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El convento de los políticos

La arquitecta Leticia Llaneza estudió seis siglos de historia del monasterio de San Francisco, antecedente del Palacio regional

06.12.2015 | 04:27
Leticia Llaneza.

El Palacio de la Junta General del Principado es joven; apenas un siglo. A simple vista sus formas un tanto recargadas animan al visitante a echarle más años de los que tiene. Es construido en 1910 para albergar la Diputación Provincial. Palacio de gestión política levantado sobre el solar que durante 665 años fue iglesia, monasterio franciscano, camposanto y, en su última fase, terreno baldío en medio de una ciudad que crecía y ensanchaba.

La arquitecta Leticia Llaneza Granda fue ayer de las primeras visitantes en la jornada de puertas abiertas del palacio de la Junta General. Conoce bien el edificio, pero conoce aún mejor su antecedente: el convento de San Francisco, con su monumental iglesia de la que quedan testimonios gráficos. Fue derribada en 1903, y la piqueta puso aquel año fin a más de seis siglos de historia de la ciudad.

El estudio sobre San Francisco de Oviedo es el trabajo fin de máster de Rehabilitación Arquitectónica de la gijonesa Leticia Llaneza (1983). Su tutor, el catedrático de Composición Arquitectónica en la Escuela Superior de Arquitectura de La Coruña, José Ramón Soraluce, fue quien le puso en la pista del viejo convento ovetense y de la necesidad de profundizar en su conocimiento.

Ciudad nueva

Siglo XIII. La ciudad se mueve. "La extensión del espacio urbano extramuros ya se manifiesta en Oviedo desde principios de siglo". La ciudad ya ha alcanzado ciertas cotas de crecimiento y se convierte en punto de interés para la comunidad franciscana.

Llaneza apunta a que aquellos primeros monjes establecidos en Oviedo pudieron haberse refugiado en una pequeña ermita, la de Santa María. En 1240 los frailes ya tienen su primera sede estable en la zona de huertas conocida como El Campo (no es casualidad que el Campo de San Francisco se llame así: "campo" y no "parque").

"El primer templo franciscano debió de ser muy sencillo, pequeño y funcional, de una única nave, cubierta con techumbre de madera a dos aguas", cuenta. Muy austero, como corresponde a la filosofía de la Orden.

Y desde ese momento el convento de San Francisco no hizo más que crecer hasta que el abandono y la especulación se lo llevó por delante. En el siglo XIV el templo se amplia. En el siglo XVI el monasterio ya cuenta con un claustro de grandes dimensiones. Un siglo más tarde ya hay un segundo claustro, con segunda planta donde se instalan las celdas individuales de los frailes (hasta aquel momento eran dormitorios comunes), con hospedería y refectorio.

Un estorbo

En el siglo XVIII, ya con la ciudad en plena eclosión urbanística, el viejo convento que nació alejado del núcleo local, se convierte en pieza fundamental de un nuevo centro. Al convento se le adosan capillas y se abre una enfermería,

"Cuando se consolida el eje Uría-Fruela el monasterio se ve abocado a su desaparición porque aquel solar inmenso comienza a condicionar el crecimiento de la ciudad", explica Leticia Llaneza. De hito urbano a estorbo.

La Desamortización vino a ser el acelerón del final del viaje. Con el paso de los años parte de las instalaciones son derribadas, otros encuentran distintos usos. Fue escuela y Museo Arqueológico. En sus huertas la Universidad instaló un jardín botánico. El perímetro del monasterio era enorme y en él se localizaban dos cementerios. Ocupaba parte de las actuales calles de Suárez de la Riva, Principado y Cabo Noval, y un extremo de la plaza de La Escandalera.

"Del complejo conventual solo quedó en pie, hasta 1903, la iglesia, cuyo ábside daba para la actual calle de Fruela. "En aquella iglesia, cuyo ábside tenía cierto parecido con el de la catedral, comienzan a aparecer grietas y se generan dudas sobre su estabilidad". La coartada perfecta para borrarla del mapa.

-¿A usted le gusta el palacio de la Junta General?

-Poco. Es demasiado ostentoso. Me gustaría algo más libre de tanto adorno superfluo.

Los visitantes que estos días entran en el palacio regional en las jornadas de puertas abiertas pueden acceder a un audiovisual en el que se recoge esquemáticamente parte del trabajo de Leticia Llaneza, donado en su día al RIDEA en agradecimiento por la colaboración prestada por el Real Instituto. Agradecimiento que hace extensivo a los responsables de la biblioteca de la Junta General. "Ojalá esto sirva para que se despierte el interés", dice Llaneza, por un edificio que fue historia centenaria de Oviedo.

La Junta General estará abierta al público hoy, mañana y pasado mañana desde las diez y media hasta las dos de la tarde, y desde las cuatro y media de la tarde a las siete. Están programadas cinco visitas guiadas en cada uno de los días.

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