publicado aquello y se formó un tribunal que me costó un disgusto. Subí al despacho del jefe de operaciones, Raimundo Ortega, y le dije: "Mire usted, soy nieto, hijo y sobrino de funcionarios de esta casa. ¿Cree usted que yo sería capaz de hacer algo así? Ortega mando reabrir la investigación y resultó que el que había largado el caso era un miembro de la brigadilla de Interpol que había en el Banco para la cosa de delitos monetarios. El jefe de sucesos de "Pueblo", que era portugués, era muy amigo de éste de la Interpol, que se lo había contado».

l Tertulias y cameos. «Vivíamos la noche de Madrid. José Luis Balbín es un noctámbulo y Floro Negrín, el subdirector de "Pueblo", igual. Íbamos a Bocaccio, y María Asquerino, que entonces era la reina de la noche madrileña, tenía una mesa reservada que era como un palco con dos sofás y mesas. Allí nos sentábamos con los de la farándula, María, Paco Rabal, Mónica Randall, y directores y productores de cine. En el otro lado se sentaban socialistas como Solchaga, Belloc, Jerónimo Saavedra y Martínez Zato, que era secretario de Estado de Instituciones Penitenciarias, un cargo que tuvo después Mapi Felgueroso. Hacíamos tertulia entre todos. Había dos productores de cine, Luis Sanz y Eduardo Manzano, que hicieron aquellas películas horribles de los años setenta y ochenta, y Tito Fernández, que era de Muros de Nalón. Un día me ofrecen un cameo en una película, con Pilar Miró, en una escena de subasta de obras de arte en la que yo sólo tenía que levantar el bolígrafo para una puja. La película era "Gary Cooper, que estás en los cielos". Y en "La corte de Faraón", del productor Luis Sanz, hice de director de orquesta, y muy mal, porque nadie me dijo cómo hacerlo bien. Las pausas del rodaje eran larguísimas, en el teatro Martín, ya desaparecido, y durante ellas entablé cierta amistad con Fernando Fernán-Gómez. Tomábamos unas copas y él me decía: "Tú tienes un sueldo fijo y un trabajo en el Banco y no comprendo qué haces aquí con estos chiflados". En "Jarrapellejos" hice de notario, y fue muy fácil porque no tuve que memorizar nada, sino leer un testamento. La película la dirigía Antonio Giménez Rico, y con él participe en otras cinco. Floro Negrín le hizo a María Asquerino un libro de memorias y de la gente que aparecía en el índice onomástico casi todos habían sido amantes de ella, al menos ocasionales. Y salía yo también, con lo que me preguntaban qué era aquello. "No tengo nada que ver; nada erótico", les decía. El caso es que Asquerino se había casado con un bailarín argentino que había desaparecido y yo hice de testigo para ella en un proceso que le llevó Joaquinito Ruiz-Giménez».

l Jessica Lange, en Llanes. «En "Pueblo", además de la secretaría de dirección, tuve una sección semanal que se llamaba "En camisa de once varas". Era de opinión y tenía algo de paródica, como lo que había hecho tiempo atrás en LA NUEVA ESPAÑA. Dejé "Pueblo" y entré en el programa "La clave", con José Luis Balbín. Recuerdo las cenas previas, en las que los invitados al programa tenían prohibido hablar del tema del debate, porque entonces los demás veían por dónde iba cada cual. Entonces, entre invitado e invitado, se sentaba alguien del equipo y le daba conversación; y si eran extranjeros, se recurría a las azafatas traductoras. Vino en una ocasión Grande Covián, el asturiano, a un debate sobre comer o alimentarse.

