13 de junio de 2016
13.06.2016
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El Ministerio ha intervenido en 453 hectáreas para plantar arandaneras

13.06.2016 | 01:39

En estos seis últimos años, la Fundación Biodiversidad ha intervenido en 453 hectáreas para mejorar el hábitat del urogallo. Los mayores esfuerzos se han concentrado en la plantación de arandaneras, que son su principal fuente de alimentación. "Estos árboles constituyen una pieza clave en la conservación de la especie. Estas aves comen sus hojas, sus tallos y sus frutos. Y además las crías se alimentan de los insectos que abundan en las semillas", comenta Luis Robles, coordinador del proyecto "Life +".

El éxito de este tipo de actuaciones es rotundo, pues como se ha demostrado en las parcelas de seguimiento, las plantas libres del ramoneo -es decir, de ciervos- crecen al mismo ritmo que a las que tienen acceso otros animales. "La gestión va en la buena dirección y tenemos la esperanza de que crezcan pronto hasta la altura de las rodillas. Es el nivel óptimo para que el urogallo se pueda camuflar entre los arbustos mientras come", agrega Robles. Porque ahora mismos, osos y jabalíes se meriendan ejemplares con total facilidad.

El Ministerio de Agricultura también ha emprendido en estos años acciones para reducir las amenazas no naturales del urogallo. Por ejemplo, la soterración de dos líneas eléctricas en una de las zonas con mayor número de aves en el pasado, ubicada en el puerto de Panderruedas. "Una suministra energía a todo el valle de Valdeón y la otra corresponde con la presa de Cordiñanes. Aquí había antes hasta nueve cables. Se soterraron porque de noche el urogallo no los ve y puede morir por colisión", explica Luis Robles en un espacio vacío de árboles. En la zona se han comenzado a plantar frutales. "Tenemos que pensar que todas las actuaciones que hemos hecho a favor del urogallo sirven para otras especies y protege a los montes frente a los incendios. No es dinero perdido", insiste.

En cambio, el balance del centro de cría de Sobrescobio no es tan positivo, pues de cinco hembras liberadas al medio natural, sólo una sobrevive pocas semanas después de su suelta. Las críticas al proyecto vienen precisamente de este lado: ¿Cómo un ejemplar cautivo va a sobrevivir si están muriendo los salvajes? Ignacio Torres responde tajante: "El urogallo merece todos los esfuerzos y eso incluye la cría en cautividad ".

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