09 de septiembre de 2016
09.09.2016
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El Arzobispo pide "convivencia" y "respeto" frente a "quien molesta con sus crispaciones"

Sanz Montes apela al compromiso de todos, "cada cual desde su ladera y conciencia", para lograr una sociedad "menos infeliz, fratricida e injusta"

09.09.2016 | 03:43
El Arzobispo pide "convivencia" y "respeto" frente a "quien molesta con sus crispaciones"
El arzobispo Sanz Montes saluda a Javier Fernández en presencia de Guillermo Martínez, consejero de Presidencia (a la izquierda), y Gabino de Lorenzo, delegado del Gobierno (en segundo plano, entre el Presidente y el Arzobispo).

"Misericordia". Esta es la medicina que ayer recetó en Covadonga el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, para curar a una sociedad "sin entraña, insolidaria y fratricida", afectada por males tan profundos como las guerras o "la corrupción política y financiera". Una misericordia que, según precisó el prelado, debe traspasar el ámbito corporal a través de "obras espirituales" que permitan "testimoniar un talante de convivencia hondamente fraterna y cristiana, que sabe del respeto sin dejarse arrastrar por quienes molestan con sus crispaciones y provocaciones". Y "misericordia", también, para lograr "una sociedad que no juega con ideologías nocivas en torno a un género que destruye y maquina", añadió el titular de la Diócesis.

El "llanto mudo" del pequeño Omran Daqneesh, "símbolo del horror en Siria" al ser rescatado cubierto de sangre y polvo tras un bombardeo en Alepo, y "los gritos" del silencio de Giuliana, la niña italiana de ocho años de edad que pasó 17 horas bajo los escombros de su casa de Amatrice destruida en el terremoto del mes pasado, fueron los ejemplos con los que Sanz Montes puso "inocente" rostro infantil a las "incoherencias" del mundo. Mejorarlo, aseveró, es un "compromiso" que implica al conjunto de la sociedad, sin distinción de ideologías o creencias. "Todos estamos llamados para construir, cada cual desde su ladera y conciencia, algo que sea verdadero, que acerque la justicia, la felicidad y la fraternidad en un mundo demasiado injusto, infeliz, fratricida y huérfano", subrayó el prelado durante su homilía en la misa de la festividad de la Santina, celebrada a mediodía en la basílica de Covadonga con la asistencia del obispo de Santander, Manuel Sánchez Monge.

Sentados en primera fila, escucharon a Sanz Montes el presidente del Principado, Javier Fernández; el presidente de la Junta General, Pedro Sanjurjo, y el delegado del Gobierno en Asturias, Gabino de Lorenzo. Los tres encabezaron una amplia delegación institucional y política en la que no se vio a responsables autonómicos de Podemos, Ciudadanos o Izquierda Unida (IU). Fernando Goñi, secretario general del partido, representó al PP, y Cristina Coto, presidenta, hizo lo propio con Foro.

Sanz Montes cargó en su discurso contra la violencia y el "absurdo de la guerra de Siria, "que no sirve para nada y para nadie". También contra la podredumbre moral del terremoto de Italia, con "las comedias de la corrupción política y financiera que mercadea con la seguridad de unos edificios para sacar tajada".

Tras la misa y la ofrenda del "ramu", a cargo de vecinos de Bimenes, dio comienzo la procesión que condujo a la Santina desde la basílica a la Cueva, coincidiendo con unos minutos en los que cesó el intenso orbayu que cayó durante toda la mañana sobre Covadonga y que restó fieles a la celebración, aunque la basílica estuvo abarrotada durante la misa. El Arzobispo reconoció que llegó a pensar en suspender la procesión. Fue el consejo de un monaguillo, aseguró, lo que disipó cualquier sombra de duda: "Hay que ser paisanos y salir".

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