Como no podía hablar de lo suyo, contaba el miedo tan enorme que pasaba cada vez que se montaba en avión, cosa que hacía muchas veces en aquel tiempo porque la Casa Blanca le había enviado a la India con motivo de una hambruna enorme. También hablaba de un hijo suyo, que luego estuvo casado con la actriz Jessica Lange, a la que yo conocí en topless en una playa de Llanes. Pero te sentabas con Marcello Mastroianni o con Liliana Cavani y no podías hablar de cine. Tenía que hablarles de toros, o de gastronomía, o de si habían ganado o perdido el Inter o la Iuventus. A los invitados no se les pagaba nada por el programa, pero sí el viaje, y además se les llevaba de excursión a Toledo, Segovia o Granada. Uno de los invitados fue el gran asesor financiero de Kennedy, John Keneth Galbraith, porque nos enteramos de que estaba esquiando en Suiza con su mujer, en 1978. Rafael Benedito, uno de los miembros del equipo, fue allí y habló con la esposa. Le dijo que ya estaba bien de pasar frío en Suiza y que vinieran unos días a España. Cuando Galbraith terminó de esquiar aquel día, su mujer lo convenció de inmediato. Quedó encantado y a mí me dedicó un libro suyo, que yo guardé en el cajón del Banco para presumir, o por si algún jefe me decía algo, para replicarle: "¿Usted, con quién cree que está hablando? Mire quién me dedica sus libros"».

l La tía ciega de Carrillo. «En "La clave" conocí por primera vez a Santiago Carrillo, con el cual me sigo llevando muy bien, y durante años hemos coincidido cuando la alcaldesa Mapi Felgueroso nos invita al fallo del premio "Café Gijón". El día que estuve con Carrillo la primera vez se lo dije a mi madre. "Pues espera, que te voy a contar una cosa", me dijo ella. En la ocasión siguiente que vi a Carrillo le dije: "Tú tenías una tía que era invidente y que se llamaba Iluminada". "¿Cómo puedes tú saber eso?", me replicó. La historia era que mi madre, hija de un tornero del Ferrocarril del Langreo, vivía en El Llano, en Gijón, cerca del padre de Carrillo, Wenceslao, que trabajaba en la fábrica de Orueta, si no recuerdo mal. Las madres de la zona, mientras preparaban la comida o cosas así, llevaban a sus hijos con un sillina pequeña y los sentaban en el patio alrededor de Iluminada, la ciega, que les contaba cuentos e historias».

l Confidenciales y corazón. «En "La clave" estuve hasta 1986, hasta aquel programa sobre la OTAN que hicimos en el hotel Palace, porque nos prohibieron hacerlo en TVE. Luego, José Luis Balbín pasó a Antena 3 con "La clave" y ya no fui con él; era mucho trajín. Me jubilé en el Banco de España el último día de 1986, y me casé con Lola Ortiz, ovetense, en 1987. Cuando UCD llevaba la gobernanza de este país, un grupo de comunicadores (Jesús Hermida, Pepe Cavero, mi hijo Lalo, Luis Artime y Angelines Riaza) inventaron un boletín informativo de gran éxito que se llamó "Papeles Confidenciales". Lo frecuenté bastante en la calle Bretón de los Herreros, y dejé de ser allí el chico de los recados para convertirme en el abuelo Ladis. Allí nació Estudio de Comunicación, y se fueron a una mansarda frente al Retiro. Se incorporó Benito Berceruelo, compañero de estudios de mi hijo Manolo. Había un despacho para todos. Ahora ocupan tres plantas entre la Bolsa y el hotel Ritz y tienen delegaciones en Lisboa, Buenos Aires y Santiago de Chile. No lo frecuento, pues está lleno de instrumental que odio: ordenadores, escáneres, "blackberries"... Por meterme en camisa de once varas, sufrí dos infartos y tuve que ponerme en manos de un "crack" de la cardiología europea que me salvó la vida: el doctor y profesor Carlos Macaya. Es vecino mío y estoy esperando que cualquier día venga a casa; y si me dice: "¿por qué no nos fumamos un par de cigarrillos y nos tomamos un trago?" es que me está anunciado que ya estoy en el corredor de la muerte. Confío en que llegue a conocer a mi bisnieto, que se va a llamar Pablo, como aquel que se cayó del caballo en el camino de Damasco. En el testamento dejo a Pablo de Arriba mi máquina de escribir, que compré en una subasta celebrada en Atapuerca. Se va a desternillar de risa al verla. Hasta que ese día llegue, seguiré al cuidado de dos mujeres que me quieren tanto, Lola y Cristina, pero que me enfurecen cuando revuelven en el "zulo" que me sirve de escritorio y descubren entre papeles y libros tabletas de chocolate prohibido por el "crack" de la cardiología. Gracias por haberme atendido».

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